Soy un hombre de extremos.
Persigo el cobijo bajo una teoría universalmente cierta
Y a la vez huyo de todo esto, regocijándome en mi transvaloración nietzscheana.
Lo que hago está bien, porque lo hizo X, quien era considerado un hombre bueno.
Lo que hago está bien, porque creo en la infinita capacidad del ser humano de estirar su concepto de bien.
Soy un hombre contradictorio. Porque busco la unidad.
Soy un hombre contradictorio, porque busco la unidad extrema, busco hacer siempre el bien. Eso no es posible, por lo que me engaño, y llamo bien tanto a lo que está bien a primera vista como lo que está bien tras un largo proceso dialéctico.
Esto no es unidad, pienso. Unidad es llamar bien a una cosa. El eterno sí a la vida de Nietzsche no es un sí a todo. Incluso él, locuelo, trágico, dionisíaco y apolíneo, báquico y templado, poeta y filósofo, deshecha ciertas cosas. Yo me relativizo frente al momento, me elimino frente a cualquier sí. Tanto da. Disfrutar, es lo importante. El hedonismo sin censura, ese soy yo. Mis principios son los mismos que mis finales, o distintos, no importan, siempre ir más allá. Hacia lo desconocido, hacia lo oscuro, hacia allí siempre me tuerzo.
De lo que no sabes, no hables. En lugar de aprender esto, a no hablar, aprendo a saber, para poder hablar. Pero ¿qué se? ¿A dónde irán a parar todas las preguntas que me hice?
Soy un hombre contradictorio, digo, con el peso de una cruz católica a la espalda, y con el demonio del extremo siempre en el centro de mi cerebro.
Soy... tantas cosas. Pero esto es sólo pereza. Soy mil personas. Soy mil palabras, mil y una experiencias, mis megustas, mis caricias, mis trampolines a otras realidades, mis bailes con el viento, y soy la palabra, y también la experiencia, soy el gusto, la caricia, el trampolín a la única realidad, y soy el baile eterno con lo uno. Soy lo uno y soy lo múltiple. Soy lo recto y lo torcido, la mezcla de esta explosiva sociedad. Soy el resultado de todo lo que he vivido, pero lo que he vivido es más viviré que vivido. Soy una depresión terrible que acecha bajo tu pupitre, esperando el mejor momento para escabullirme, porque a nadie puedo, ni nadie puede, explicarle, o entenderme, nadie puede, nadie puede...
Soy cien por cien materia, quizás la definición más generalizada que pueda hacer. Soy tripas, vísceras y huesos duros de roer. Soy lánguido, viscoso y arremolinado. Pero también erguido, erecto, determinado, decidido. Soy relativista, tanto que soy un hombre de principios, pero sólo a veces.
Soy un amante de la astronomía que conecta tus constelaciones de lunares, y del patrón que recorre los lugares favoritos donde posar mis labios. Soy un enamoradizo de la física cuántica de tus movimientos subatómicos. No deja de impresionarme la verdad a todos los niveles. Pero primero hay que encontrarla a algún nivel. No puedo parar, no puedo parar.
Llevo años sin parar en ningún lado.
No encuentro
mi cobijo definitivo
ni donde dicen que cobija
ni donde dicen que no
No encuentro nada
Será que busco mal
Será que ni siquiera sé lo que busco
Pero ¿por qué habría si quiera de buscar algo?
Cuando lo que más deseo en este mundo es ser encontrado.
Pero también quiero ser agissant, puissant, quiero mover el mundo.
Quiero cambiarlo todo, pero siempre desde mi cómoda silla.
Porque el cambio debe ser algo muy diferente fuera de mi cabeza.
Como todo.
Sí, nada es lo que parece, y echo de menos aquél brillo que tenía la realidad,
cuando buscaba el sentido de las cosas de fuera,
y desconocía que hubiera siquiera cosas aquí adentro.
Pero aquí dentro, amigo, aquí dentro... se encuentra el universo entero.
Alicia muchas veces habrá podido ver a un gato sin sonrisa, pero nunca a una sonrisa sin gato. "Siempre llegarás a alguna parte si caminas lo bastante". El gato de Cheshire.
miércoles, 20 de marzo de 2013
L'harmonie préétablie.
Hay gente que promulga, masturbándose mentalmente merci de una idea de armonía preestablecida, que aquellas personas que entran en nuestra vida están ahí porque tienen algo que enseñarnos. Pero es harto acojonante, pues hace referencia, a la par, a un mecanicismo, a un racionalismo y una suerte de buddhismo. "Si ese al que llamamos enemigo, tras un largo tiempo sigue en nuestra vida, es por una razón. Esa razón es que tiene algo que enseñarnos, que puede ser la paciencia, o la tolerancia, o incluso a ver el mundo con unos ojos que considerábamos inferiores". Esto, adornado par moi-même para que no parezca demasiado cursi, es interesante. Démosle la vuelta entera y abracemos a la madre razón, pues la verdad, como decía Zubiri, es hija del error.
Alors, no es que estas personas decidan encontrarnos a nosotros, y digan "hasta que no te aprendas la lección no te pongo la maquinita". Para mí, y siendo consciente de que me pueden tachar de místico, gurú, quiromante, whatever, hay una cosa que se llama inconsciente colectivo y que, si bien no creo que se use mucho para esta explicación de las relaciones humanas, a mí me viene al pelo y, pourtant, prostituyo el término. Cifremos las cualidades humanas en 100, por ponerle un número finito, manejable, a sabiendas de que serán millones. A mi parecer, yo tengo 4 cualidades. Soy introvertido, y educado, pero también tacaño y desconfiado. No van a hacerse amigos míos tres colegas que tengan mis cualidades positivas, y luego habrá un capullo en el grupo que me caiga mal y sea un hombre confiado en exceso.
Resulta que yo, cuando estoy positivo, veo en los demás mis, sobre todo mis, cualidades positivas. Sucede lo propio con las negativas, a saber, que las proyecto en los demás. Esto viene de lejos, y aquí creo haberme dado cuenta de una base importante de las primeras relaciones sociales adultas. Realmente es psicológico. Llegué a pensar incluso que todos tenemos esas 100 cualidades, pero según con quién estemos y nuestro estado de ánimo, vemos unas aptitudes o cualidades u otras. Pero el hombre es animal de costumbres, y solemos pasar más tiempo con aquellos con quienes encajamos, y es por ello que es innegable que no todos tenemos las mismas 100 cualidades por naturaleza. ¿Pude ser yo otro? Me pregunto a menudo. Me falta crítica ajena si me pregunto esto aún. Aunque por dentro sea distinto, los demás seguirán viendo en mí los mismos patrones de conducta, eso lo tengo claro.
Creo que hay un magnetismo que mueve el inconsciente colectivo y que nos hace chocarnos, cuales partículas imantadas -o bajo el influjo de la gravedad- que chocan contra una pared mientras se desplazan hasta dar con su grupo y colarse por el agujero; pero por mucho que crea que de pequeños hacemos grupos así, rechazando a los grupos con los que no "encajamos" (o en nuestro feedback no tenemos una energía positiva y negativa, en definitiva, que nos atraiga).
Podría racionalizar todo esto y explicarlo de forma sencilla. De pequeños no pensamos en juntarnos con el que nos va a dar más estabilidad emocional ni mayores beneficios. Nos juntamos con el que nos otorgue una escala de popularidad mayor dentro de nuestra sociedad preescolar, nuestra pequeña sociedad.beta. Si todo el mundo admira a Pepe, yo haré lo que hace Pepe. Y me juntaré con Pepe y haré como sus amigos.
Cuando crecemos, no obstante, podemos elegir cambiar en función de nuestra educación, nuestro desarrollo como persona, y ver que no quiero ser en realidad como Pepe, pues nunca me cayó bien... o bien puedo pensar, por costumbre (me gusta definir la costumbre como mala memoria), que estoy con ellos por alguna razón, y que como tenemos una historia detrás he de seguir con él porque no tengo nadie más. Lo cual no es más que miedo a abrirse a gente nueva. Cuando no está Pepe te falta una parte de ti, porque tú sólo eres tú cuando estás con Pepe. Poca gente se da cuenta de esta división del yo, ¿verdad Karl Jung?
De l'autre côté, también creo en la sinrazón de la razón. A veces, cuando uno está al borde de la locura, o al menos cree estarlo, puede cometer el error de pensar que si racionaliza el mundo recuperará la cordura o volverá a estar en contacto con su yo tal como lo estaba en la infancia. Esto, sin embargo, no es necesariamente así. Quizás incluso la locura esté en pensar que entendiéndolo todo se es más cuerdo, quizás el cuerdo sepa que hay cosas que nunca llegará a saber.
Alors, no es que estas personas decidan encontrarnos a nosotros, y digan "hasta que no te aprendas la lección no te pongo la maquinita". Para mí, y siendo consciente de que me pueden tachar de místico, gurú, quiromante, whatever, hay una cosa que se llama inconsciente colectivo y que, si bien no creo que se use mucho para esta explicación de las relaciones humanas, a mí me viene al pelo y, pourtant, prostituyo el término. Cifremos las cualidades humanas en 100, por ponerle un número finito, manejable, a sabiendas de que serán millones. A mi parecer, yo tengo 4 cualidades. Soy introvertido, y educado, pero también tacaño y desconfiado. No van a hacerse amigos míos tres colegas que tengan mis cualidades positivas, y luego habrá un capullo en el grupo que me caiga mal y sea un hombre confiado en exceso.
Resulta que yo, cuando estoy positivo, veo en los demás mis, sobre todo mis, cualidades positivas. Sucede lo propio con las negativas, a saber, que las proyecto en los demás. Esto viene de lejos, y aquí creo haberme dado cuenta de una base importante de las primeras relaciones sociales adultas. Realmente es psicológico. Llegué a pensar incluso que todos tenemos esas 100 cualidades, pero según con quién estemos y nuestro estado de ánimo, vemos unas aptitudes o cualidades u otras. Pero el hombre es animal de costumbres, y solemos pasar más tiempo con aquellos con quienes encajamos, y es por ello que es innegable que no todos tenemos las mismas 100 cualidades por naturaleza. ¿Pude ser yo otro? Me pregunto a menudo. Me falta crítica ajena si me pregunto esto aún. Aunque por dentro sea distinto, los demás seguirán viendo en mí los mismos patrones de conducta, eso lo tengo claro.
Creo que hay un magnetismo que mueve el inconsciente colectivo y que nos hace chocarnos, cuales partículas imantadas -o bajo el influjo de la gravedad- que chocan contra una pared mientras se desplazan hasta dar con su grupo y colarse por el agujero; pero por mucho que crea que de pequeños hacemos grupos así, rechazando a los grupos con los que no "encajamos" (o en nuestro feedback no tenemos una energía positiva y negativa, en definitiva, que nos atraiga).
Podría racionalizar todo esto y explicarlo de forma sencilla. De pequeños no pensamos en juntarnos con el que nos va a dar más estabilidad emocional ni mayores beneficios. Nos juntamos con el que nos otorgue una escala de popularidad mayor dentro de nuestra sociedad preescolar, nuestra pequeña sociedad.beta. Si todo el mundo admira a Pepe, yo haré lo que hace Pepe. Y me juntaré con Pepe y haré como sus amigos.
Cuando crecemos, no obstante, podemos elegir cambiar en función de nuestra educación, nuestro desarrollo como persona, y ver que no quiero ser en realidad como Pepe, pues nunca me cayó bien... o bien puedo pensar, por costumbre (me gusta definir la costumbre como mala memoria), que estoy con ellos por alguna razón, y que como tenemos una historia detrás he de seguir con él porque no tengo nadie más. Lo cual no es más que miedo a abrirse a gente nueva. Cuando no está Pepe te falta una parte de ti, porque tú sólo eres tú cuando estás con Pepe. Poca gente se da cuenta de esta división del yo, ¿verdad Karl Jung?
De l'autre côté, también creo en la sinrazón de la razón. A veces, cuando uno está al borde de la locura, o al menos cree estarlo, puede cometer el error de pensar que si racionaliza el mundo recuperará la cordura o volverá a estar en contacto con su yo tal como lo estaba en la infancia. Esto, sin embargo, no es necesariamente así. Quizás incluso la locura esté en pensar que entendiéndolo todo se es más cuerdo, quizás el cuerdo sepa que hay cosas que nunca llegará a saber.
jueves, 24 de enero de 2013
E2. Erasmus Deuxième partie.
Llegar a Montpellier otra vez. La luz, más fuerte que la de Málaga. El clima más vasto, más enérgico. Desaparece gradualmente la brisa marina malagueña que te acaricia, te cansa, suaviza hasta las vivencias y emociones. Todo parecía más calmado, y yo venía viéndolo todo con ojos abiertos y preparados a ver más de lo que hay. Llego a la Place de la Comédie, a media tarde. El tiovivo, la fuente, y el tranvía de floripondios. Ya no me pierdo camino a la residencia. ¿Qué aprendí el semestre pasado?, me preguntaba mientras recordaba las paradas de memoria, en voz baja al unísono con la francesa que está dentro del altavoz de cada tranvía, mirando por la ventana, recordando cada rincón, cada alcantarilla, cada patisserie...
Aprendí un tercer idioma. Es muy distinto que el segundo. Ahora reflexionas sobre cómo aprendes otro idioma, vas más allá del mero hecho de aprender palabras y encadenarlas. Te fijas en lo humano. Tu forma de hablar se conforma en torno al rol de aquellas personas con las que hables más en francés. Cuando piensas en francés, lo haces a través de sus ojos, sus gestos y sus palabras. Te tomas sus pausas, y vives un poco su vida, a través de sus muletillas. Aprendemos por imitación a hacer algo por primera vez, como de la araña el tejer o del tejón el escavar.
Aprendí sobre la personalidad francesa. No hay que ser un genio para notar que su idioma y su forma de ser van de la mano. Cuidan mucho el esteticismo en el lenguaje. Da igual que sobre una palabra si queda bonito, da igual que no haya que decir "En fait" -de hecho-, para decir "Il est cinc heures et démi", siempre y cuando quede bien porque es un "en" con fonema nasal y una t suave al final, rozada, sensual, como su manera de vestir, como su comida, sus fonemas otra vez... El día menos pensado me excita un croissant. Les gusta el tabaco de liar porque es más sabroso y tiene su estilo retro, no porque sea más barato. No son muy diferentes, tienen sus defectos, pero en cuanto a la universidad, por ejemplo, saben hacerlo bien. Los alumnos se duermen en clases de 12 personas en su tercer -y último- año de carrera. Y nobody cares. La gente mete perros y bicicletas en el tranvía. Y nobody cares. Y un vagabundo pasa a las 12 de la noche al lado de un coche de policía, con el perro suelto y gritándome a mí, en la acera de enfrente, que si quiero "oro" (imagino que brown sugar). Y nobody cares. Me avisaron de que el país era liberal, y la verdad es que aquí noto que la gente juzga menos. Hay un chaval en mi clase al que habrían apedreado por pedante y teólogo hasta los más civilizados en el último curso de máster. Tiene una constante dialéctica con el profesor, por lo que no levanta la mano, y corrige al profesor cada vez que habla sobre Santo Tomás, San Agustín, Guillermo de Ockham o algún otro erudito reprimido.
Puedes tardar horas en terminar una conversación que empieza por "ça va?". Me recuerda a cuando suena un graznido de gaviota y le sigue otro, y luego otros dos, y luego cinco a menor distancia en el tiempo, y así hasta que resulta una infinidad de çavaes sin comienzo ni fin, superponiéndose, peleándose, graznando.
Ponen dispensadores de colonia en los cuartos de baño de cualquier gasolinera de extrarradio, los contratos de compañías telefónicas cuestan una cuarta parte; la carrera universitaria, menos la mitad; siendo estudiante -no sobrevives- vives por 500€ al mes. La publicidad agresiva on - line no te deja respirar, y en consecuencia la tentación de tirar el portátil por la ventana aumenta exponencialmente. Las chicas son guapísimas, y van con tacones de aguja no sólo a la biblioteca en época de exámenes, sino a clase un miércoles. Hacen botellón con zumos en vez de fanta o cocacola, y no te ponen sellos en las discotecas (por lo que luego no puedes salir, sino es para no volver).
He visto chicas paseando ratas en su escote por la calle... sip, más de una. He visto gente haciendo yinkanas en mitad de la rue, au centre ville, vestidos y pintados de un color enteros, y luego corriendo como descosidos. He visto conciertos gratis, y conciertazos tirados... mañana viene Fat Joe, famosísimo rapero estadounidense, por 15€ en la taberna de mala muerte donde la semana pasada me tomé una cerveza como si nada. En noviembre vino Vil Evans con su saxo, a provocar orgasmos en directo por 10€. Y en enero vine yo, con ganas de desayunar fajitas contigo, despertarme de pesadillas de madrugada y hacerte el amor, y volver a escuchar a mis profesores divagar sobre cuestiones que yo creía ya superadas... pero no. Sobre lo más estúpido se puede pensar más de una estupidez. Y sobre los más estúpidos, se puede escribir más de una estupidez.
Aprendí un tercer idioma. Es muy distinto que el segundo. Ahora reflexionas sobre cómo aprendes otro idioma, vas más allá del mero hecho de aprender palabras y encadenarlas. Te fijas en lo humano. Tu forma de hablar se conforma en torno al rol de aquellas personas con las que hables más en francés. Cuando piensas en francés, lo haces a través de sus ojos, sus gestos y sus palabras. Te tomas sus pausas, y vives un poco su vida, a través de sus muletillas. Aprendemos por imitación a hacer algo por primera vez, como de la araña el tejer o del tejón el escavar.
Aprendí sobre la personalidad francesa. No hay que ser un genio para notar que su idioma y su forma de ser van de la mano. Cuidan mucho el esteticismo en el lenguaje. Da igual que sobre una palabra si queda bonito, da igual que no haya que decir "En fait" -de hecho-, para decir "Il est cinc heures et démi", siempre y cuando quede bien porque es un "en" con fonema nasal y una t suave al final, rozada, sensual, como su manera de vestir, como su comida, sus fonemas otra vez... El día menos pensado me excita un croissant. Les gusta el tabaco de liar porque es más sabroso y tiene su estilo retro, no porque sea más barato. No son muy diferentes, tienen sus defectos, pero en cuanto a la universidad, por ejemplo, saben hacerlo bien. Los alumnos se duermen en clases de 12 personas en su tercer -y último- año de carrera. Y nobody cares. La gente mete perros y bicicletas en el tranvía. Y nobody cares. Y un vagabundo pasa a las 12 de la noche al lado de un coche de policía, con el perro suelto y gritándome a mí, en la acera de enfrente, que si quiero "oro" (imagino que brown sugar). Y nobody cares. Me avisaron de que el país era liberal, y la verdad es que aquí noto que la gente juzga menos. Hay un chaval en mi clase al que habrían apedreado por pedante y teólogo hasta los más civilizados en el último curso de máster. Tiene una constante dialéctica con el profesor, por lo que no levanta la mano, y corrige al profesor cada vez que habla sobre Santo Tomás, San Agustín, Guillermo de Ockham o algún otro erudito reprimido.
Puedes tardar horas en terminar una conversación que empieza por "ça va?". Me recuerda a cuando suena un graznido de gaviota y le sigue otro, y luego otros dos, y luego cinco a menor distancia en el tiempo, y así hasta que resulta una infinidad de çavaes sin comienzo ni fin, superponiéndose, peleándose, graznando.
Ponen dispensadores de colonia en los cuartos de baño de cualquier gasolinera de extrarradio, los contratos de compañías telefónicas cuestan una cuarta parte; la carrera universitaria, menos la mitad; siendo estudiante -no sobrevives- vives por 500€ al mes. La publicidad agresiva on - line no te deja respirar, y en consecuencia la tentación de tirar el portátil por la ventana aumenta exponencialmente. Las chicas son guapísimas, y van con tacones de aguja no sólo a la biblioteca en época de exámenes, sino a clase un miércoles. Hacen botellón con zumos en vez de fanta o cocacola, y no te ponen sellos en las discotecas (por lo que luego no puedes salir, sino es para no volver).
He visto chicas paseando ratas en su escote por la calle... sip, más de una. He visto gente haciendo yinkanas en mitad de la rue, au centre ville, vestidos y pintados de un color enteros, y luego corriendo como descosidos. He visto conciertos gratis, y conciertazos tirados... mañana viene Fat Joe, famosísimo rapero estadounidense, por 15€ en la taberna de mala muerte donde la semana pasada me tomé una cerveza como si nada. En noviembre vino Vil Evans con su saxo, a provocar orgasmos en directo por 10€. Y en enero vine yo, con ganas de desayunar fajitas contigo, despertarme de pesadillas de madrugada y hacerte el amor, y volver a escuchar a mis profesores divagar sobre cuestiones que yo creía ya superadas... pero no. Sobre lo más estúpido se puede pensar más de una estupidez. Y sobre los más estúpidos, se puede escribir más de una estupidez.
domingo, 20 de enero de 2013
Invictus / Inconquistable.
En la noche que me envuelve,
Negra como un pozo insondable,
Doy gracias al dios que fuere
por mi alma inconquistable.
En las garras de las circunstancias,
No he temido ni llorado
Ante los golpes del destino,
Si bien he sangrado, jamás me he postrado.
Más allá de este lugar de ira y llanto,
Acecha la oscuridad con su horror,
No obstante la amenaza de los años
Me halla, y me hallará, sin temor.
Ya no importa cuán largo haya sido el camino
Ni cuantos castigos lleve a la espalda,
Soy el amo de mi destino,
Soy el capitán de mi alma.
Negra como un pozo insondable,
Doy gracias al dios que fuere
por mi alma inconquistable.
En las garras de las circunstancias,
No he temido ni llorado
Ante los golpes del destino,
Si bien he sangrado, jamás me he postrado.
Más allá de este lugar de ira y llanto,
Acecha la oscuridad con su horror,
No obstante la amenaza de los años
Me halla, y me hallará, sin temor.
Ya no importa cuán largo haya sido el camino
Ni cuantos castigos lleve a la espalda,
Soy el amo de mi destino,
Soy el capitán de mi alma.
sábado, 19 de enero de 2013
Cabras.
Y creo que ayer encontré el sentido puro del carpe diem. Es el Tao, es el cristianismo, es siempre lo mismo. La felicidad está ahí, ahora, cógela. Atrévete a pensar. Piensa en lo que quieres. Atrévete a quererlo. Ahora hazlo. Sencillo. Jodidamente sencillo, teóricamente. El caso es, que no puedes evitar pensar en no cometer otra vez los mismos errores del pasado. Entonces buscaré qué hice mal. Pero ¿cómo voy a estar pendiente del presente si busco continuamente mis errores del pasado? Vive el presente quiere decir más "pon los pies en la tierra" que "disfruta del día". Quiere decir, no tengas demasiadas esperanzas de la vida -te decepcionará- ni te revuelques en un pasado atormentándote - pues ya lo has aprendido. ¿O no? ¿No lo has aprendido? Eso es porque no estabas lo suficientemente centrado en el presente, en aquel momento. Así que haz que tu futuro esté lleno de vívidos recuerdos sobre este presente. Ese es el sentido del carpe diem.
Solemos cerrar los ojos, Goleman no es tontico cuando dice que ante el dolor hay que abrirlos más. Experimenta el contraste y la pura contradicción vital. Hallamos el placer en el dolor y viceversa, porque todo es uno. Y porque estamos como puñeteras cabras.
Solemos cerrar los ojos, Goleman no es tontico cuando dice que ante el dolor hay que abrirlos más. Experimenta el contraste y la pura contradicción vital. Hallamos el placer en el dolor y viceversa, porque todo es uno. Y porque estamos como puñeteras cabras.
7.49 am
¿Qué será eso
que he de encontrar
para sentir paz
para notar
la brisa del mar
para mirar
y de una vez ver
para tocar
y por fin sentir
para oir
y al fin entender?
Qué será eso
sólo lo sabe
el grandísimo
Hijo de puta que está en el cielo
Qué será eso.
No lo sé,
pero de no hallarlo en nadie,
en mí lo encontraré.
Quizás... no sólo en alguien,
y quizás no sólo en mí.
Será en todas las cosas,
menos donde parece que está.
No es el dinero,
ni un pedestal,
lo llevas desde niño,
pero nunca está,
en su pura forma,
ni en el mismo lugar.
Una pizca de cada cosa. Málaga, Marruecos, Guitarra, Taekwondo, Playa, Amigos, Internet, Cerveza, Leer. Escribir. No voy a restructurar el orden, ni incluir cosas en las que no haya pensado de un primer vistazo. Acabo de añadir escribir, supongo que porque lo daba por hecho. Es mi vida.
que he de encontrar
para sentir paz
para notar
la brisa del mar
para mirar
y de una vez ver
para tocar
y por fin sentir
para oir
y al fin entender?
Qué será eso
sólo lo sabe
el grandísimo
Hijo de puta que está en el cielo
Qué será eso.
No lo sé,
pero de no hallarlo en nadie,
en mí lo encontraré.
Quizás... no sólo en alguien,
y quizás no sólo en mí.
Será en todas las cosas,
menos donde parece que está.
No es el dinero,
ni un pedestal,
lo llevas desde niño,
pero nunca está,
en su pura forma,
ni en el mismo lugar.
Una pizca de cada cosa. Málaga, Marruecos, Guitarra, Taekwondo, Playa, Amigos, Internet, Cerveza, Leer. Escribir. No voy a restructurar el orden, ni incluir cosas en las que no haya pensado de un primer vistazo. Acabo de añadir escribir, supongo que porque lo daba por hecho. Es mi vida.
lunes, 15 de octubre de 2012
Tú te lo pierdes.
No te haces una idea de la de puertas que te abriría, te puedo enseñar el cielo en la Tierra, puedo hacerte
sentir que vuelas y luego que tienes los pies encallados en la Tierra. No voy a pelear, no voy a discutir, no
voy a ser un gilipollas, no te incordiaré. Seré celoso en la justa medida, estaré ahí siempre que me lo pidas.
Y a cambio no pido lo mismo, sino que tú también des el cien por cien. Te puedo enseñar cosas que jamás habrías pensado que tenían valor, pero lo mejor es que también me puedes enseñar tú a mí. En el amor siempre hay feedback, los opuestos no se atraen, los opuestos riñen y saltan chispas, hay conflicto y si ambos son fuertes, superación. Pero los que se complementan, esos sí, tienen un amor puro y duradero.
Puedo enseñarte a volar, digo, dentro de tu imaginación, y puede que no siempre te haga reir si no entiendes mi humor, puede que pienses que la cago, pero sólo ocurre que no has conocido un sentido del humor con sentido, y yo sí sé lo que es, también conozco el sentido del "hamor".
Puedo teorizar sobre infinitas cosas, puedo hablarte preguntándote más que respondiéndote. Puedo, y cuando digo puedo es que hago, incharme de hacer fotos a todo lo bello que pasa ante mis ojos, para algún día volver atrás y contarte historias que bailan en una sinfonía conversacional. Puedo, y de hecho lo hago, cocinarte los más deliciosos manjares y no por servidumbre, no te debo nada que se pueda compensar con un postre ni con otro detalle, sino con uno cada día, una sonrisa, un plan improvisado y un beso apasionado. Puedo contarte la locura que es mi cuerda existencia, soltarte lo que llevo dentro y engatusarte, porque quiero enamorarte, y es mi amor más grande que la ambición, por lo que sale naturalmente que quiera que me quieras.
Puedo enseñarte entretenimiento infinito y de calidad en la pantalla de un ordenador, y hacer selecciones y despertarte todos los días con un correo con una recopilación de lo más increíble que vi ayer. Igual se me cuela un video de gatos, por aquello de que los clásicos nunca fallan, pero quiero demostrarte el lado tierno de los frikis, el manga emotivo, las personalidades oscuras de "The Notebook", toda la intelectualidad que hay alrededor de un tema que a ojos de los demás parece infantil, o incluso vacío (HA!).
Voy a contarte la historia de mi vida, de la que va mancando menos, pero mucho más que vivir, te hablaré de lugares lejanos y gentes extrañas, de mi oscuro pasajero y de mi melancólico espíritu amante de otro tiempo y otra realidad. Puedo describirte, intentar hacerte entender, el thriller psicológico que se ha vuelto mi interioridad a lo largo de estos últimos años. Puedo enseñarte lo que es el egoísmo y hablarte de su necesidad. Puedo ser tú, puedo ver a través de tus ojos y explicarte todo a tu manera. Puedo cumplir con el rol social al 99%, y luego puedo conocerte de tú a tú, completamente distintos, nada que ver, buáh, qué va, otro rollo, e intentar teorizar sobre todo lo interesante que pase entre nuestras miradas.
Puedo, quiero y amo, amarte, hacerte el amor como nunca te lo habían hecho: con amor, con labia, con rabia. Puedo decirte que te quiero en francés, en inglés o en castellano, y explicarte porqué, y puedo cogerte de lamano sin saber para qué. Ponerte la gabardina en el charco y luego tirarte a él. Puedo sorprenderte por la espalda y comerte del revés.
Esto no va dirigido a nadie en particular. Es un sentimiento que trae por el camino de la amargura y de la locura a más de un ser humano como yo, si es que se puede etiquetar a nuestra raza en partes más pequeñas. Es la sensación de no ser querido, de ser rechazado, o de andar perdido, vagabundear desdichado, ser un pringado, ya que estamos rimando.. Y sin embargo por dentro sentir que tu corazón cada vez se hace más grande y fuerte, y que cuando conozcas a esa persona, o esa época de tí mismo, con/en las que confíes tanto como para hacerle todo, TODO, todo esto, y más, y no querer parar de reír y que no puedas permitirte verla llorar.
Porque cuanto más sufres, más grande y fuerte te haces.
Es como un petit-suit agrio pero en el campo emocional.
Hay héroes en este mundo,
y no visten mayas ni llevan caretas,
llevan el semblante triste y un diario en la maleta,
viajeros errantes, sólo quieren amar,
y cuando la tengan delante... ¿a qué van a esperar?
Esperarán que sea como él,
ama intensa pero brevemente,
quiere querer, le gusta querer querer, y ama querer,
a todos los niveles,
pero cuando la tengan delante... ¿porqué iba a esperar?
¿Acaso ama el dolor, y prefiere aullar?
Prefiere ser lobo solitario,
a vender su alma al diablo,
a una dulce y tonta estrella de mar.
sentir que vuelas y luego que tienes los pies encallados en la Tierra. No voy a pelear, no voy a discutir, no
voy a ser un gilipollas, no te incordiaré. Seré celoso en la justa medida, estaré ahí siempre que me lo pidas.
Y a cambio no pido lo mismo, sino que tú también des el cien por cien. Te puedo enseñar cosas que jamás habrías pensado que tenían valor, pero lo mejor es que también me puedes enseñar tú a mí. En el amor siempre hay feedback, los opuestos no se atraen, los opuestos riñen y saltan chispas, hay conflicto y si ambos son fuertes, superación. Pero los que se complementan, esos sí, tienen un amor puro y duradero.
Puedo enseñarte a volar, digo, dentro de tu imaginación, y puede que no siempre te haga reir si no entiendes mi humor, puede que pienses que la cago, pero sólo ocurre que no has conocido un sentido del humor con sentido, y yo sí sé lo que es, también conozco el sentido del "hamor".
Puedo teorizar sobre infinitas cosas, puedo hablarte preguntándote más que respondiéndote. Puedo, y cuando digo puedo es que hago, incharme de hacer fotos a todo lo bello que pasa ante mis ojos, para algún día volver atrás y contarte historias que bailan en una sinfonía conversacional. Puedo, y de hecho lo hago, cocinarte los más deliciosos manjares y no por servidumbre, no te debo nada que se pueda compensar con un postre ni con otro detalle, sino con uno cada día, una sonrisa, un plan improvisado y un beso apasionado. Puedo contarte la locura que es mi cuerda existencia, soltarte lo que llevo dentro y engatusarte, porque quiero enamorarte, y es mi amor más grande que la ambición, por lo que sale naturalmente que quiera que me quieras.
Puedo enseñarte entretenimiento infinito y de calidad en la pantalla de un ordenador, y hacer selecciones y despertarte todos los días con un correo con una recopilación de lo más increíble que vi ayer. Igual se me cuela un video de gatos, por aquello de que los clásicos nunca fallan, pero quiero demostrarte el lado tierno de los frikis, el manga emotivo, las personalidades oscuras de "The Notebook", toda la intelectualidad que hay alrededor de un tema que a ojos de los demás parece infantil, o incluso vacío (HA!).
Voy a contarte la historia de mi vida, de la que va mancando menos, pero mucho más que vivir, te hablaré de lugares lejanos y gentes extrañas, de mi oscuro pasajero y de mi melancólico espíritu amante de otro tiempo y otra realidad. Puedo describirte, intentar hacerte entender, el thriller psicológico que se ha vuelto mi interioridad a lo largo de estos últimos años. Puedo enseñarte lo que es el egoísmo y hablarte de su necesidad. Puedo ser tú, puedo ver a través de tus ojos y explicarte todo a tu manera. Puedo cumplir con el rol social al 99%, y luego puedo conocerte de tú a tú, completamente distintos, nada que ver, buáh, qué va, otro rollo, e intentar teorizar sobre todo lo interesante que pase entre nuestras miradas.
Puedo, quiero y amo, amarte, hacerte el amor como nunca te lo habían hecho: con amor, con labia, con rabia. Puedo decirte que te quiero en francés, en inglés o en castellano, y explicarte porqué, y puedo cogerte de lamano sin saber para qué. Ponerte la gabardina en el charco y luego tirarte a él. Puedo sorprenderte por la espalda y comerte del revés.
Esto no va dirigido a nadie en particular. Es un sentimiento que trae por el camino de la amargura y de la locura a más de un ser humano como yo, si es que se puede etiquetar a nuestra raza en partes más pequeñas. Es la sensación de no ser querido, de ser rechazado, o de andar perdido, vagabundear desdichado, ser un pringado, ya que estamos rimando.. Y sin embargo por dentro sentir que tu corazón cada vez se hace más grande y fuerte, y que cuando conozcas a esa persona, o esa época de tí mismo, con/en las que confíes tanto como para hacerle todo, TODO, todo esto, y más, y no querer parar de reír y que no puedas permitirte verla llorar.
Porque cuanto más sufres, más grande y fuerte te haces.
Es como un petit-suit agrio pero en el campo emocional.
Hay héroes en este mundo,
y no visten mayas ni llevan caretas,
llevan el semblante triste y un diario en la maleta,
viajeros errantes, sólo quieren amar,
y cuando la tengan delante... ¿a qué van a esperar?
Esperarán que sea como él,
ama intensa pero brevemente,
quiere querer, le gusta querer querer, y ama querer,
a todos los niveles,
pero cuando la tengan delante... ¿porqué iba a esperar?
¿Acaso ama el dolor, y prefiere aullar?
Prefiere ser lobo solitario,
a vender su alma al diablo,
a una dulce y tonta estrella de mar.
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