Nada, sólo vivir
en el rancio sudor de un lecho inmundo, cociéndose en la corrupción, arrullándose y
haciendo el amor sobre el maculado camastro ...
¡Ella enseña a las antorchas a arder con fulgor!
Y parece pender sobre la mejilla de la noche
como una rica joya en la oreja de un etíope;
belleza excesiva para ser usada;
demasiada para la tierra.
Alicia muchas veces habrá podido ver a un gato sin sonrisa, pero nunca a una sonrisa sin gato. "Siempre llegarás a alguna parte si caminas lo bastante". El gato de Cheshire.
lunes, 7 de marzo de 2011
Sobre España y los huevos.
La lacra de la sociedad española son los humoristas, que hacen elogio de nuestra actitud de cobarde con la boca grande. Y lo que hacemos en nuestra vida no es más que quejarnos, echar balones fuera, y no quejarnos. Nos faltan huevos. Y si los cómicos hacen burla de ello, nos reímos y lo aceptamos, "somos así". Pero al menos yo, que pienso que aceptarse a uno mismo tal y como es no es siempre la mejor opción, puedo alejarme y ver con ojo crítico lo que pasa. Y precisamente lo malo es que no pasa nada. Llevamos años, en este país, sufriendo unas cuantas razones de suicidio:
- Un partido de izquierdas que supuestamente ayuda a los trabajadores. Pero vamos a ver, ¿quién coño trabaja en España? Lo peor es que no todos somos tan vagos, es decir, que los no vagos son los ricos. Osea que la españa lógica, los españoles que tienen algo de sentido común, están tan hasta arriba de dinero que no influyen en la política, porque cualquier sueldo decente vale más que la dedicación política. El gobierno de España es corrupto e inútil. Y luego decimos "Zapatero, haz algo". Y seguimos a lo nuestro. No estamos dispuestos ni siquiera a renunciar a nuestro trabajo de economía sumergida mientras cobramos el subsidio de paro, por supuesto, para realizar una huelga en condiciones. Sí, nos faltan huevos.
- Unas leyes de dudosa moralidad y que necesitan un amplio debate público, que nos son impuestas sin votación alguna excepto la de los partidos mayoritarios. Vamos a ver, ¿somos gilipollas? No, porque estoy estudiando una carrera y si resulta que yo también soy subnormal, pues me meto al narcotráfico y dejo de perder el tiempo. Pero bueno, como no soy una familia de gitanos ni una adolescente embarazada, las leyes que no me afecten me resbalan. Egoísmo del malo es lo que tenemos aquí, en lugar de, como mencioné anteriormente, huevos.
- Unos precios abusivos por parte de las compañías aéreas, de la luz y del gas, de las estaciones de servicio (por si acaso: gasolineras), de las compañías telefónicas (es decir, Telefónica), de los talleres de reparación, de la SGAE, de la vivienda, del transporte público... La lista sigue, pero no estamos dispuestos a plantarle cara a nuestra empresa, que también cobra precios abusivos, porque estamos muy cómodos en nuestro "puesto" de funcionario en el bar, o en nuestra oficina esperando a que nos echen para cobrar la indemnización. Sí, nos faltan huevos.
- Una educación, ante todo, deprimente. Pero también cara, muy cara, y vendida al mercantilismo. Podría dar datos como que el 31,9% de los jóvenes no acaban sus estudios de secundaria, pero no quiero deprimiros. Al contrario, animo a todo aquel que lea esta parrafada, a que continúe sus estudios, a que aspire tener una educación decente, aunque se venda al sistema, aunque sea por la estúpida sensación de creerse mejor que ese 31.9%. Aunque pensándolo bien, quien no haya acabado la ESO, dudo que sepa lo que es un blog (toma generalización vasta).
Y sufriendo estas razones de suicidio, vivimos en ellas, nadamos en nuestra mierda, y lo que es peor: como quien está orgulloso de ser del Málaga C.F. porque es un equipo mas bien malo, y pone su orgullo ante su raciocinio para defenderlo*; nosotros estamos orgullosos de nuestra mierda. Quiero decir, ¿en qué universo, bajo la mirada de desaprobación del Señor, puede existir un español patriota? ¿Patriota porqué? Es posible que nos falte algo más aparte de huevos. Es probable que hayamos perdido el pensamiento. ¿Acaso lo tuvimos alguna vez?
*Sobre la actitud "ultra" y el absurdo de el enorgullecimiento de la pobredumbre, diré algo más adelante.
- Un partido de izquierdas que supuestamente ayuda a los trabajadores. Pero vamos a ver, ¿quién coño trabaja en España? Lo peor es que no todos somos tan vagos, es decir, que los no vagos son los ricos. Osea que la españa lógica, los españoles que tienen algo de sentido común, están tan hasta arriba de dinero que no influyen en la política, porque cualquier sueldo decente vale más que la dedicación política. El gobierno de España es corrupto e inútil. Y luego decimos "Zapatero, haz algo". Y seguimos a lo nuestro. No estamos dispuestos ni siquiera a renunciar a nuestro trabajo de economía sumergida mientras cobramos el subsidio de paro, por supuesto, para realizar una huelga en condiciones. Sí, nos faltan huevos.
- Unas leyes de dudosa moralidad y que necesitan un amplio debate público, que nos son impuestas sin votación alguna excepto la de los partidos mayoritarios. Vamos a ver, ¿somos gilipollas? No, porque estoy estudiando una carrera y si resulta que yo también soy subnormal, pues me meto al narcotráfico y dejo de perder el tiempo. Pero bueno, como no soy una familia de gitanos ni una adolescente embarazada, las leyes que no me afecten me resbalan. Egoísmo del malo es lo que tenemos aquí, en lugar de, como mencioné anteriormente, huevos.
- Unos precios abusivos por parte de las compañías aéreas, de la luz y del gas, de las estaciones de servicio (por si acaso: gasolineras), de las compañías telefónicas (es decir, Telefónica), de los talleres de reparación, de la SGAE, de la vivienda, del transporte público... La lista sigue, pero no estamos dispuestos a plantarle cara a nuestra empresa, que también cobra precios abusivos, porque estamos muy cómodos en nuestro "puesto" de funcionario en el bar, o en nuestra oficina esperando a que nos echen para cobrar la indemnización. Sí, nos faltan huevos.
- Una educación, ante todo, deprimente. Pero también cara, muy cara, y vendida al mercantilismo. Podría dar datos como que el 31,9% de los jóvenes no acaban sus estudios de secundaria, pero no quiero deprimiros. Al contrario, animo a todo aquel que lea esta parrafada, a que continúe sus estudios, a que aspire tener una educación decente, aunque se venda al sistema, aunque sea por la estúpida sensación de creerse mejor que ese 31.9%. Aunque pensándolo bien, quien no haya acabado la ESO, dudo que sepa lo que es un blog (toma generalización vasta).
Y sufriendo estas razones de suicidio, vivimos en ellas, nadamos en nuestra mierda, y lo que es peor: como quien está orgulloso de ser del Málaga C.F. porque es un equipo mas bien malo, y pone su orgullo ante su raciocinio para defenderlo*; nosotros estamos orgullosos de nuestra mierda. Quiero decir, ¿en qué universo, bajo la mirada de desaprobación del Señor, puede existir un español patriota? ¿Patriota porqué? Es posible que nos falte algo más aparte de huevos. Es probable que hayamos perdido el pensamiento. ¿Acaso lo tuvimos alguna vez?
*Sobre la actitud "ultra" y el absurdo de el enorgullecimiento de la pobredumbre, diré algo más adelante.
sábado, 12 de febrero de 2011
De pequeños no éramos felices, sino estúpidos.
No me refiero a que fuésemos felices por nuestra ignorancia, sino a que éramos estúpidos y sólamente estúpidos. Pues una vez que hemos crecido y usamos correctamente nuestro razonamiento, nos damos cuenta de dos cosas:
Primero que, en la mayoría de los seres humanos al menos, se da un progreso en cuanto a lo que intelectualmente se refiere. Tienden a madurar y aumenta su astucia, su responsabilidad y mejoran su habilidad de utilizar el pensamiento. Todo ello acompañado o implicando a un aumento, y este es el progreso más claro y perceptible, de la conciencia sobre el mundo y ellos mismos.
Por otro lado, la felicidad se persigue, no se consigue; y cuando se tiene no se es consciente permanentemente de ella, pues apenas dura unos pocos momentos. Digo esto en cuanto que sólo nos damos cuenta de lo felices que hemos sido cuando el momento de felicidad ya ha pasado; así ocurrió con nuestra infancia, y así ocurre en toda nuestra vida.
En conclusión, la felicidad no es felicidad, sino inconsciencia del mundo y las cosas, de la vida; en esencia, inconscientes. En este sentido fuimos estúpidos de niños, en cuanto que fuimos inconscientes, lo que hoy en día se entiende, erróneamente a mi juicio, por "felices".
Por otra parte he de señalar que, aunque otras personas se hayan dado cuenta, reflexionando, de que un modo de creer ser "feliz" es la inconsciencia, hay algo que empuja al ser humano a seguir siendo consciente, a no idiotizarse. Quizás por el miedo a ser menospreciado en la sociedad al vivir inconscientemente, o puede que sea que el destino del hombre no es ser feliz. Quizás es por el sueño ideal del
hombre, de ser feliz y consciente a la vez, que tanto hemos luchado por él que ya no queremos deshacernos de todo el camino andado y volvernos instantáneamente inconscientes, por orgullo de lo que hemos realizado buscando ser felices. En todo caso, son solo juicios, pensamientos, reflexiones que solo tenemos por culpa de nuestra consciencia. Si no la tuviéramos, y no la tuviéramos nunca, simplemente seríamos lo que hoy llaman "felices", y no nos preguntaríamos siquiera la causa de nuestra "felicidad".
A lo que he de añadir; siendo yo consciente, ¿puedo establecer un juicio sobre que la felicidad está en la inconsciencia? No, pero tampoco puedo, siendo inconsciente, establecer juicio alguno, por lo que estoy seguro de que siendo consciente y racional como en este momento, estoy pensando verdaderamente y, si no verdaderamente, al menos, estoy pensando, que es más de lo que podría hacer en mi inconsciencia.
Además he de decir que, si en algún momento algún adulto consciente ha llegado a creer que habia alcanzado la felicidad (por el medio de, por ejemplo: crear un vínculo familiar, criar a los hijos, tener un trabajo estable y tener tiempo para la reflexión y los disfrutes personales), no es porque sean estúpidos o inconscientes, sino por que no son "felices" de verdad. En primer lugar porque, como he explicado, no son inconscientes; por otra parte, porque estoy terriblemente seguro de que no es una "felicidad" como la que experimentaron de niños. Es una especie de alegría, normalmente intermitente, causada por la realización personal y espiritual, o al menos esto es en el ejemplo que he explicado. Y en este ejemplo, esto es lo más parecido a ser "feliz". Y ejemplos aparte, esta pseudo-felicidad es lo más parecido a la Eudaimonia griega, la alegría, el placer. De jápines.
Primero que, en la mayoría de los seres humanos al menos, se da un progreso en cuanto a lo que intelectualmente se refiere. Tienden a madurar y aumenta su astucia, su responsabilidad y mejoran su habilidad de utilizar el pensamiento. Todo ello acompañado o implicando a un aumento, y este es el progreso más claro y perceptible, de la conciencia sobre el mundo y ellos mismos.
Por otro lado, la felicidad se persigue, no se consigue; y cuando se tiene no se es consciente permanentemente de ella, pues apenas dura unos pocos momentos. Digo esto en cuanto que sólo nos damos cuenta de lo felices que hemos sido cuando el momento de felicidad ya ha pasado; así ocurrió con nuestra infancia, y así ocurre en toda nuestra vida.
En conclusión, la felicidad no es felicidad, sino inconsciencia del mundo y las cosas, de la vida; en esencia, inconscientes. En este sentido fuimos estúpidos de niños, en cuanto que fuimos inconscientes, lo que hoy en día se entiende, erróneamente a mi juicio, por "felices".
Por otra parte he de señalar que, aunque otras personas se hayan dado cuenta, reflexionando, de que un modo de creer ser "feliz" es la inconsciencia, hay algo que empuja al ser humano a seguir siendo consciente, a no idiotizarse. Quizás por el miedo a ser menospreciado en la sociedad al vivir inconscientemente, o puede que sea que el destino del hombre no es ser feliz. Quizás es por el sueño ideal del
hombre, de ser feliz y consciente a la vez, que tanto hemos luchado por él que ya no queremos deshacernos de todo el camino andado y volvernos instantáneamente inconscientes, por orgullo de lo que hemos realizado buscando ser felices. En todo caso, son solo juicios, pensamientos, reflexiones que solo tenemos por culpa de nuestra consciencia. Si no la tuviéramos, y no la tuviéramos nunca, simplemente seríamos lo que hoy llaman "felices", y no nos preguntaríamos siquiera la causa de nuestra "felicidad".
A lo que he de añadir; siendo yo consciente, ¿puedo establecer un juicio sobre que la felicidad está en la inconsciencia? No, pero tampoco puedo, siendo inconsciente, establecer juicio alguno, por lo que estoy seguro de que siendo consciente y racional como en este momento, estoy pensando verdaderamente y, si no verdaderamente, al menos, estoy pensando, que es más de lo que podría hacer en mi inconsciencia.
Además he de decir que, si en algún momento algún adulto consciente ha llegado a creer que habia alcanzado la felicidad (por el medio de, por ejemplo: crear un vínculo familiar, criar a los hijos, tener un trabajo estable y tener tiempo para la reflexión y los disfrutes personales), no es porque sean estúpidos o inconscientes, sino por que no son "felices" de verdad. En primer lugar porque, como he explicado, no son inconscientes; por otra parte, porque estoy terriblemente seguro de que no es una "felicidad" como la que experimentaron de niños. Es una especie de alegría, normalmente intermitente, causada por la realización personal y espiritual, o al menos esto es en el ejemplo que he explicado. Y en este ejemplo, esto es lo más parecido a ser "feliz". Y ejemplos aparte, esta pseudo-felicidad es lo más parecido a la Eudaimonia griega, la alegría, el placer. De jápines.
jueves, 10 de febrero de 2011
Reflexiones sobre la guerra. El anarco-fachismo.
Quizás es sólo porque el ser humano quiere lo que no puede tener, pero quiero una guerra.
Una generación que no ha vivido una guerra, no valorará la democracia. Por eso nuestra generación está tan cabreada, es tan quejica y violenta. Necesitamos desfogar. Necesitamos un vacio legal para hacer lo que está prohibido, o lo que se considera malo.
Necesitamos hacer algo inhumano, para sentirnos humanos. Creemos que no tenemos límites, pero sólamente porque nadie nos lo ha establecido (¿leyes? ¿qué leyes? ¿hay alguien legal en el mundo, o es solo un ideal?); todos son mimos de nuestros padres, para que no suframos como ellos...
Antes se vivía más y mejor. No tenemos la sensación de gloria y de victoria de nuestros padres al ganar una guerra, ni el hundimiento en la humildad al perderla; no hemos tenido que luchar por un plato en la mesa para aprender a valorarlo.
Además a nuestro país en concreto le falta unidad; la única vez que se observa a España unida es en los mundiales de fútbol, y tampoco del todo. ¿Veis la energía que tienen los estadounidenses? ¿Está equiparada a su patriotismo, porque son un estado, y consideran al país como una causa para la lucha en la vida o en la guerra? ¿Es por eso que aquí somos tan vagos y poco trabajadores, porque no tenemos una causa por la que luchar? Desde este punto de vista se favorece el argumento, creo yo, del patriotismo y el desprecio que tienen los fachas hacia los rojos, considerando a éstos como pueblo pseudo-obrero, vagos, perezosos...
Estoy trabajando en un argumento que defienda la necesidad del "derechismo" en España, pues es evidente que hace falta mano dura. Y nada para unir más a un país que la crisis, para hacer renacer el ansia de imperialismo, y que sea imperialismo económico.
Siempre me consideré un anti-sistema, pero no puedo negar que como filosofía de vida, el pensamiento obrero deja mucho que desear, pues acabaremos todos siendo hombres-masa, como decía ciertamente Ortega. El "fachismo" te da una razón para vivir la vida en su plenitud, para alcanzar la cima, ser el mejor, ser recordado... y el "obrerismo" te deja en la mediocridad. El primero piensa en dejar atrás la escoria y plantar la bandera de tu patria en lo alto de la mierda que rodea constantemente al español medio. Pero el segundo no piensa en subir a la cima, sino hacer bajar a los que tanto han luchado por llegar hasta ella. Por supuesto, no pasaré al extremo de apoyar la tradición o el conservadurismo; estos son derivaciones políticas extremas que caben en mi pensamiento pero que no estoy dispuesto a compartir. Creo en un sistema rotativo, que todos saboreemos esa gran victoria sobre el mundo, que nadie muera desconocido.
Creo que, si no hay más guerras en el mundo, habrá que crearlas, o acabaremos todos locos.
Una generación que no ha vivido una guerra, no valorará la democracia. Por eso nuestra generación está tan cabreada, es tan quejica y violenta. Necesitamos desfogar. Necesitamos un vacio legal para hacer lo que está prohibido, o lo que se considera malo.
Necesitamos hacer algo inhumano, para sentirnos humanos. Creemos que no tenemos límites, pero sólamente porque nadie nos lo ha establecido (¿leyes? ¿qué leyes? ¿hay alguien legal en el mundo, o es solo un ideal?); todos son mimos de nuestros padres, para que no suframos como ellos...
Antes se vivía más y mejor. No tenemos la sensación de gloria y de victoria de nuestros padres al ganar una guerra, ni el hundimiento en la humildad al perderla; no hemos tenido que luchar por un plato en la mesa para aprender a valorarlo.
Además a nuestro país en concreto le falta unidad; la única vez que se observa a España unida es en los mundiales de fútbol, y tampoco del todo. ¿Veis la energía que tienen los estadounidenses? ¿Está equiparada a su patriotismo, porque son un estado, y consideran al país como una causa para la lucha en la vida o en la guerra? ¿Es por eso que aquí somos tan vagos y poco trabajadores, porque no tenemos una causa por la que luchar? Desde este punto de vista se favorece el argumento, creo yo, del patriotismo y el desprecio que tienen los fachas hacia los rojos, considerando a éstos como pueblo pseudo-obrero, vagos, perezosos...
Estoy trabajando en un argumento que defienda la necesidad del "derechismo" en España, pues es evidente que hace falta mano dura. Y nada para unir más a un país que la crisis, para hacer renacer el ansia de imperialismo, y que sea imperialismo económico.
Siempre me consideré un anti-sistema, pero no puedo negar que como filosofía de vida, el pensamiento obrero deja mucho que desear, pues acabaremos todos siendo hombres-masa, como decía ciertamente Ortega. El "fachismo" te da una razón para vivir la vida en su plenitud, para alcanzar la cima, ser el mejor, ser recordado... y el "obrerismo" te deja en la mediocridad. El primero piensa en dejar atrás la escoria y plantar la bandera de tu patria en lo alto de la mierda que rodea constantemente al español medio. Pero el segundo no piensa en subir a la cima, sino hacer bajar a los que tanto han luchado por llegar hasta ella. Por supuesto, no pasaré al extremo de apoyar la tradición o el conservadurismo; estos son derivaciones políticas extremas que caben en mi pensamiento pero que no estoy dispuesto a compartir. Creo en un sistema rotativo, que todos saboreemos esa gran victoria sobre el mundo, que nadie muera desconocido.
Creo que, si no hay más guerras en el mundo, habrá que crearlas, o acabaremos todos locos.
jueves, 27 de enero de 2011
La tesis de la contradicción.
El ser humano es parte racional, parte irracional, y por tanto, y en suma, contradictorio. Necesitamos lo absurdo para vivir. Cuanto menos podemos poseer algo, más lo ansiamos. El primer ejemplo real que se me ocurre es la debilidad de la voluntad; este fenómeno consiste en que tenemos más razones para hacer X que para hacer Y, pero al final hacemos Y. Porque la carne es débil, como dice el evangelio. A parte de esto, os dejo a vosotros, juiciosos lectores, que observéis en el día a día los eventos de tal absurdo que encontráis en vuestra vida, y comprenderéis lo que digo. Todo aquel momento en el que influya algo más que lo meramente físico, pues este campo es predecible y lógico, tendrá algo de contradictorio en su conjunto, y si ahondáis en el tema, encontraréis algo de ilógico también en sus pequeñas partes.
Tenemos una relación de amor - odio con el cosmos; con las personas se explicita en mayor medida, pero también con las cosas, con los Dioses (los veneramos y luego cuando nos fallan los maldecimos) e incluso con nosotros mismos. Pero no todo es amor y odio, aunque sí en gran medida, pues el éstos mueven el mundo como todo lo demás que es discordante en esta vida.
Entonces, desde un punto de vista antropocéntrico; una ontología correcta ha de ser contradictoria. Un pequeño paréntesis: para justificar este paso de la antropología a la cosmología, me baso en una frase heraclítea. Heráclito reprocha al poeta que dijo: «¡Ojalá se extinguiera la discordia de entre los dioses y los hombres!", pues no habría armonía si no hubiese agudo y grave, ni animales si no hubiera hembra y macho, que están en oposición mutua.
Tenemos una relación de amor - odio con el cosmos; con las personas se explicita en mayor medida, pero también con las cosas, con los Dioses (los veneramos y luego cuando nos fallan los maldecimos) e incluso con nosotros mismos. Pero no todo es amor y odio, aunque sí en gran medida, pues el éstos mueven el mundo como todo lo demás que es discordante en esta vida.
Entonces, desde un punto de vista antropocéntrico; una ontología correcta ha de ser contradictoria. Un pequeño paréntesis: para justificar este paso de la antropología a la cosmología, me baso en una frase heraclítea. Heráclito reprocha al poeta que dijo: «¡Ojalá se extinguiera la discordia de entre los dioses y los hombres!", pues no habría armonía si no hubiese agudo y grave, ni animales si no hubiera hembra y macho, que están en oposición mutua.
Pues igual que a un pueblo vago y tramposo, que trabaja en economías sumergidas mientras cobra el subsidio de desempleo, le corresponde un gobierno corrupto; a una vida contradictoria le corresponde una idea del cosmos contradictoria, en contenido y en forma.
El problema de la filosofía era querer acoger la realidad caótica con una razón lógica: a partir de Hegel, podemos decir que ya no tiene ese handicap. Hegel es el todo complejo explicado desde la unidad más simple, una teoría universal de todos los modos de teorías filosóficas: ya el hombre, ya el mundo, ya Dios; todo se reduce a la tesis, la antítesis y la síntesis.
Dejando a un lado mi erección hegeliana, volvamos a la tesis: es por esto es por lo que nos planteamos tantas preguntas sin respuesta. Por esto es por lo que odiamos y amamos, reímos y lloramos; es la tesis heraclítea: si no hay contradicción, si no hay tensión de opuestos, entonces no hay energía, no hay altibajos. Y no conocemos otra vida que la de contrastes, aquella en la que la felicidad es el Bien Supremo porque es aparentemente inalcanzable, en la que el amor platónico es tal sólo cuando no existe como tal. En el fondo no queremos calma y disfrute, no es ésta la verdadera felicidad. Queremos depurar el alma mediante la tristeza, y que llegue la felicidad como una venida de Dios, una revelación divina que nos llene del placer espiritual verdadero: entender la verdad de lo lógico, sentir el amor de lo irracional, tras encontrarnos perdidos en el entendimiento y solitarios en nuestro corazón.
Y entonces, ¿qué nos queda por hacer en esta vida, si nada se puede hacer correctamente, es decir, de acuerdo con el cosmos contradictorio? Nos queda plantearnos estas grandes preguntas absurdas, llamadas planteamientos filosóficos, nos queda comprender la escasa lógica que hay en esta vida, pero también nos queda comprender lo irracional, no con la razón obviamente, sino con el corazón. Que no es tanto entender o comprender, entonces, sino sentir, amar y odiar. La actitud hacia la vida incoherente y disparatada no es otra que comprender el gran universo y experimentar los secretos paradójicos, es decir, las pasiones que esconde éste.
Igual que en el mundo hay res extensa que funciona con igual lógica que nuestra res extensa, el cuerpo; en el mundo hay res "sentiente", hay algo inmaterial, inmensurable por ciencia alguna, que funcionará, seguramente, como funcionan las pasiones en nuestro alma. La armonía contiene al caos, pues, si no, no sería armonía, quedando el caos fuera de ella: ha de contener todos los elementos y todos han de encajar. Heráclito lo decía ya: la tensión de opuestos mantiene el orden armonioso; el orden y el caos han de encajar como el amor y el odio, como el ying y el yang.
Además, esta contradicción es necesaria en la vida, igual que en la naturaleza. Necesitamos contrarios en nuestra vida, para alternarlos y diferenciarlos, para sufrirlos y luego disfrutarlos. Aunque sepa que la diversión es mejor que el trabajo, valoraré más mi tiempo de ocio si tengo tiempo de deberes. Y esta sociedad nace con derechos, tantos que eclipsan los deberes. Esta será seguramente una de las causas de nuestra infelicidad: no cumplimos nuestros deberes, nos rebajamos a recibir subvenciones y no trabajamos. Buscamos el constante e intenso placer, pero si nunca hemos sentido el constante e intenso dolor... no podremos disfrutar lo placentero en su plenitud. Si no satisfacemos nuestra dimensión práctica, además de perder pequeños momentos de placer que son exclusivos del deber, del trabajar, no podremos satisfacer la hedonista. Estos son los medios para el fin de la vida: ir rellenando lo más equitativamente posible las dimensiones del ser humano, para alcanzar, primero y en vida, las pequeñas dosis de felicidad que proporcionan éstos medios, y en el momento de la muerte práctica del hombre, la gran felicidad de haberlo hecho todo en la vida. Pero no es simplemente la felicidad, sino la felicidad con tristeza. No es una felicidad constante la que se puede hallar en vida, pues en vida somos aún caóticos, somos aún armoniosos con el cosmos. Quizás sólo en la muerte se alcance la eterna felicidad, pues allí no parece haber contradicción, esto es, en la nada. La nada es el vacío, por tanto, el vacío de vida y de contradicción, por tanto incognoscible por el hombre vivo y contradictorio. Así es como, partiendo del hedonismo y su relación con la dimensión práctica del hombre, a través de la tesis de la contradicción, se llega a concluir que el fin del hombre es la felicidad. Pero son infinitos los caminos para llegar a esta verdad.
Amigdalitis flemonosa
Estaba en el hospital pasando esta curiosa enfermedad la noche de Halloween, y me apetecía escribir pero no estaba inspirado. El delirio me llevó a empezar a escribir frases sueltas que se me pasaban por la mente, cuando me quedaba en blanco o no se me ocurría ninguna idea. Luego rellené los huecos entre estas palabras o frases, y así quedó:
Buscamos decir algo que... nos llene. Algo que nos ponga los pelos de punta, buscamos un equilibrio perfecto entre la poesía y la verdad. Porque lo racional es algo inmensurable, es jodidamente grande. Porque al entender una pequeña porción de la gran teoría, respiras hondo, abres tu mente, lo sientes, claro que sí, ahora más que nunca, la verdad te invade, las palabras salen solas, todo tiene sentido, y en el mismo instante en que la posees, se te escapa entre los dedos, porque es inmensa, celestial, inabarcable. Cuanto más creas que te acercas a la verdad, menos sabes. No conocerás nada nuevo, no conoces un número x de verdades, el conocimiento no funciona así; simplemente piensas, y vas dejando atrás cosas que ves pasar fugazmente ante tus ojos, las tocas, vuelves a suspirar, es mágico. Como para no volverse loco, en esta vida en la que nadie tiene lo que merece, en la que el objetivo de todo el mundo es siempre blanco o negro, a cada cual más estúpido. Personas que se creen, no sé, la verdad, ahora voy de "viva la mediocridad, somos nadie, moriremos así, pero quiero ser a la vez alguien, ser recordado, si no es por lo que hice bien, será por las enormes atrocidades que cometí, el día del juicio final estaba ocupado, estaba depre porque tengo un problema, no soy feliz, y nado, nado, nado en mi mierda hasta que me sepa a almíbar, porque es demasiado duro salir de ella y seguir adelante. Porque todo lo bello que fabriquemos en la vida no va a salir de una chistera, pero podemos amar lo bello, siempre, sólo unos pocos afortunados saben cual es la verdad. Te acabas aburriendo de todo, ningún subidón merece la pena si al final todo se equilibra de nuevo. Vuelves a la realidad, te miras al espejo, a los ojos, melancohólico, ¿quién soy?¿y ahora qué? la vida es demasiado dura para pensarla, voy a dormir, y cuando me despierte, dormiré despierto. Alabemos lo irracional, viva la relativización de todo, envidiemos al mundo, envidiemos a la gente honorable y verdadera, tanto que lleguemos a odiarla. Apedreemos la verdad, porque no podemos tenerla. Porque no aceptamos nuestras limitaciones. Crecimos con ideales y una educación que nos hizo creer que seríamos algo, alguien. Y cuando comenzamos a crecer, nos encontramos rodeados de nihilismo. Todo es mentira. Todo. No llegaremos a poseer la verdad, luego la única solución es mentir, adorar lo arracional, e interponernos en el camino de todo aquel que intente lo contrario. Busquemos la práctica por la práctica. Habladuriemos, el caso es morir habiendo dejado algo detrás. Y como no dejamos nada detrás por nosotros mismos, procreamos. Todo es egoísmo. Todo. Yo no he sido nadie, pero haré que mi hijo triunfe, y así yo triunfaré, porque yo le di la vida. Mi hijo luego, probablemente, será igual de egoísta que yo, y como fracasará, tendrá otro hijo. Porque solo los valientes mueren sin dejar rastro en la faz de la tierra. Porque la verdad no necesita hijos, no necesita vástagos, es pura, bella y racional, es ella en sí misma, flamante luz que ciega a los que no quieren verla. Solo los que se acercan más a la verdad, saben que perpetuar esta especie, que no consigue nada de lo que quiere, que nunca llega a ser feliz del todo, ni consigue saber toda la verdad, ni llega a ser perfecto, ni siquiera mediocre, es vacuo objetivo. Apenas se acordarán de mí, somos demasiada gente en esta tierra, y es un problema. Solo los más sabios dicen no serlo, ni ser perfectos, ni siquiera puedo afirmar que sea humano, y dime, ¿qué es el ser humano?
Todo, absolutamente todo lo que ves es mentira. Ladrillo a ladrillo, paso a paso, hemos construido una gran mentira: el mundo. La teoría puede ser verdadera o falsa, la práctica ha de ser buena o mala, moral o inmoral. No hay una práctica verdadera. Solo son falsedades; y por eso la gente la ama. Es tan sencillo; funciona o no... ¿qué fue antes, el huevo o la gallina? Me da igual; ¿son buenos los huevos?
Buscamos decir algo que... nos llene. Algo que nos ponga los pelos de punta, buscamos un equilibrio perfecto entre la poesía y la verdad. Porque lo racional es algo inmensurable, es jodidamente grande. Porque al entender una pequeña porción de la gran teoría, respiras hondo, abres tu mente, lo sientes, claro que sí, ahora más que nunca, la verdad te invade, las palabras salen solas, todo tiene sentido, y en el mismo instante en que la posees, se te escapa entre los dedos, porque es inmensa, celestial, inabarcable. Cuanto más creas que te acercas a la verdad, menos sabes. No conocerás nada nuevo, no conoces un número x de verdades, el conocimiento no funciona así; simplemente piensas, y vas dejando atrás cosas que ves pasar fugazmente ante tus ojos, las tocas, vuelves a suspirar, es mágico. Como para no volverse loco, en esta vida en la que nadie tiene lo que merece, en la que el objetivo de todo el mundo es siempre blanco o negro, a cada cual más estúpido. Personas que se creen, no sé, la verdad, ahora voy de "viva la mediocridad, somos nadie, moriremos así, pero quiero ser a la vez alguien, ser recordado, si no es por lo que hice bien, será por las enormes atrocidades que cometí, el día del juicio final estaba ocupado, estaba depre porque tengo un problema, no soy feliz, y nado, nado, nado en mi mierda hasta que me sepa a almíbar, porque es demasiado duro salir de ella y seguir adelante. Porque todo lo bello que fabriquemos en la vida no va a salir de una chistera, pero podemos amar lo bello, siempre, sólo unos pocos afortunados saben cual es la verdad. Te acabas aburriendo de todo, ningún subidón merece la pena si al final todo se equilibra de nuevo. Vuelves a la realidad, te miras al espejo, a los ojos, melancohólico, ¿quién soy?¿y ahora qué? la vida es demasiado dura para pensarla, voy a dormir, y cuando me despierte, dormiré despierto. Alabemos lo irracional, viva la relativización de todo, envidiemos al mundo, envidiemos a la gente honorable y verdadera, tanto que lleguemos a odiarla. Apedreemos la verdad, porque no podemos tenerla. Porque no aceptamos nuestras limitaciones. Crecimos con ideales y una educación que nos hizo creer que seríamos algo, alguien. Y cuando comenzamos a crecer, nos encontramos rodeados de nihilismo. Todo es mentira. Todo. No llegaremos a poseer la verdad, luego la única solución es mentir, adorar lo arracional, e interponernos en el camino de todo aquel que intente lo contrario. Busquemos la práctica por la práctica. Habladuriemos, el caso es morir habiendo dejado algo detrás. Y como no dejamos nada detrás por nosotros mismos, procreamos. Todo es egoísmo. Todo. Yo no he sido nadie, pero haré que mi hijo triunfe, y así yo triunfaré, porque yo le di la vida. Mi hijo luego, probablemente, será igual de egoísta que yo, y como fracasará, tendrá otro hijo. Porque solo los valientes mueren sin dejar rastro en la faz de la tierra. Porque la verdad no necesita hijos, no necesita vástagos, es pura, bella y racional, es ella en sí misma, flamante luz que ciega a los que no quieren verla. Solo los que se acercan más a la verdad, saben que perpetuar esta especie, que no consigue nada de lo que quiere, que nunca llega a ser feliz del todo, ni consigue saber toda la verdad, ni llega a ser perfecto, ni siquiera mediocre, es vacuo objetivo. Apenas se acordarán de mí, somos demasiada gente en esta tierra, y es un problema. Solo los más sabios dicen no serlo, ni ser perfectos, ni siquiera puedo afirmar que sea humano, y dime, ¿qué es el ser humano?
Todo, absolutamente todo lo que ves es mentira. Ladrillo a ladrillo, paso a paso, hemos construido una gran mentira: el mundo. La teoría puede ser verdadera o falsa, la práctica ha de ser buena o mala, moral o inmoral. No hay una práctica verdadera. Solo son falsedades; y por eso la gente la ama. Es tan sencillo; funciona o no... ¿qué fue antes, el huevo o la gallina? Me da igual; ¿son buenos los huevos?
jueves, 1 de julio de 2010
Psiquiatras, psicólogos y otros enfermos.
Entré y allí estaba, con su libreta donde pensaba dibujar animales o tías desnudas mientras yo le contaba mis secretos más profundos. Gabinete de psicología Hernández. Abajo ponía "curamos su alma". Ahora resulta que se creen dioses por recetar drogas. ¿Quién necesita a un argentino para confundirte sexual y moralmente? Si Sócrates levantara cabeza... Decidí contarle una historia distinta, ya me desahogué demasiado con lo de mi ex-novia.
- Doctor, tengo un sueño que se repite.
- ¿Y qué es lo que ocurre en ese sueño?
- Pues me encuentro en pleno centro, rodeado de gente que... no sé, es una sensación muy rara, verá: están todos llorando, pero no tienen lágrimas, ¿sabe? Es complicado.
- Siga, siga, tenemos todo el tiempo que pueda pagar.
- Mire, algunos se están ahorcando pero moviéndose a la vez, como si no soportasen el peso de la realidad sobre su espalda, e intentan desesperados arrastrarse a donde quieren ir. Pero la soga no les deja.
- ¿Por qué me cuenta esto? ¿cree que esa soga puede ser usted?
- No, no. Yo no tengo ningún problema con ellos; pero soy el único que está normal, y los demás están en esas circunstancias que le he explicado, o bien jugueteando con una pistola en posición fetal, en mitad de la calle, ¿no le extraña?
- Es posible que tenga usted tendencias suicidas, ¿sabe?
- Eso pensé, pero amo la vida en todo su esplendor, lo que no me gusta es la gente. Gente que, con tal de no hacerse daño por fuera, se muere por dentro... Sí, eso es, quieren ser ellos mismos, pero la sociedad no les deja, y les hace mostrar una cara que no es la suya. Antes que dañar una imagen social que creen tener en su paranoia, encierran a su yo más profundo, para parecer lo que creen que es normal. Prefieren llorar en silencio a llorar en público, y creo que eso no está bien.
- ¿Usted cree que llorar en público está bien?
- Creo que la sociedad mata al yo, no le hablo de mi mente, sino de el hombre en sí. Hay muchas personas, todas únicas, una gran diversidad de experiencias, de posibles relaciones puras, y se contaminan y envenenan en el momento en que todos tenemos las mismas experiencias.
- Bien. Luego cree que las personas no deberían tener cosas en común.
- No lo sé. Supongo que está bien hasta cierto punto. Pero si todos vivimos lo mismo, ¿qué gracia tiene? El narcisismo ha llegado hasta tal punto que buscamos a una persona que se parezca a mí para que no nos desenamoremos de nosotros mismos. Yo, particularmente, prefiero lo diferente. Quiero decir, yo soy la única persona que veré toda mi vida, y lo divertido es conocerte a través de otros, también. Pero si son como tú, opinarán lo mismo que tú, no quedará hueco para la libre interpretación. Nuestra sociedad de consumo nos ha embaucado en el más absurdo de los caminos que se puede proponer el hombre: la impersonalidad.
- Vaya...
De repente el psicólogo bajó la mirada. Creo que fue la primera vez que lo vi reflexionar. Luego me miró cabizbajo y me pidió que le cediera mi sitio. Tras hacerlo, se tumbó en el sofá donde yo me encontraba, tiró la libreta a la papelera y empezó a hablar.
- Realmente, quién es el loco, quién es el cuerdo...
- Todo depende de cuanta gente haya de cada bando para determinar quién tiene el problema. Es muy triste.
Se echó las manos a la cara y comenzó a gimotear. Así, como lo cuento. Empezó a llorar desconsoladamente, y me sentí incómodo. Pensé que le había recordado algún problema existencial y le había hundido la moral.
- ¿Hay algo que pueda hacer por usted?
- No sé qué sentido tiene mi vida. Estoy más loco que todos los que se han sentado en este sofá -dijo con cara de perplejidad, pero rojo como si intentase deshacer el nudo de su garganta-. ¡Se suponía que iba a cambiar un poco el mundo, ostia! Y aquí estoy... retorciendo los principios de la gente para evitar suicidios. Realmente quiero que mueran. Ellos quieren morir, yo quiero dejarles. El único problema es que si no hay locos, no cobro.
- Pues vaya.
- ¡¡Debería matarlos a todos, empezando por usted!!
- Debería cambiar el mundo empezando por usted.
- Doctor, tengo un sueño que se repite.
- ¿Y qué es lo que ocurre en ese sueño?
- Pues me encuentro en pleno centro, rodeado de gente que... no sé, es una sensación muy rara, verá: están todos llorando, pero no tienen lágrimas, ¿sabe? Es complicado.
- Siga, siga, tenemos todo el tiempo que pueda pagar.
- Mire, algunos se están ahorcando pero moviéndose a la vez, como si no soportasen el peso de la realidad sobre su espalda, e intentan desesperados arrastrarse a donde quieren ir. Pero la soga no les deja.
- ¿Por qué me cuenta esto? ¿cree que esa soga puede ser usted?
- No, no. Yo no tengo ningún problema con ellos; pero soy el único que está normal, y los demás están en esas circunstancias que le he explicado, o bien jugueteando con una pistola en posición fetal, en mitad de la calle, ¿no le extraña?
- Es posible que tenga usted tendencias suicidas, ¿sabe?
- Eso pensé, pero amo la vida en todo su esplendor, lo que no me gusta es la gente. Gente que, con tal de no hacerse daño por fuera, se muere por dentro... Sí, eso es, quieren ser ellos mismos, pero la sociedad no les deja, y les hace mostrar una cara que no es la suya. Antes que dañar una imagen social que creen tener en su paranoia, encierran a su yo más profundo, para parecer lo que creen que es normal. Prefieren llorar en silencio a llorar en público, y creo que eso no está bien.
- ¿Usted cree que llorar en público está bien?
- Creo que la sociedad mata al yo, no le hablo de mi mente, sino de el hombre en sí. Hay muchas personas, todas únicas, una gran diversidad de experiencias, de posibles relaciones puras, y se contaminan y envenenan en el momento en que todos tenemos las mismas experiencias.
- Bien. Luego cree que las personas no deberían tener cosas en común.
- No lo sé. Supongo que está bien hasta cierto punto. Pero si todos vivimos lo mismo, ¿qué gracia tiene? El narcisismo ha llegado hasta tal punto que buscamos a una persona que se parezca a mí para que no nos desenamoremos de nosotros mismos. Yo, particularmente, prefiero lo diferente. Quiero decir, yo soy la única persona que veré toda mi vida, y lo divertido es conocerte a través de otros, también. Pero si son como tú, opinarán lo mismo que tú, no quedará hueco para la libre interpretación. Nuestra sociedad de consumo nos ha embaucado en el más absurdo de los caminos que se puede proponer el hombre: la impersonalidad.
- Vaya...
De repente el psicólogo bajó la mirada. Creo que fue la primera vez que lo vi reflexionar. Luego me miró cabizbajo y me pidió que le cediera mi sitio. Tras hacerlo, se tumbó en el sofá donde yo me encontraba, tiró la libreta a la papelera y empezó a hablar.
- Realmente, quién es el loco, quién es el cuerdo...
- Todo depende de cuanta gente haya de cada bando para determinar quién tiene el problema. Es muy triste.
Se echó las manos a la cara y comenzó a gimotear. Así, como lo cuento. Empezó a llorar desconsoladamente, y me sentí incómodo. Pensé que le había recordado algún problema existencial y le había hundido la moral.
- ¿Hay algo que pueda hacer por usted?
- No sé qué sentido tiene mi vida. Estoy más loco que todos los que se han sentado en este sofá -dijo con cara de perplejidad, pero rojo como si intentase deshacer el nudo de su garganta-. ¡Se suponía que iba a cambiar un poco el mundo, ostia! Y aquí estoy... retorciendo los principios de la gente para evitar suicidios. Realmente quiero que mueran. Ellos quieren morir, yo quiero dejarles. El único problema es que si no hay locos, no cobro.
- Pues vaya.
- ¡¡Debería matarlos a todos, empezando por usted!!
- Debería cambiar el mundo empezando por usted.
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