jueves, 3 de octubre de 2013

Esa cosa que viaja por mi cabeza.

- ¿Sabes? Hace un tiempo tenía un montón de palabras en mi cabeza. Uf. Qué agobio. Ahora que lo miro con perspectiva, puedo decir que intentaba comprender todo lo que pasaba por mi cabeza dentro de un marco o teoría totalitaria. Ahora comprendo que no sólo se piensa pensando, sino también dejando fraguar los pensamientos en el subconsciente... comprendo que hay muchas formas de inteligencia y que no se puede abusar de una, ni de la introspección porque pierdes la conexión con la realidad, ni del práctico porque te olvidas de dedicarte un tiempo a ti... He aprendido, no mucho, no poco, no es definitivo, pero sí válido. Estoy contento.
- Bien, bien... ¿Ya no hay más palabras en tu cabeza?
- Jajaja, ¡gracias a Dios que sí! Pero ya no son palabras en plan intensas que me confundan... Si acaso me interesan, y dejo la pregunta fraguar... Pero no, ¡lo más interesante!... Es que apenas hay palabras.
- Es imposible que no haya nada. ¿Qué tienes?
- Música.
- ... música...
- 24/7, es lo que hay. La voz que antes me hablaba de filosofadas, que intentaba formar una teoría unitaria entre mi concepción sociológica, la psicológica, la intrapersonal, la histórica... ahora todo ello es música. Diría que empiezo a creer en que siguiendo mi camino, todo me será revelado.
- ¿Qué significa seguir tu camino?
- Pff... significa un montón de cosas, jajaja. Sigo muchos caminos, pero todos tienen mi toque personal y convergen.. Diría que equivale a hacer lo que me gusta hacer. La vida es muy corta para hacer lo que otro quiere que hagas.
- Pero ¿puedes hacer tanto tú solo, crear un camino desde cero?
- No me malinterpretes, todos creamos un camino único conforme lo andamos... Pero hay quien no ha pasado de la fase espejo para aprender a vivir, ya sabes... Como yo fui al principio y mucha gente imagino que también. Hay que transgredir, invadir el límite que es el yo. Hay que asaltarse, allanarse, hay que acogerse a uno mismo violentamente. Porque sólo fuera de los límites que tenemos en lo más profundo de nuestro aprendizaje a sobrevivir, podemos encontrar la autenticidad, la felicidad.
- Interesante.. Muy interesante.

jueves, 19 de septiembre de 2013

Se acaba el verano.

Levanto la vista hacia el frente y ahí está, delante mía, ni triste ni feliz, simplemente está. Desnuda, completamente desnuda, más desnuda que la misma desnudez, porque sus lunares son constelaciones y su piel es el natural relieve del universo. Una misteriosa neblina oculta su pecho hipnotizante, y entonces recuerdo que soy feliz. So tonto, que te habías olvidado, del frío que pesa en Málaga, las noches de invierno congelados hasta los huesos, y llegar a los sitios hecho una cebolla quitándose capas y capas de ropa. 

La luna en verano es mágica y despierta placeres insospechados, pero en invierno esgrime su esfinge en fantásticas formas y diversos lugares. Hay quien lo ve como los retales del verano, el último suspiro de tranquilidad. Pero para mí empieza el entrenamiento de la vida, empieza lo bueno, porque el ocio se repite pero el caminar es el que hace al caminante. Paso a paso, estación por estación.

martes, 9 de julio de 2013

Los monologuistas, esos genios.

El hombre es, como dice Bergson, el animal que ríe. También le otorgaría este significado de forma más puntillosa -aunque malsonante- decir el animal "riente" en analogía a como decimos que somos el animal "pensante". Y es que risa y pensamiento tienen una unión entretejida con el símbolo. Es necesaria siempre una asociación de ideas y un fallo lógico para hacer reír, para hacer propiamente reír, que no basta con un peo, que sólo provoca la carcajada vacía. Repensamos la asociación de ideas en nuestra mente mientras nos descojonamos, es lo suyo, es el proceso: algo nos hace reír porque tenemos generalmente un concepto de las cosas que queda truncado, o porque se interactúa con nuestro concepto de orden o símbolo. Si no tuviéramos un conocimiento certero sobre las cosas que hay en la vida, el amor o la política, si no hubiera una parte común de nuestra subjetividad, perderíamos la capacidad de reírnos de las cosas, pues toda risa tiene una conexión irrompible con la lógica.

Por eso siempre he creído que los monologuistas españoles tienen una mente filosófica, que me atrae, vamos, que son los genios de España. Ignatius, Dani Rovira, Enrique San Francisco... el monólogo es una reflexión, como la filosofía, que se hace en soledad, y poniendo - ahí a toda la persona y su pensamiento, sobre él mismo, la sociedad y, en muchas ocasiones, el cosmos, exponiéndose al mundo... ¿Cuántos monólogos empiezan tocando temas de política, sociedad, economía -sobre todo hoy- o incluso, a veces, reflexiones sobre la vida, el amor o el universo? No hablemos ya de Dani Rovira que tiene, entre otras joyas de humor absurdo e inteligentes juegos de palabras, un monólogo en el que incluye una reflexión sobre la crisis económica y la evasión de la misma, que puede llevar a la cobardía, mediante la comedia. Citaré una parte más abajo.

A la reflexión sobre el ser la llamamos metafísica. ¿Por qué algunos piensan sobre esto y otros no, y sin embargo decimos que la filosofía no consiste en un saber vacuo ni es un andar a ciegas? Si fuese tan universal, todos pensaríamos sobre estas cosas, ¿no? Pues no. En la reflexión filosófica o, como nos concierne en este caso, antropológica, se pone a toda el yo en juego. Atreverse a pensar implica firmeza, voluntad y criticismo ante la búsqueda de la verdad. Vamos, seguir pensando -o, como muchos banalizan, seguir dándole vueltas a algo- cuando otros ya han parado de pensar. Y es que pocos se atreven a hablar en público del amor, la belleza o la libertad, mientras vemos cómo triunfan superficialismos, sensacionalismos, noticias sobre gente cuya vida personal no me importa... Porque hay que atreverse a ir más allá de lo que primeramente vemos y oímos para alcanzar algo consistente y realmente interesante.

Vemos, pues, el paralelismo. Monologuistas (gran parte de ellos) y filósofos tienen en común a) la reflexión en profundidad sobre las cosas que nos rodean  y b) ese ponerse en juego, exteriorizar una visión atrevida, crítica y poco convencional del mundo que puede hacernos reír y, en el mejor de los casos, pensar.

Y ahora, la risa.

De Dani Rovira me interesan el principio y el final de este monólogo, que se abre con esta parrafada:
"Hay que ver, ¿eh? ¡La gracia que nos ha hecho siempre un peo! ¿eh? Y luego a lo mejor viene aquí gente y se pone a hablar de cosas serias, tío, y dices tú, ¿yo? Yo no he venido aquí al club de la comedia a escuchar de cosas serias pero hay gente que cuenta cosas serias: se ponen a hablar de la crisis, del Ibex - 35, del índice de Jones, de los barriles de Brent, de las cenefas, de las brocas del 15... No, hombre cosas serias no... Hombre tampoco el otro extremo, no? Hay gente que se levanta por la mañana y escribe en el facebook: ¡Hoy hace un día radiante! ¡Voy a salir a la calle a regalar abrazos de luz!... [Cara de circunstancia] ¡Loocaaa!"

Y terminando el monólogo, hablando de que las madres te limpiaban el culete cuando te lo hacías encima:
"¿Cuántas veces nos hemos hecho mierda encima de mayor y nos hemos tenido que limpiar nosotros solit... [Se interrumpe y mira al público indignado por su risa]. Os hace gracia esto, ¿verdad? Claro, porque esto, los peos, esto hace gracia. Lo que no hace gracia son las cosas serias. La crisis, eso no, eso no hace gracia [mantiene el semblante serio y cansado]. Así que yo voy a seguir con lo de antes. Muy buenas noches y muchísimas gracias".

viernes, 5 de julio de 2013

Hoy estoy poético.

¿Cuál será la estructura de la vida, que buscando no se encuentra -o se encuentra al revés-, y que dejándose encontrar, expuesto y exteriorizado, uno se encuentra a sí mismo tal y como es, a través de las cosas? En esos momentos, el misterioso universo lanza una flecha hacia arriba con los ojos vendados, se tumba en el suelo con el pecho mirando hacia el cielo y sonríe esperando el desconocido final. Algo así es la existencia, pues son infinitas las metáforas e inalcanzable la definitiva oda que le hemos de brindar con nuestro aliento.

"Y cuando llegue el día del último viaje,
y esté al partir la nave que nunca ha de tornar,
me encontraréis a bordo ligero de equipaje,
casi desnudo, como los hijos de la mar".

Antonio Machado - Retrato

martes, 18 de junio de 2013

L'être

¿Por qué buscamos esa opinión? Ese extremo, intachable, pedante y bukowskiano punto de vista sobre temas de opinión... Porque no es más que eso, opinión. La sabiduría está en la conciencia de la ignorancia sobre todos esos temas. El mundo de la mera doxa, propuso Parménides, no pertenece al Ser. Porque sobre lo que no se puede decir nada seguro, o sea, sobre lo que se puede decir cualquier cosa, no pertenece precisamente a una categoría ontológica.

Pero ¡Atención! En la morada del Ser, no nos podemos refugiar. Todos tenemos una parte superficial que también debemos defender, una opinión razonable, que irá cambiando con el curso de los acontecimientos y la madurez de la persona. Debemos procurar los argumentos más sutiles y realistas que conozcamos para que nuestro entendimiento no alcance la pobredumbre. Se lo debemos, pues, a nuestra condición de seres - que - se - hacen: aunque no lo vea, el darse de mi persona, el existir, es mucho más valioso que todo lo que me rodea a diario. Otra cosa, como un idioma bien aprehendido, que permanece en la superficie del inconsciente para ser sacado rápidamente cuando lo necesitamos. Otro hábito que sostenemos con el paso de los años y que, por desgracia, desde que dejamos la infancia tocamos poco. Como decía Savater en Ética para Amador, de pequeños todos somos filósofos, pero una persona mayor conformista, quemada que nos acompaña, entonces "agüafiestas" o "cortarrollos", nos la decapita: "Eso ya cuando seas mayor".
Nos acostumbramos a mirar hacia fuera, cuando lo realmente importante -que sí, que está ahí delante- es no olvidarse de que hay que mirar con los ojos del alma o del corazón. "On ne connait qu'avec le coeur, l'essentiel est invisible aux yeux" - Antoine de Saint Éxupery - Le Petit Prince. ¡Perdemos esa facultad! Nos rendimos a la hija sociedad y olvidamos a la madre naturaleza, que nos grita: ¡Siente! ¡Ama! ¡No te olvides de tí!

Hay tanta poesía en este mundo, que a veces... duele, como decían en American Beauty. ¿Qué es lo que duele de la belleza? Su solitaria contemplación. Igual algún día experimente la belleza en colectividad, pero en esta disminuida sociedad en la que vivo, presa de su zona de confort y de la moda de la filosofía fría, de momento la belleza queda como algo que afecta al Ser en su intimidad más pura. Una intimidad nunca antes expuesta, puesta-ahí, être-là. Eres tú frente a la belleza, la parte más íntima de tu persona frente a algo bello. Pero, en seguida, cuando estás disfrutandolo, aparece el vástago social: "¿Qué haces? ¡No la mires! ¡No te dejes hipnotizar! ¡Espabila! ¡¿Qué haces mirando al vacío?! ¿Qué contemplas en el horizonte? Ahí no hay nada! No hay dinero, no hay éxito... Ahí se debe imponer el ser: ¡Pero hay lágrimas! ¡Hay llanto! ¡Hay un SÍ a la exposición frente al infinito dolor, el infinito llanto, o la infinita risa cósmica! Hay un eterno sí a la vida más grande que su enloquecido poeta abraza - caballos*. ¿Y a quién no le quedaría grande hacer tal proeza? Matar a la metafísica y después que ésta resurja de sus cenizas en forma alegórica. Oh, Friederich, mi verdadero amor, cómo abrazas la filosofía, y cómo la llevas a cabo en la vida -en la verdadera vida, en ese mundo de sombras y luces metafísicas que hoy se nos aparenta fantasioso y artístico-, eres una lágrima en un chupito de vodka. Eres mis lágrimas ahora mismo, mi sangre y mi felicidad, mi dolor favorito.

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*Se cuenta que Nietzsche, estando fuera de su cordura pero no aún en su senilidad, pues escribió entonces aún obras importantes, abrazó solemnemente a un caballo en la vía pública, por lo que lo detuvieron. Lo que darían muchos hoy por ser ese caballo.

jueves, 13 de junio de 2013

El maldito post-it.

Cuando llegué a Montpellier escribí un post - it con la frase "Donde se esté bien, allí esta la patria" -Cicerón. Me recuerda a otra de Kimya Dawson: "El hogar está donde esté el corazón". Y esta se adecua más a lo que sentí. La pegué en la ventana con una sonrisa, pensando en que me adaptaría al cambio y entregaría mi alma a todos los que allí encontrase. No me equivoqué ni por una palabra. El papel amarillento adquiere una densidad amenazante conforme se va desvaneciendo el resto de la habitación. ¿Estaba en la parte de arriba o la de abajo de la ventana? ¿O estaba en la pared? ¿Estaba en mi habitación, o en la de Claudia? Estaba en Montpellier, y lo llevaba cada gran amigo y amiga que hice allí, bien pegado en el pecho.

Y lo llevarán siempre. En breve, esos pedazos se dispersarán entre Valladolid, Reus, Andalucía, Irlanda, Mexico... The more that i give, the more i like to give. Pero ahora mismo mi patria está repartida entre Francia y España, porque allí donde esté el corazón...

Espero haber llenado un corazón en particular que tenía un tal agujerito...

miércoles, 12 de junio de 2013

Erasmus 3. Finale.

Me voy. Pero me voy, con el alma llena. No habría aprendido tanto ni en cien años. Os quiero.

Hay una puesta de sol fantástica. Nada mejor para el momento reflexivo de la despedida que una estética épica, culminante, apocalíptica. La luz de verano anaranjada alumbrando las caras tristes y las coronillas calvas de los estereotipados viajantes de autobús, el sol poniéndose en Montpellier, fundiéndose con la ciudad, haciéndole el amor, quizás es por el momento pero me parece la puesta de sol más bella que he visto en mi vida... y al momento aparece, con esa actitud de llevar esperando un rato a salir a escena, la delgada luna creciente colgando en el cielo azul marino.
Paso por las estaciones de autobús y veo a más gente despidiéndose. Todo me recuerda a anoche. Me acerco con la mirada a dos amigos que se abrazan, y parecen alegres enérgicos, sonríen. No hacía falta mirarle al subir al autobús para saber que tendría el semblante triste, serio, de quien quiere volverse para dar un último abrazo. Su amigo le mira fijamente desde fuera con la cabeza algo inclinada, los puños cerrados y los ojos entrecerrados y húmedos. Tengo el codo apoyado en el resquicio de la maltrecha ventana del autobús, y miro, a ratos de reojo, a ratos directamente, a la incansable pareja que se despide de su amigo. Quiere sonreir, pero su aura le delata. Y pasan los minutos y el autobús no zarpa, quedan minutos, unos minutos eternos, y los amigos se siguen mirando. El que espera fuera cambia su cara de sicario por una sonrisa, y al instante veo cómo su amigo baja de nuevo. La excusa, poco importa, sacan los móviles e intercambian los números. El hecho es que se abrazan, sólo un minuto más, pero es suficiente. Porque ahora saben de lo breve de un abrazo, de lo efímero. No se sabe de la brevedad de la belleza hasta que se experimenta en la propia carne. La pareja espera, y espera, y mientras suena la palanca de cambios del bus, el amigo mira hacia el suelo descorazonado, pensando que habría dado tiempo a un abrazo más. Eso soy yo ahora.

Es duro irse. Pero más duro es quedarse. Imagino las despedidas entre gente que ha convivido codo con codo, durmiendo, riendo, estudiando o, como ocurre en ciertos pasillos sevillanos, riñendo. Riñendo y echándose en cara hasta el mote más recóndito e irracional que jamás haya existido.
Ahora me siento hasta orgulloso de llamarme Lance y no deja de ser cierto que, haciendo honor a ello, me fui corriendo, el primero.

Cuanto más creces más te das cuenta de lo inefable de todo aquello que merece la pena. Quizás no haga falta entender aquello que merece la pena, y sería la ilusión de no comprender un goce lo que lo hace más gozoso aún. Este año ha sido, sinceramente, inefable. Genial, increíble, son palabras que se quedan para aquél que quiere escuchar. Pero al que quiera comprender, le diré que no tengo palabras. Porque no las hay. Amistad, honor, cariño, valentía, confianza, expresan a grandes rasgos este año. Una mirada afable, una sonrisa traicionera, un abrazo interminable, un nudo en la garganta, un adiós atragantado, son expresiones que se acercan más. Pero lo que yo siento... es un corazón palpitante, entusiasta, coordinado y, por primera vez en mucho tiempo, sano. Renovado, resucitado, por donde corre sangre pura, densa, dulce.


¿Qué es la belleza? ¿Cuál es el momento que se te quedará en el alma para siempre, aquél que visualizarás al borde de tu muerte? La vida sigue, y con ella, yo.