jueves, 13 de junio de 2013

El maldito post-it.

Cuando llegué a Montpellier escribí un post - it con la frase "Donde se esté bien, allí esta la patria" -Cicerón. Me recuerda a otra de Kimya Dawson: "El hogar está donde esté el corazón". Y esta se adecua más a lo que sentí. La pegué en la ventana con una sonrisa, pensando en que me adaptaría al cambio y entregaría mi alma a todos los que allí encontrase. No me equivoqué ni por una palabra. El papel amarillento adquiere una densidad amenazante conforme se va desvaneciendo el resto de la habitación. ¿Estaba en la parte de arriba o la de abajo de la ventana? ¿O estaba en la pared? ¿Estaba en mi habitación, o en la de Claudia? Estaba en Montpellier, y lo llevaba cada gran amigo y amiga que hice allí, bien pegado en el pecho.

Y lo llevarán siempre. En breve, esos pedazos se dispersarán entre Valladolid, Reus, Andalucía, Irlanda, Mexico... The more that i give, the more i like to give. Pero ahora mismo mi patria está repartida entre Francia y España, porque allí donde esté el corazón...

Espero haber llenado un corazón en particular que tenía un tal agujerito...

miércoles, 12 de junio de 2013

Erasmus 3. Finale.

Me voy. Pero me voy, con el alma llena. No habría aprendido tanto ni en cien años. Os quiero.

Hay una puesta de sol fantástica. Nada mejor para el momento reflexivo de la despedida que una estética épica, culminante, apocalíptica. La luz de verano anaranjada alumbrando las caras tristes y las coronillas calvas de los estereotipados viajantes de autobús, el sol poniéndose en Montpellier, fundiéndose con la ciudad, haciéndole el amor, quizás es por el momento pero me parece la puesta de sol más bella que he visto en mi vida... y al momento aparece, con esa actitud de llevar esperando un rato a salir a escena, la delgada luna creciente colgando en el cielo azul marino.
Paso por las estaciones de autobús y veo a más gente despidiéndose. Todo me recuerda a anoche. Me acerco con la mirada a dos amigos que se abrazan, y parecen alegres enérgicos, sonríen. No hacía falta mirarle al subir al autobús para saber que tendría el semblante triste, serio, de quien quiere volverse para dar un último abrazo. Su amigo le mira fijamente desde fuera con la cabeza algo inclinada, los puños cerrados y los ojos entrecerrados y húmedos. Tengo el codo apoyado en el resquicio de la maltrecha ventana del autobús, y miro, a ratos de reojo, a ratos directamente, a la incansable pareja que se despide de su amigo. Quiere sonreir, pero su aura le delata. Y pasan los minutos y el autobús no zarpa, quedan minutos, unos minutos eternos, y los amigos se siguen mirando. El que espera fuera cambia su cara de sicario por una sonrisa, y al instante veo cómo su amigo baja de nuevo. La excusa, poco importa, sacan los móviles e intercambian los números. El hecho es que se abrazan, sólo un minuto más, pero es suficiente. Porque ahora saben de lo breve de un abrazo, de lo efímero. No se sabe de la brevedad de la belleza hasta que se experimenta en la propia carne. La pareja espera, y espera, y mientras suena la palanca de cambios del bus, el amigo mira hacia el suelo descorazonado, pensando que habría dado tiempo a un abrazo más. Eso soy yo ahora.

Es duro irse. Pero más duro es quedarse. Imagino las despedidas entre gente que ha convivido codo con codo, durmiendo, riendo, estudiando o, como ocurre en ciertos pasillos sevillanos, riñendo. Riñendo y echándose en cara hasta el mote más recóndito e irracional que jamás haya existido.
Ahora me siento hasta orgulloso de llamarme Lance y no deja de ser cierto que, haciendo honor a ello, me fui corriendo, el primero.

Cuanto más creces más te das cuenta de lo inefable de todo aquello que merece la pena. Quizás no haga falta entender aquello que merece la pena, y sería la ilusión de no comprender un goce lo que lo hace más gozoso aún. Este año ha sido, sinceramente, inefable. Genial, increíble, son palabras que se quedan para aquél que quiere escuchar. Pero al que quiera comprender, le diré que no tengo palabras. Porque no las hay. Amistad, honor, cariño, valentía, confianza, expresan a grandes rasgos este año. Una mirada afable, una sonrisa traicionera, un abrazo interminable, un nudo en la garganta, un adiós atragantado, son expresiones que se acercan más. Pero lo que yo siento... es un corazón palpitante, entusiasta, coordinado y, por primera vez en mucho tiempo, sano. Renovado, resucitado, por donde corre sangre pura, densa, dulce.


¿Qué es la belleza? ¿Cuál es el momento que se te quedará en el alma para siempre, aquél que visualizarás al borde de tu muerte? La vida sigue, y con ella, yo.

domingo, 14 de abril de 2013

C'est la vie.

Esta primera etapa de mi vida se llama infancia. Influjo de todo, me empapo hasta (de) mis entrañas. Confluir de sentidos, sentimientos, pensamientos, un todo caótico, un embrollo. No sé dónde empieza ni dónde acaba nada. Ni falta que hace. Importa respirar, nada más. Que buenas que ricas que están las pastillitas.

Esta parte de mi vida se llama introversión. Frikismo, soy feliz con mi disco duro externo, regalándole tonterías a gente que parece querer ser mi amigo. Tengo miles de películas, juegos, y todo lo que quiero es compartirlo. En el fondo es alguien con quien estoy en mi vida, para él no es más que eso, pero desprendo tanto amor que no paro de alabar a las personas con quien me cruzo. Alguno sí sintió amistad, como mi amigo Jacobo. Otros aprovecharon mi ausencia para criticar mi manera de tratar a las personas. Sin derecho, pero no sin razón. Era raro, si sólo existe el fútbol y las chicas, que alguien hable de amistad, que alguien te regale un muelle de juguete porque lo vio y se acordó de tí.

Esta etapa de mi vida se llama adolescencia. Intento de extroversión. Salida a lo superficial, conocimiento de la cáscara ajena. Muerte de la moral. Está bien lo que es divertido, lo que me mueve, lo que me saca de mí, porque yo soy rutina.

Esta etapa de mi vida se llama drogas. Se está acabando.

Ahora viene la parte de mi vida que se llama felicidad. Entro en contacto con mis deseos y empiezo a conocerme. Sé lo que siento, sé cómo seguir un impulso que me pueda hacer feliz, y cómo seguir otro que me haga sentir vivo. Sé lo que está bien, y lo que está mal. Y sé que hay cosas que no están ni bien ni mal, y cosas que están más allá de ellos dos, en el deber. Sé porqué hay que olvidar ciertas cosas del pasado, sé que hay errores que me quedan por cometer, y he aprendido a no mirar sino aquello que existe. Se puede ser filósofo y práctico en la vida. Pienso tantas cosas, y tantas cosas que se contradicen... que me siento más cerca de la verdad que nunca.

Pero esta etapa la tengo muy pensada, ya como planeada: mi vida ikea, sólo que tengo las medidas del piso y ningún mueble encaja. No basta con echarle cabeza a la vida, hay que echarle corazón. Sí, tengo bien claro lo que será mi vida con confianza en mí mismo. Pero ¿acaso no imagino lo que sería? ¿y si nunca llego a tener tal confianza? Las cosas nunca son como uno las imagina. Igual es incluso mejor. Quiero volar.

miércoles, 20 de marzo de 2013

Presagio

Soy un hombre de extremos.
Persigo el cobijo bajo una teoría universalmente cierta
Y a la vez huyo de todo esto, regocijándome en mi transvaloración nietzscheana.

Lo que hago está bien, porque lo hizo X, quien era considerado un hombre bueno.
Lo que hago está bien, porque creo en la infinita capacidad del ser humano de estirar su concepto de bien.
Soy un hombre contradictorio. Porque busco la unidad.

Soy un hombre contradictorio, porque busco la unidad extrema, busco hacer siempre el bien. Eso no es posible, por lo que me engaño, y llamo bien tanto a lo que está bien a primera vista como lo que está bien tras un largo proceso dialéctico.

Esto no es unidad, pienso. Unidad es llamar bien a una cosa. El eterno sí a la vida de Nietzsche no es un sí a todo. Incluso él, locuelo, trágico, dionisíaco y apolíneo, báquico y templado, poeta y filósofo, deshecha ciertas cosas. Yo me relativizo frente al momento, me elimino frente a cualquier sí. Tanto da. Disfrutar, es lo importante. El hedonismo sin censura, ese soy yo. Mis principios son los mismos que mis finales, o distintos, no importan, siempre ir más allá. Hacia lo desconocido, hacia lo oscuro, hacia allí siempre me tuerzo.

De lo que no sabes, no hables. En lugar de aprender esto, a no hablar, aprendo a saber, para poder hablar. Pero ¿qué se? ¿A dónde irán a parar todas las preguntas que me hice?

Soy un hombre contradictorio, digo, con el peso de una cruz católica a la espalda, y con el demonio del extremo siempre en el centro de mi cerebro.

Soy... tantas cosas. Pero esto es sólo pereza. Soy mil personas. Soy mil palabras, mil y una experiencias, mis megustas, mis caricias, mis trampolines a otras realidades, mis bailes con el viento, y soy la palabra, y también la experiencia, soy el gusto, la caricia, el trampolín a la única realidad, y soy el baile eterno con lo uno. Soy lo uno y soy lo múltiple. Soy lo recto y lo torcido, la mezcla de esta explosiva sociedad. Soy el resultado de todo lo que he vivido, pero lo que he vivido es más viviré que vivido. Soy una depresión terrible que acecha bajo tu pupitre, esperando el mejor momento para escabullirme, porque a nadie puedo, ni nadie puede, explicarle, o entenderme, nadie puede, nadie puede...

Soy cien por cien materia, quizás la definición más generalizada que pueda hacer. Soy tripas, vísceras y huesos duros de roer. Soy lánguido, viscoso y arremolinado. Pero también erguido, erecto, determinado, decidido. Soy relativista, tanto que soy un hombre de principios, pero sólo a veces.

Soy un amante de la astronomía que conecta tus constelaciones de lunares, y del patrón que recorre los lugares favoritos donde posar mis labios. Soy un enamoradizo de la física cuántica de tus movimientos subatómicos. No deja de impresionarme la verdad a todos los niveles. Pero primero hay que encontrarla a algún nivel. No puedo parar, no puedo parar.

Llevo años sin parar en ningún lado.
No encuentro
mi cobijo definitivo
ni donde dicen que cobija
ni donde dicen que no

No encuentro nada
Será que busco mal
Será que ni siquiera sé lo que busco
Pero ¿por qué habría si quiera de buscar algo?
Cuando lo que más deseo en este mundo es ser encontrado.
Pero también quiero ser agissant, puissant, quiero mover el mundo.
Quiero cambiarlo todo, pero siempre desde mi cómoda silla.
Porque el cambio debe ser algo muy diferente fuera de mi cabeza.
Como todo.

Sí, nada es lo que parece, y echo de menos aquél brillo que tenía la realidad,
cuando buscaba el sentido de las cosas de fuera,
y desconocía que hubiera siquiera cosas aquí adentro.

Pero aquí dentro, amigo, aquí dentro... se encuentra el universo entero.

L'harmonie préétablie.

Hay gente que promulga, masturbándose mentalmente merci de una idea de armonía preestablecida, que aquellas personas que entran en nuestra vida están ahí porque tienen algo que enseñarnos. Pero es harto acojonante, pues hace referencia, a la par, a un mecanicismo, a un racionalismo y una suerte de buddhismo. "Si ese al que llamamos enemigo, tras un largo tiempo sigue en nuestra vida, es por una razón. Esa razón es que tiene algo que enseñarnos, que puede ser la paciencia, o la tolerancia, o incluso a ver el mundo con unos ojos que considerábamos inferiores". Esto, adornado par moi-même para que no parezca demasiado cursi, es interesante. Démosle la vuelta entera y abracemos a la madre razón, pues la verdad, como decía Zubiri, es hija del error.

Alors, no es que estas personas decidan encontrarnos a nosotros, y digan "hasta que no te aprendas la lección no te pongo la maquinita". Para mí, y siendo consciente de que me pueden tachar de místico, gurú, quiromante, whatever, hay una cosa que se llama inconsciente colectivo y que, si bien no creo que se use mucho para esta explicación de las relaciones humanas, a mí me viene al pelo y, pourtant, prostituyo el término. Cifremos las cualidades humanas en 100, por ponerle un número finito, manejable, a sabiendas de que serán millones. A mi parecer, yo tengo 4 cualidades. Soy introvertido, y educado, pero también tacaño y desconfiado. No van a hacerse amigos míos tres colegas que tengan mis cualidades positivas, y luego habrá un capullo en el grupo que me caiga mal y sea un hombre confiado en exceso.

Resulta que yo, cuando estoy positivo, veo en los demás mis, sobre todo mis, cualidades positivas. Sucede lo propio con las negativas, a saber, que las proyecto en los demás. Esto viene de lejos, y aquí creo haberme dado cuenta de una base importante de las primeras relaciones sociales adultas. Realmente es psicológico. Llegué a pensar incluso que todos tenemos esas 100 cualidades, pero según con quién estemos y nuestro estado de ánimo, vemos unas aptitudes o cualidades u otras. Pero el hombre es animal de costumbres, y solemos pasar más tiempo con aquellos con quienes encajamos, y es por ello que es innegable que no todos tenemos las mismas 100 cualidades por naturaleza. ¿Pude ser yo otro? Me pregunto a menudo. Me falta crítica ajena si me pregunto esto aún. Aunque por dentro sea distinto, los demás seguirán viendo en mí los mismos patrones de conducta, eso lo tengo claro.

Creo que hay un magnetismo que mueve el inconsciente colectivo y que nos hace chocarnos, cuales partículas imantadas -o bajo el influjo de la gravedad- que chocan contra una pared mientras se desplazan hasta dar con su grupo y colarse por el agujero; pero por mucho que crea que de pequeños hacemos grupos así, rechazando a los grupos con los que no "encajamos" (o en nuestro feedback no tenemos una energía positiva y negativa, en definitiva, que nos atraiga).

Podría racionalizar todo esto y explicarlo de forma sencilla. De pequeños no pensamos en juntarnos con el que nos va a dar más estabilidad emocional ni mayores beneficios. Nos juntamos con el que nos otorgue una escala de popularidad mayor dentro de nuestra sociedad preescolar, nuestra pequeña sociedad.beta. Si todo el mundo admira a Pepe, yo haré lo que hace Pepe. Y me juntaré con Pepe y haré como sus amigos.
Cuando crecemos, no obstante, podemos elegir cambiar en función de nuestra educación, nuestro desarrollo como persona, y ver que no quiero ser en realidad como Pepe, pues nunca me cayó bien... o bien puedo pensar, por costumbre (me gusta definir la costumbre como mala memoria), que estoy con ellos por alguna razón, y que como tenemos una historia detrás he de seguir con él porque no tengo nadie más. Lo cual no es más que miedo a abrirse a gente nueva. Cuando no está Pepe te falta una parte de ti, porque tú sólo eres tú cuando estás con Pepe. Poca gente se da cuenta de esta división del yo, ¿verdad Karl Jung?

De l'autre côté, también creo en la sinrazón de la razón. A veces, cuando uno está al borde de la locura, o al menos cree estarlo, puede cometer el error de pensar que si racionaliza el mundo recuperará la cordura o volverá a estar en contacto con su yo tal como lo estaba en la infancia. Esto, sin embargo, no es necesariamente así. Quizás incluso la locura esté en pensar que entendiéndolo todo se es más cuerdo, quizás el cuerdo sepa que hay cosas que nunca llegará a saber.

jueves, 24 de enero de 2013

E2. Erasmus Deuxième partie.

Llegar a Montpellier otra vez. La luz, más fuerte que la de Málaga. El clima más vasto, más enérgico. Desaparece gradualmente la brisa marina malagueña que te acaricia, te cansa, suaviza hasta las vivencias y emociones. Todo parecía más calmado, y yo venía viéndolo todo con ojos abiertos y preparados a ver más de lo que hay. Llego a la Place de la Comédie, a media tarde. El tiovivo, la fuente, y el tranvía de floripondios. Ya no me pierdo camino a la residencia. ¿Qué aprendí el semestre pasado?, me preguntaba mientras recordaba las paradas de memoria, en voz baja al unísono con la francesa que está dentro del altavoz de cada tranvía, mirando por la ventana, recordando cada rincón, cada alcantarilla, cada patisserie...

Aprendí un tercer idioma. Es muy distinto que el segundo. Ahora reflexionas sobre cómo aprendes otro idioma, vas más allá del mero hecho de aprender palabras y encadenarlas. Te fijas en lo humano. Tu forma de hablar se conforma en torno al rol de aquellas personas con las que hables más en francés. Cuando piensas en francés, lo haces a través de sus ojos, sus gestos y sus palabras. Te tomas sus pausas, y vives un poco su vida, a través de sus muletillas. Aprendemos por imitación a hacer algo por primera vez, como de la araña el tejer o del tejón el escavar.

Aprendí sobre la personalidad francesa. No hay que ser un genio para notar que su idioma y su forma de ser van de la mano. Cuidan mucho el esteticismo en el lenguaje. Da igual que sobre una palabra si queda bonito, da igual que no haya que decir "En fait" -de hecho-, para decir "Il est cinc heures et démi", siempre y cuando quede bien porque es un "en" con fonema nasal y una t suave al final, rozada, sensual, como su manera de vestir, como su comida, sus fonemas otra vez... El día menos pensado me excita un croissant. Les gusta el tabaco de liar porque es más sabroso y tiene su estilo retro, no porque sea más barato. No son muy diferentes, tienen sus defectos, pero en cuanto a la universidad, por ejemplo, saben hacerlo bien. Los alumnos se duermen en clases de 12 personas en su tercer -y último- año de carrera. Y nobody cares. La gente mete perros y bicicletas en el tranvía. Y nobody cares. Y un vagabundo pasa a las 12 de la noche al lado de un coche de policía, con el perro suelto y gritándome a mí, en la acera de enfrente, que si quiero "oro" (imagino que brown sugar). Y nobody cares. Me avisaron de que el país era liberal, y la verdad es que aquí noto que la gente juzga menos. Hay un chaval en mi clase al que habrían apedreado por pedante y teólogo hasta los más civilizados en el último curso de máster. Tiene una constante dialéctica con el profesor, por lo que no levanta la mano, y corrige al profesor cada vez que habla sobre Santo Tomás, San Agustín, Guillermo de Ockham o algún otro erudito reprimido.

Puedes tardar horas en terminar una conversación que empieza por "ça va?". Me recuerda a cuando suena un graznido de gaviota y le sigue otro, y luego otros dos, y luego cinco a menor distancia en el tiempo, y así hasta que resulta una infinidad de çavaes sin comienzo ni fin, superponiéndose, peleándose, graznando.

Ponen dispensadores de colonia en los cuartos de baño de cualquier gasolinera de extrarradio, los contratos de compañías telefónicas cuestan una cuarta parte; la carrera universitaria, menos la mitad; siendo estudiante -no sobrevives- vives por 500€ al mes. La publicidad agresiva on - line no te deja respirar, y en consecuencia la tentación de tirar el portátil por la ventana aumenta exponencialmente. Las chicas son guapísimas, y van con tacones de aguja no sólo a la biblioteca en época de exámenes, sino a clase un miércoles. Hacen botellón con zumos en vez de fanta o cocacola, y no te ponen sellos en las discotecas (por lo que luego no puedes salir, sino es para no volver).

He visto chicas paseando ratas en su escote por la calle... sip, más de una. He visto gente haciendo yinkanas en mitad de la rue, au centre ville, vestidos y pintados de un color enteros, y luego corriendo como descosidos. He visto conciertos gratis, y conciertazos tirados... mañana viene Fat Joe, famosísimo rapero estadounidense, por 15€ en la taberna de mala muerte donde la semana pasada me tomé una cerveza como si nada. En noviembre vino Vil Evans con su saxo, a provocar orgasmos en directo por 10€. Y en enero vine yo, con ganas de desayunar fajitas contigo, despertarme de pesadillas de madrugada y hacerte el amor, y volver a escuchar a mis profesores divagar sobre cuestiones que yo creía ya superadas... pero no. Sobre lo más estúpido se puede pensar más de una estupidez. Y sobre los más estúpidos, se puede escribir más de una estupidez.

domingo, 20 de enero de 2013

Invictus / Inconquistable.

En la noche que me envuelve,
Negra como un pozo insondable,
Doy gracias al dios que fuere
por mi alma inconquistable.

En las garras de las circunstancias,
No he temido ni llorado
Ante los golpes del destino,
Si bien he sangrado, jamás me he postrado.

Más allá de este lugar de ira y llanto,
Acecha la oscuridad con su horror,
No obstante la amenaza de los años
Me halla, y me hallará, sin temor.

Ya no importa cuán largo haya sido el camino
Ni cuantos castigos lleve a la espalda,
Soy el amo de mi destino,
Soy el capitán de mi alma.