martes, 18 de junio de 2013

L'être

¿Por qué buscamos esa opinión? Ese extremo, intachable, pedante y bukowskiano punto de vista sobre temas de opinión... Porque no es más que eso, opinión. La sabiduría está en la conciencia de la ignorancia sobre todos esos temas. El mundo de la mera doxa, propuso Parménides, no pertenece al Ser. Porque sobre lo que no se puede decir nada seguro, o sea, sobre lo que se puede decir cualquier cosa, no pertenece precisamente a una categoría ontológica.

Pero ¡Atención! En la morada del Ser, no nos podemos refugiar. Todos tenemos una parte superficial que también debemos defender, una opinión razonable, que irá cambiando con el curso de los acontecimientos y la madurez de la persona. Debemos procurar los argumentos más sutiles y realistas que conozcamos para que nuestro entendimiento no alcance la pobredumbre. Se lo debemos, pues, a nuestra condición de seres - que - se - hacen: aunque no lo vea, el darse de mi persona, el existir, es mucho más valioso que todo lo que me rodea a diario. Otra cosa, como un idioma bien aprehendido, que permanece en la superficie del inconsciente para ser sacado rápidamente cuando lo necesitamos. Otro hábito que sostenemos con el paso de los años y que, por desgracia, desde que dejamos la infancia tocamos poco. Como decía Savater en Ética para Amador, de pequeños todos somos filósofos, pero una persona mayor conformista, quemada que nos acompaña, entonces "agüafiestas" o "cortarrollos", nos la decapita: "Eso ya cuando seas mayor".
Nos acostumbramos a mirar hacia fuera, cuando lo realmente importante -que sí, que está ahí delante- es no olvidarse de que hay que mirar con los ojos del alma o del corazón. "On ne connait qu'avec le coeur, l'essentiel est invisible aux yeux" - Antoine de Saint Éxupery - Le Petit Prince. ¡Perdemos esa facultad! Nos rendimos a la hija sociedad y olvidamos a la madre naturaleza, que nos grita: ¡Siente! ¡Ama! ¡No te olvides de tí!

Hay tanta poesía en este mundo, que a veces... duele, como decían en American Beauty. ¿Qué es lo que duele de la belleza? Su solitaria contemplación. Igual algún día experimente la belleza en colectividad, pero en esta disminuida sociedad en la que vivo, presa de su zona de confort y de la moda de la filosofía fría, de momento la belleza queda como algo que afecta al Ser en su intimidad más pura. Una intimidad nunca antes expuesta, puesta-ahí, être-là. Eres tú frente a la belleza, la parte más íntima de tu persona frente a algo bello. Pero, en seguida, cuando estás disfrutandolo, aparece el vástago social: "¿Qué haces? ¡No la mires! ¡No te dejes hipnotizar! ¡Espabila! ¡¿Qué haces mirando al vacío?! ¿Qué contemplas en el horizonte? Ahí no hay nada! No hay dinero, no hay éxito... Ahí se debe imponer el ser: ¡Pero hay lágrimas! ¡Hay llanto! ¡Hay un SÍ a la exposición frente al infinito dolor, el infinito llanto, o la infinita risa cósmica! Hay un eterno sí a la vida más grande que su enloquecido poeta abraza - caballos*. ¿Y a quién no le quedaría grande hacer tal proeza? Matar a la metafísica y después que ésta resurja de sus cenizas en forma alegórica. Oh, Friederich, mi verdadero amor, cómo abrazas la filosofía, y cómo la llevas a cabo en la vida -en la verdadera vida, en ese mundo de sombras y luces metafísicas que hoy se nos aparenta fantasioso y artístico-, eres una lágrima en un chupito de vodka. Eres mis lágrimas ahora mismo, mi sangre y mi felicidad, mi dolor favorito.

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*Se cuenta que Nietzsche, estando fuera de su cordura pero no aún en su senilidad, pues escribió entonces aún obras importantes, abrazó solemnemente a un caballo en la vía pública, por lo que lo detuvieron. Lo que darían muchos hoy por ser ese caballo.

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