No todos los libros son iguales. Los hay que dicen más y los hay que no tanto. Pero qué sabré yo. Si sólo escribo. Vosotros leéis. Para vosotros, mi primer libro. Por si os quiere decir algo.
https://mega.nz/#!T9QzxKTY!rQ11rRsSzMrYz9iia9e-1uCqUBneQ5G3X5-gkOSbEWE
Alicia muchas veces habrá podido ver a un gato sin sonrisa, pero nunca a una sonrisa sin gato. "Siempre llegarás a alguna parte si caminas lo bastante". El gato de Cheshire.
domingo, 2 de octubre de 2016
lunes, 14 de septiembre de 2015
Tenemos un trato.
Con soberbia constancia el astro rey se levanta cada mañana
Y las brillantes estrellas mutantes resbalan en el frío de la noche
Hoy ha muerto un planeta, nació muerto, y se echó a reír
Y yo, estupefacto, enamorado,
y como siempre, a destiempo
Me eché a llorar
Indiferente vacío de huecos sin nombre al que llamamos hogar
Piérdete, universo, ya no quiero verte más
A menos que seas sólo uno
A menos que el cielo sea siempre el mismo atardecer sin pausa
A menos que cada átomo se mueva a mi antojo
A menos que un valle de lágrimas se llene de gozo
Y la muerte sea una broma pesada que asoma despistada
Prefiero mil y mil veces una eterna sonrisa quebrada
Un corazón abierto de superficie perlada
Unas tiritas fuertes que sujetaron la conciencia
Y escaparon de la muerte
Por huir de la nada
Prefiero mil y mil veces la eterna canción
Que surge desde los diez en tu corazón
Que no paraste nunca de perfeccionar
Y te dará el salto acrobático triunfal
Prefiero ver que ríes y sonríes sin parar
Y ya no somos tú ni yo
Ni quienes tengan que ser
Ya prefiero que seas tú, la que haga llover
Y en el cristal de mi casa
Que es el mundo
Te vea caer
Que controles el universo
Tengas el mundo a tus pies
Que lo hagas más bello
Y concibas el verso que me hará conmover, otra vez
Me hablas de pena y yo veo alegría
Tristeza creadora nietzscheana es tu aporía
Ana del Carmen camina altiva y poderosa
Ignora los males que hicieron tu costra
Déjales morir por dentro cuales hienas
Que gracias a ellos, te convertiste en rosa de primavera
Y las brillantes estrellas mutantes resbalan en el frío de la noche
Hoy ha muerto un planeta, nació muerto, y se echó a reír
Y yo, estupefacto, enamorado,
y como siempre, a destiempo
Me eché a llorar
Indiferente vacío de huecos sin nombre al que llamamos hogar
Piérdete, universo, ya no quiero verte más
A menos que seas sólo uno
A menos que el cielo sea siempre el mismo atardecer sin pausa
A menos que cada átomo se mueva a mi antojo
A menos que un valle de lágrimas se llene de gozo
Y la muerte sea una broma pesada que asoma despistada
Prefiero mil y mil veces una eterna sonrisa quebrada
Un corazón abierto de superficie perlada
Unas tiritas fuertes que sujetaron la conciencia
Y escaparon de la muerte
Por huir de la nada
Prefiero mil y mil veces la eterna canción
Que surge desde los diez en tu corazón
Que no paraste nunca de perfeccionar
Y te dará el salto acrobático triunfal
Prefiero ver que ríes y sonríes sin parar
Y ya no somos tú ni yo
Ni quienes tengan que ser
Ya prefiero que seas tú, la que haga llover
Y en el cristal de mi casa
Que es el mundo
Te vea caer
Que controles el universo
Tengas el mundo a tus pies
Que lo hagas más bello
Y concibas el verso que me hará conmover, otra vez
Me hablas de pena y yo veo alegría
Tristeza creadora nietzscheana es tu aporía
Ana del Carmen camina altiva y poderosa
Ignora los males que hicieron tu costra
Déjales morir por dentro cuales hienas
Que gracias a ellos, te convertiste en rosa de primavera
miércoles, 3 de junio de 2015
Adiós.
La constancia siempre ha sido un
problema en mi vida. En mis viajes siempre empiezo colecciones, pero
cuando llego a otro sitio, me llama la atención una piedra (Niza) o
la jarra de un bar (Montpellier), y al final, lo que tengo es un
conglomerado de cosas sin patrón alguno, algo que las instituciones
podrían denominar Síndrome de Diógenes del trotamundos, pero que
yo prefiero denominar colección de colecciones inacabadas.
La constancia siempre ha sido un
problema en mi vida. He empezado un diario bastantes veces, pero
luego se me olvida o me hago olvidar, si acaso, yo mismo, porque no
he tenido ninguna experiencia tan trascendental como para ser escrita
en un montón de hojas sin tradición ninguna. Con lo cual, decido
dejarlo sólo para los días especiales. Pero luego, los días
especiales estoy demasiado ocupado disfrutando como para reducirlo a
simples y planas palabras.
La constancia siempre ha sido un
problema en mi vida. He sido, o al menos, pretendido ser, escritor,
diseñador gráfico, empresario, ingeniero, médico, bombero,
repostero, aviador, cantante de pop, filósofo, piloto de
motocicletas, mecánico de motocicletas, costalero, albañil,
calafate, alfarero, actor, actor porno, cámara del porno, doble de
actor porno, fotógrafo, florista, crítico de cine, bibliotecario,
catador de vinos, de aceite, de vírgenes...
La constancia siempre ha sido un
problema en mi vida. Ahora no, porque ella es constante. Porque es
valiente, porque no tiene miedo, y eso me enseña lo que yo soy.
Cuando somos continuos, cuando somos uno, sé lo que somos. Dos
locos, dos hitos, dos arrecifes que se encuentran en el abismo. Dos
metáforas bailando el intrépido, sensual y controvertido ritmo del
jazz.
La constancia siempre ha sido un
problema en mi vida. Ahora no, porque ella es constante, como no era
de esperar. Sin embargo, luego, se marchará, porque se marchará, y
entonces la pensaré y la pensaré, y notaré que ha dejado un hueco,
un vacío, un hito, una locura. Porque tienes un corazón que no te
cabe en el cerebro, y por eso te llaman loca. No vas a pasar de un
lado al otro de la eterna continuidad sin detenerte a recoger la miel
de las flores. No vas a pasar un sólo dia de tu vejez lamentando las
cosas que no hiciste. Y eso, sí, eso, es lo que yo quiero ser.
domingo, 17 de mayo de 2015
A tí.
A ti, que te conocí primero. Que te acaricié bajo las sábanas y te di vueltas y vueltas las noches de piratas y ron dulce. A ti, que te conocí bajo un cielo negro de ojos negros, blanca piel y terremotos frecuentes. A ti, que te gasté deprisa y te olvidé bajo las sábanas. A ti, tras tantos líos de falda, te echo mucho de menos. A ti vuelvo arrodillado con el corazón en mil pedazos, cada uno de una mujer, y te pido en vano que lo recompongas con tus dulces y fríos labios, que, en su lugar, utilizas para hundirme del todo y decirme que no. Acorralado frente a mi propia luz, perdido en un universo de energías que cesan de funcionar armónicamente. Recurro a ti porque me diste luz la primera, y aunque creas que no pienso en ti no es así, y cuando te veo siempre pienso durante algún tiempo en que la cagué. La cagué bien, y ahora sufro. (E)
A ti, bella, bellísima persona, de andares torpes e inocente voz. A ti, pequeño cosmos entre el caos, te lo ruego. No me hagas sufrir más. Dámelo ya, lo quiero. Estar contigo es rodear el estallido que algún día nos unirá. Y te irás, y yo me iré, y buscaré en otro lugar, pero me romperé, porque el calor del hogar sólo tú lo das. Eres lo que me inspira verso porque das miedo y bajo tu profecía busco orden. Bajo ningún otro pensamiento intento poner escaleras, rejillas, moldes ni esquemas. Nada me corroe por las venas cuando prostituyen a la razón. Es una ramera y es lo que se merece. Sólo cuando tú entras en este lado de oscuras pasiones que llamo últimamente mi vida, sólo entonces quiero convencerte de lo racional de tu razón. Sólo entonces busco sostener la confianza para que no resquebraje las potentes ideas que sostiene tu alocada cabecita. Porque amo cómo eres y deseo tu eternidad. Mierda, te quiero tanto que me inspiras pensamientos opusdeianos. Me descolocas, por muchas horas que pase contigo, me infantilizas. Se me contagia tu inocencia, tu risa, por dios, tu risa. Cuando te vas ya no siento nada porque mi presente es otro. Cuando dejas mi universo, se vuelve más frío, vacío, anodino, anhedónico, calmado. Una calma horrible que hace que me duela la cabeza. (C)
Cuánta confusión. Y cuán pocos sentimientos tengo ahora mismo, y todo es mental. Porque todo fue alguna vez pero ya no. Porque sentía el universo por fin tener sentido y ahora me hallo de nuevo solo. Nadie se preocupa por lo que haré el año que viene. Saben que lo haré bien. Que donde vaya haré amigos y tendré amor, y que donde vaya comeré caliente y limpiaré en frío. Pero todos se descuelgan de mis decisiones cuando son mías. Y echo de menos a ese otro que me daba seguridad en mi vida. Pero ya no es una decisión de dos. Ahora estoy sólo. Yo [sólo] me lo he buscado, como es lógico. Y a ratos se me cae esta historia que me he montado los últimos meses. Pero se que esto también soy yo. Y ojalá en los viajes me sienta como sé que soy. Es cuando me lanzo con una maleta cuando me encuentro, cuando me valgo. Es cuando me despido cuando me llega lo que tenía que llegarme hace tiempo. Cuando dejo de hacerme con los otros. Cuando el otro me acoge, cuando acojo a la muerte.
A ti, que como tú a mí, te he dejado para el final. A ti, bello gato gordo. Te odio a veces, por tonterías, y no se si utilizarlo para que te guste o guardarlo porque quieres comodidad. Sigo adaptándome porque aún nos quedan muchos condones que usar. No me parece lógico verte en algún otro momento de mi vida. No tiene sentido ninguno de estos meses, ni de nuestras frases, ni de nuestras acciones. Todo se rompe, otra vez. Y se hunde, pero, al menos, con elegancia. Pero, fin, la historia se repite. (C)
El mito de Sísifo es el último gran grito del hombre desesperado contra sí mismo, que no dirige adecuadamente sus energías, que no comprende la violencia y se violenta, y se hace daño para arreglar a cabezazos lo que sólo el contrario apaciguaría. Todos tenemos problemas que arrastramos siempre. Al menos, hasta ahora. Van cambiando de nombre pero sabemos que siguen siendo la misma cosa.
Pero, no está mal. Voluntad y valentía me han traído la alegría. Veremos que fórmula sigue para la vez próxima, y esperemos que me otorgue la misma confianza que la de un dios cactoide.
A ti, bella, bellísima persona, de andares torpes e inocente voz. A ti, pequeño cosmos entre el caos, te lo ruego. No me hagas sufrir más. Dámelo ya, lo quiero. Estar contigo es rodear el estallido que algún día nos unirá. Y te irás, y yo me iré, y buscaré en otro lugar, pero me romperé, porque el calor del hogar sólo tú lo das. Eres lo que me inspira verso porque das miedo y bajo tu profecía busco orden. Bajo ningún otro pensamiento intento poner escaleras, rejillas, moldes ni esquemas. Nada me corroe por las venas cuando prostituyen a la razón. Es una ramera y es lo que se merece. Sólo cuando tú entras en este lado de oscuras pasiones que llamo últimamente mi vida, sólo entonces quiero convencerte de lo racional de tu razón. Sólo entonces busco sostener la confianza para que no resquebraje las potentes ideas que sostiene tu alocada cabecita. Porque amo cómo eres y deseo tu eternidad. Mierda, te quiero tanto que me inspiras pensamientos opusdeianos. Me descolocas, por muchas horas que pase contigo, me infantilizas. Se me contagia tu inocencia, tu risa, por dios, tu risa. Cuando te vas ya no siento nada porque mi presente es otro. Cuando dejas mi universo, se vuelve más frío, vacío, anodino, anhedónico, calmado. Una calma horrible que hace que me duela la cabeza. (C)
Cuánta confusión. Y cuán pocos sentimientos tengo ahora mismo, y todo es mental. Porque todo fue alguna vez pero ya no. Porque sentía el universo por fin tener sentido y ahora me hallo de nuevo solo. Nadie se preocupa por lo que haré el año que viene. Saben que lo haré bien. Que donde vaya haré amigos y tendré amor, y que donde vaya comeré caliente y limpiaré en frío. Pero todos se descuelgan de mis decisiones cuando son mías. Y echo de menos a ese otro que me daba seguridad en mi vida. Pero ya no es una decisión de dos. Ahora estoy sólo. Yo [sólo] me lo he buscado, como es lógico. Y a ratos se me cae esta historia que me he montado los últimos meses. Pero se que esto también soy yo. Y ojalá en los viajes me sienta como sé que soy. Es cuando me lanzo con una maleta cuando me encuentro, cuando me valgo. Es cuando me despido cuando me llega lo que tenía que llegarme hace tiempo. Cuando dejo de hacerme con los otros. Cuando el otro me acoge, cuando acojo a la muerte.
A ti, que como tú a mí, te he dejado para el final. A ti, bello gato gordo. Te odio a veces, por tonterías, y no se si utilizarlo para que te guste o guardarlo porque quieres comodidad. Sigo adaptándome porque aún nos quedan muchos condones que usar. No me parece lógico verte en algún otro momento de mi vida. No tiene sentido ninguno de estos meses, ni de nuestras frases, ni de nuestras acciones. Todo se rompe, otra vez. Y se hunde, pero, al menos, con elegancia. Pero, fin, la historia se repite. (C)
El mito de Sísifo es el último gran grito del hombre desesperado contra sí mismo, que no dirige adecuadamente sus energías, que no comprende la violencia y se violenta, y se hace daño para arreglar a cabezazos lo que sólo el contrario apaciguaría. Todos tenemos problemas que arrastramos siempre. Al menos, hasta ahora. Van cambiando de nombre pero sabemos que siguen siendo la misma cosa.
Pero, no está mal. Voluntad y valentía me han traído la alegría. Veremos que fórmula sigue para la vez próxima, y esperemos que me otorgue la misma confianza que la de un dios cactoide.
martes, 12 de mayo de 2015
¿Es esto avanzar?
Tengo tanto dolor...
ARGH
Tengo tanto odio
ARGHHH
Tengo tanta impaciencia, tanta productividad, tantas RAYADAS que...
Un día explotaré, y será contigo, o con alguien, o conmigo.
Tanta proyección, tanto absurdo. Tanto tanto absurdo. No entiendo nada. Soy rubio, todo es confuso para mí.
Lloro.
Tengo tantos conflictos que resolver antes de vivir.
Pero es en la práctica donde se mejora. Es en el abrirse, el atreverse, y el experimentar. Es en la investigación. El resto está en las cabezas, y no existe. Es bonito, pero es lo pre - vital.
Mierda. Una vez más, me volvía a equivocar.
A veces veo a la gente pasar con sus vidas insulsas (proyecto) y me dan arcadas, superficialismo (proyecto), vanidad, imposición (proyecto), palabrería, superchería (proyecto), Violencia.
Qué decir de la violencia
Castigo, grito.
Penumbra, vacío.
Silencio...
El estúpido silencio de la naturaleza.
Con su indiferencia no hace sino acrecentar mi IRA!!!
Odio todo porque me odio a mí mismo; nada nuevo, por desgracia.
INSACIABLE HIJO DE PERRA.
¿Qué quieres, corazón? Me digo, mientras clavo mi pupila verde en tu pupila verde. Dímelo, y dejaré de llorar para perseguirlo con audacia y valentía. Dímelo, y lo dejaré todo. Dime la respuesta y veré el Ser por fin, y dejaré este mundo lleno de sinsentidos que es mi caótica, alienada y sobria existencia. Pero a ti, romanticismo superficial, luz entre las sombras, dejaré de quererte cuando sea feliz.
No sé por qué digo lo que digo.
Las más de las veces, ni lo pienso.
Me he estremecido esta mañana pensando en tus besos.
Tus besos, tus falsos y dulces besos.
Maldita sea la hora en que te conocí.
Porque entonces supe que,
bien podía encontrarme al amor de mi vida,
bien un polvo de baño de discoteca,
bien alguna cosa intermedia,
estaría perdido.
Porque ya no sentiría nada.
"Cuesta hacer hablar al corazón [y con - razón]
Cuando se le ha mandado callar tantas veces".
"Las personas bellas nacen del dolor".
El equilibrio místico, Conri, apréndetelo bien, depende siempre de una pizca de audacia.
Sapere aude.
ARGH
Tengo tanto odio
ARGHHH
Tengo tanta impaciencia, tanta productividad, tantas RAYADAS que...
Un día explotaré, y será contigo, o con alguien, o conmigo.
Tanta proyección, tanto absurdo. Tanto tanto absurdo. No entiendo nada. Soy rubio, todo es confuso para mí.
Lloro.
Tengo tantos conflictos que resolver antes de vivir.
Pero es en la práctica donde se mejora. Es en el abrirse, el atreverse, y el experimentar. Es en la investigación. El resto está en las cabezas, y no existe. Es bonito, pero es lo pre - vital.
Mierda. Una vez más, me volvía a equivocar.
A veces veo a la gente pasar con sus vidas insulsas (proyecto) y me dan arcadas, superficialismo (proyecto), vanidad, imposición (proyecto), palabrería, superchería (proyecto), Violencia.
Qué decir de la violencia
Castigo, grito.
Penumbra, vacío.
Silencio...
El estúpido silencio de la naturaleza.
Con su indiferencia no hace sino acrecentar mi IRA!!!
Odio todo porque me odio a mí mismo; nada nuevo, por desgracia.
INSACIABLE HIJO DE PERRA.
¿Qué quieres, corazón? Me digo, mientras clavo mi pupila verde en tu pupila verde. Dímelo, y dejaré de llorar para perseguirlo con audacia y valentía. Dímelo, y lo dejaré todo. Dime la respuesta y veré el Ser por fin, y dejaré este mundo lleno de sinsentidos que es mi caótica, alienada y sobria existencia. Pero a ti, romanticismo superficial, luz entre las sombras, dejaré de quererte cuando sea feliz.
No sé por qué digo lo que digo.
Las más de las veces, ni lo pienso.
Me he estremecido esta mañana pensando en tus besos.
Tus besos, tus falsos y dulces besos.
Maldita sea la hora en que te conocí.
Porque entonces supe que,
bien podía encontrarme al amor de mi vida,
bien un polvo de baño de discoteca,
bien alguna cosa intermedia,
estaría perdido.
Porque ya no sentiría nada.
"Cuesta hacer hablar al corazón [y con - razón]
Cuando se le ha mandado callar tantas veces".
"Las personas bellas nacen del dolor".
El equilibrio místico, Conri, apréndetelo bien, depende siempre de una pizca de audacia.
Sapere aude.
domingo, 10 de mayo de 2015
Señor, dame fuerzas.
Ay, es que es tan difícil ser creyente cristiano católico en estos tiempos...
¿Cómo satisfacer las necesidades de la sociedad cuando hay tantas cosas que no aparecen en la Biblia?
¿Es bueno mi trabajo de agente de inversiones en la bolsa de Nueva York cuando la especulación inmobiliaria dejó sin casa a tantas almas?
Fui a preguntarle al cura de mi barrio, que le llaman licenciado, y pregunté por estas cosas. Pero las respuestas nunca me satisfacen, sólo las preguntas que abren la experiencia... El lado malo es que también abren la duda, la inseguridad. Hace falta mucha confianza para preguntarse, radicalmente, para cuestionarse. Pero eso mismo fomenta la desconfianza. Es curioso el juego psicológico.
Hay personas creyentes que pretenden imponer su visión del mundo, y eso me irrita.
Hay personas no - creyentes que pretenden imponer su visión del mundo, y eso me irrita.
Hay personas agnósticas que creen haber encontrado una solución racional en el laberíntico mundo de las ideas.
Entonces es ese pensamiento, el de "hay personas, y ya está" el único que satisface la pregunta, pero sólo para abrir más preguntas. ¿Cómo será cada persona? ¿Cómo pensarán antes, y después, y más tarde aún? ¿Soy yo dogmático de mi propia inseguridad? El punto en que la razón se pierde a sí misma ayuda, no obstante, a encontrar la respuesta de que el contenido importa, y no sólo las formas. Lo que pierde a las grandes mentes de la historia de la filosofía es imponer su postura. Pero si no, ¿qué hacemos con las ideas? Contemplarlas es desperdiciar el posible cambio que pudiera hacer en el mundo tanto trabajo sesudo. Pero aún, con todo, el mundo sigue sin la filosofía. No necesita la verdad, porque tiene el dinero. No necesita de la lógica, porque la Tierra sigue girando, indiferente, y las personas copulando, indiferentemente. El ser humano es una fuerza irrefrenable de continuidad de su propia raza.
Debe ser que es domingo
Y no es día para ponerse a pensar en cambiar el mundo
Debe ser que es domingo
Yo también soy ese que sigue viviendo a pesar de los defectos que le veo a la vida. Seguro que nadie ha conseguido comprender todos los fenómenos a su alcance y no salir desencantado. Pocas personas hemos pensado, aunque muchas a mi alrededor, - así que no sé, aunque tengo una muestra sesgada -, en la incoherencia de no querer dañar a nadie y seguir vivos.
Vivir acarrea, a veces - y este a veces es más importante de lo que parece -, dañar. Pero somos seres dinámicos. Somos seres, también a veces, comprensivos. Y abrazamos al que hemos dañado para intentar acercar nuestros corazones y reparar eso que acabamos de romper. Muchas veces juntar los cuerpos, por muy alta que sea la frecuencia y la intensidad, no repara las sensibilidades. Pero lo intentamos. Las tiritas y alfileres aguantan, y si el abrazo es fuerte la herida repara la confianza. ¿O es lo psicológico un sistema tan distinto de lo biológico? El hombre es una anomalía de la Tierra, igual que la razón tergiversada en ideología.
Y volviendo al tema de la confianza, esa palabra tan sustituida últimamente por felicidad. Richie, a quien amo, me parece a veces confiado. Debe ser que vive el hic et nunc, como yo, y frente al desconfiado se yergue confiado. Pero tiene un punto de vista muy mágico sobre el mundo, y es fascinante estar de acuerdo con él.
Seres racionales, seres pasionales. No hay que dejarse etiquetar. Ahí vamos las personas, personas bellas, valientes. Vamos adelante, a destruir, y a veces, a reconstruir.
"Si puedes soportar oír la verdad que has dicho,
tergiversada por villanos para engañar a los necios.
O ver cómo se destruye todo aquello por lo que has dado la vida,
y remangarte para reconstruirlo con herramientas inservibles".
Serás una persona, y mejor, un bellísimo ser.
DIFUNDE Y DENLE AL LIKE
¿Cómo satisfacer las necesidades de la sociedad cuando hay tantas cosas que no aparecen en la Biblia?
¿Es bueno mi trabajo de agente de inversiones en la bolsa de Nueva York cuando la especulación inmobiliaria dejó sin casa a tantas almas?
Fui a preguntarle al cura de mi barrio, que le llaman licenciado, y pregunté por estas cosas. Pero las respuestas nunca me satisfacen, sólo las preguntas que abren la experiencia... El lado malo es que también abren la duda, la inseguridad. Hace falta mucha confianza para preguntarse, radicalmente, para cuestionarse. Pero eso mismo fomenta la desconfianza. Es curioso el juego psicológico.
Hay personas creyentes que pretenden imponer su visión del mundo, y eso me irrita.
Hay personas no - creyentes que pretenden imponer su visión del mundo, y eso me irrita.
Hay personas agnósticas que creen haber encontrado una solución racional en el laberíntico mundo de las ideas.
Entonces es ese pensamiento, el de "hay personas, y ya está" el único que satisface la pregunta, pero sólo para abrir más preguntas. ¿Cómo será cada persona? ¿Cómo pensarán antes, y después, y más tarde aún? ¿Soy yo dogmático de mi propia inseguridad? El punto en que la razón se pierde a sí misma ayuda, no obstante, a encontrar la respuesta de que el contenido importa, y no sólo las formas. Lo que pierde a las grandes mentes de la historia de la filosofía es imponer su postura. Pero si no, ¿qué hacemos con las ideas? Contemplarlas es desperdiciar el posible cambio que pudiera hacer en el mundo tanto trabajo sesudo. Pero aún, con todo, el mundo sigue sin la filosofía. No necesita la verdad, porque tiene el dinero. No necesita de la lógica, porque la Tierra sigue girando, indiferente, y las personas copulando, indiferentemente. El ser humano es una fuerza irrefrenable de continuidad de su propia raza.
Debe ser que es domingo
Y no es día para ponerse a pensar en cambiar el mundo
Debe ser que es domingo
Yo también soy ese que sigue viviendo a pesar de los defectos que le veo a la vida. Seguro que nadie ha conseguido comprender todos los fenómenos a su alcance y no salir desencantado. Pocas personas hemos pensado, aunque muchas a mi alrededor, - así que no sé, aunque tengo una muestra sesgada -, en la incoherencia de no querer dañar a nadie y seguir vivos.
Vivir acarrea, a veces - y este a veces es más importante de lo que parece -, dañar. Pero somos seres dinámicos. Somos seres, también a veces, comprensivos. Y abrazamos al que hemos dañado para intentar acercar nuestros corazones y reparar eso que acabamos de romper. Muchas veces juntar los cuerpos, por muy alta que sea la frecuencia y la intensidad, no repara las sensibilidades. Pero lo intentamos. Las tiritas y alfileres aguantan, y si el abrazo es fuerte la herida repara la confianza. ¿O es lo psicológico un sistema tan distinto de lo biológico? El hombre es una anomalía de la Tierra, igual que la razón tergiversada en ideología.
Y volviendo al tema de la confianza, esa palabra tan sustituida últimamente por felicidad. Richie, a quien amo, me parece a veces confiado. Debe ser que vive el hic et nunc, como yo, y frente al desconfiado se yergue confiado. Pero tiene un punto de vista muy mágico sobre el mundo, y es fascinante estar de acuerdo con él.
Seres racionales, seres pasionales. No hay que dejarse etiquetar. Ahí vamos las personas, personas bellas, valientes. Vamos adelante, a destruir, y a veces, a reconstruir.
"Si puedes soportar oír la verdad que has dicho,
tergiversada por villanos para engañar a los necios.
O ver cómo se destruye todo aquello por lo que has dado la vida,
y remangarte para reconstruirlo con herramientas inservibles".
Serás una persona, y mejor, un bellísimo ser.
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viernes, 8 de mayo de 2015
La diferencia ha muerto. Viva la diferencia.
- Es muy sencillo en realidad. Creo que no se oponen necesariamente. Creo que ambos son puntos de vista que pueden retroalimentar.
[...]
- Mira, tenemos obras de arte que nos inspiran para seguir pensando. Tenemos herramientas de la lógica que nos permiten pensar correctamente. Como filósofos disponemos de todo eso, y sin embargo nuestro orgullo se interpone entre nuestra conciliación de objetivos y medios, de arte y de lógica, de ciencia y de poesía. ¿Cuántas veces los descubrimientos de la ciencia vinieron profetizados por el oráculo de Delfos? ¿Cuántas veces la experiencia subjetiva de la dualidad utilidad - exceso o productividad - derroche improductivo permitió a las mentes pensar con más claridad las ideas? A mi juicio ambas son igual de misteriosas y productivas, aunque algunas más indirectamente que otras.
- Pues llama a una filosofía y a otra arte, y no tendrás problema con ningún pensador. Los postmodernos estarían de acuerdo en llamar a su pensar "arte del discurso" o "arte de la ciencia", estoy seguro. Que contribuya a la filosofía no hace que sea filosofía.
- ¿No ayudan entonces las decisiones vitales, las experiencias subjetivas, irreductibles a conducta, a hacerte crecer como persona, o como filósofo? Por ejemplo, hacerte vegetariano es una decisión vital que retroalimenta tu sentido ético sobre el mundo, tu concepto de justicia/injusticia.
- Lo de irreductible a conducta lo dejaré pasar, y volvemos a lo mismo... También los pimientos te ayudan a hacer filosofía porque te alimentan, y necesitas comer para poder pensar tranquilo y cavalmente.
- Entonces ¿cuál era la crítica? Los postmodernos somos... eso, una especie de fracasados que no hemos entendido la filosofía como debe ser, y por tanto nos dedicamos a pensar de otras maneras, y queremos lograr estados de comprensión absoluta sin utilizar las - para nosotros - tediosas herramientas de la lógica, porque requieren disciplina y praxis en torno al término medio, algo que los postmodernos no poseemos. Por eso nos inventamos términos y les damos un sentido súper importante.
[...]
Y ¿por qué tenemos razones para pensar que tenemos razón? ¿por qué nos ponemos de acuerdo?
- Porque habláis de lo misterioso, y lo innombrable, para acto seguido nombrarlo, con lo cual es normal que tengáis cosas en común, y que parezca que habláis de lo mismo. Es que de hecho habláis de el límite, o lo que se halla más allá del límite de la razón, y una vez que pongas esa traba a la razón, todo lo que queda fuera es, lógicamente, todo lo que queda fuera del sentido común, del mirar hacia adelante.
- Pero ¿no se trata la lógica de criticar los presupuestos? Como diría Wittgenstein, pensáis en pequeño. La filosofía es sapere aude, es pensar, y pensar es algo que cada uno hace a su manera. Es como vivir, es un arte, y también, a veces, una ciencia, claro. Requiere de la herramienta científica para un montón de cosas, incluso para las decisiones vitales. Bueno, me voy del tema.
[...]
Entiendo que no todo el mundo está hecho para la filosofía. Entiendo que haya filosofías mejores que otras, porque todo el mundo puede pensar y opinar pero no todo el mundo puede hacerlo bien. Entiendo que, es posible, digo posible, que nos dediquemos a darle vueltas a un concepto innombrable que en último término es innacesible. Pero también hay una filosofía postmoderna que no critica lo científico. Eso es precisamente algo que se halla muy a menudo en los autores que leo ahora. Hay una crítica al ego. Es muy fácil leer a Derridà y de repente atacar a la ciencia como si fuera una ramera, y que por dos o tres defectos se quiera, se pretenda, hacer estragos en un acceso a la verdad que es investigación pura, empírica, directa al cerebro. Es muy fácil, digo, dejarse llevar por el ego, y creer haber descubierto la verdad reservada a unos pocos. Igual que en poesía se hace mucha referencia a los oprimidos, a los marginados, a los doloridos, los incomprendidos... Y parece que todos nos identificamos aunque a veces seamos opresores y otras oprimidos, aunque a veces no comprendamos a los demás y otras veces seamos nosotros los incomprendidos.
[...]
Lo que hay no son dos bandos, son dos formas de buscar la verdad que vienen de la misma intención. La ciencia puede buscar nuevos objetivos en base al poder predictivo o historiador de la intuición postmoderna. Por ejemplo, una ciencia neutral, sin el freno ideológico de las religiones. Veo bien el neoliberalismo por esto; los que quieran perseguir la verdad se pueden apoyar entre sí, financiarse, y aquellos a los que satisfaga su alma una religión que crean que el Sol gira alrededor de la Tierra, pueden apoyarse entre sí. Una vez que somos realistas y vemos el conflicto inevitable que surge de la convivencia, no nos queda otra que aceptar que, de vez en cuando, el peligro es posible, porque también tienen cabida en la sociedad neoliberal personas ligeramente peligrosas.
- ¿Y por qué no avanzamos todos juntos hacia un estadio de comprensión mutua, de solidaridad intercultural a través de la razón, del sentido común, de la empatía, en lugar de aceptar que siempre va a haber conflicto e intentar separarnos como humanidad?
- Tienes razón. Las ideas unen. Perseguirlas es un fin muy noble. Alcanzarlas ya es otra cosa, pero sí, podría servir. Entonces vas educando poco a poco, y, generación tras generación, la gente se va haciendo más racional y, por tanto, más comprensivas y cordiales cuando surja el conflicto. ¿Qué conflicto queda cuando todos buscamos entendernos? ¿Surgirá algo en torno a lo que haya que ponerse de acuerdo cuando todos estemos de acuerdo? Y entonces, ¿para qué nos relacionaremos? ¿para comprar alimentos, o sexo, o drogas, o para relaciones laborales? ¿Y ya está, la vida es eso? ¿Y quien quiera podrá buscar la verdad cómodamente, sabiendo que estará seguro, vacunado...?
- Es que tampoco en el sentido común se ponen todos de acuerdo; es complicado...
- ¿Somos los postmodernos unos inconformistas radicales, y punto?
- Sí.
- Pero, ¿y lo de "nada hay fuera del texto"? Es precioso descubrir que estamos atrapados por las redes del lenguaje, que sólo podemos pensar en él. Pero sí, somos unos inconformistas... Seguramente tengamos miedo a ser hipsters porque sería demasiado mainstream. Seguramente nos dé miedo ser, en una sociedad en la que ser es ser etiquetado. Seguramente no queramos caer en términos banales por miedo a lo que hago con mi "valioso espíritu", por miedo a utilitarizarnos. Seguramente no queramos hacer daño a una mosca, pero luego en el día a día caigamos en todas las etiquetas más banales. Tenemos miedo a ser banales, y preferimos no ser nada, que es ser todo. Preferimos la muerte de lo superficial antes que ser superficial nosotros mismos. Hablamos de lo más profundo porque no somos profundos, pero queremos experimentar ese acceso a la verdad. Con palabras complicadas, que den sensación de omnicomprensión.
Pero me parece duro, con todo, descartar a Nietzsche, Heidegger. ¡a Bataille, por dios! a Schopenhauer, y al último siglo de filosofía francesa... Así, todo de un plumazo, porque no refiere a nada aquello que dicen... Si, todos ascetas, o drogadictos, o solipsistas, o salidos... Son etiquetas, ¿no? Cayeron en las más banales, ahí lo llevamos.
Sí, es un buen punto. Sigo con Bataille porque creo que los términos con los que refiere a lo real son más los de un profeta que los de un filósofo. Pero la intuición es algo poderosísimo, y que abre tantos caminos a la ciencia como al arte. Si con la intuición no basta para la filosofía, entonces, tendré que llamar a lo mío arte. Y es mi arte, y nunca le aplicaré, quizás, la disciplina suficiente para que genere algo duradero, objetivo, un regalo para la ciencia. Pero la verdad no me interesa tanto como la vida, o como lo que se puede decir, o cuántas formas hay de pensar, que, como diferentes sustancias, te hacen percibir una realidad u otra. ¿O sí me interesa? En realidad, llevo bastantes años en este planeta y siempre sé que he dejado de hacer algo que estaba en mis manos hacer, siempre he pensado que las horas de pereza y de dejadez podrían ser horas de escribir, simplemente, como aquí, para darme cuenta de lo que pienso, que no son sólo palabras desordenadas y lo que pasa todo se guarda, y luego regurgito, y aquí lo suelto. Siempre he pensado que si escribiera todos los días una hora o así, me iría mejor en todo. Me daría cuenta de más cosas. Y ya va siendo hora de que lo haga.
- Bien, muy bien.
- Gracias por la agenda que me regalaste, Cavu. Es un regalo mayor del que podrías imaginar.
- :)
- Entonces, ¿sólo quiero tener una opinión rompedora y hipster, y no quiero la verdad sino la atención? Es que me parece muy ruin que tanta gente haya tirado de cháchara por tener un poco de fama... Pensar con la imaginación, y todas estas cosas... Es que sí que se puede ver un tránsito entre la filosofía canónica, la postmoderna y las ideologías o pseudofilosofías de la gente corriente... Quizás si que somos unos pretenciosos; unos hippies, o hipsters, o violentos... reprimidos y pretenciosos. Pero somos valientes, también. Creo que hace falta valor para hacer lo que hizo bataille. ¿Por qué no puede llamarse filosofía de las pasiones? Yo la voy a llamar así. Luego Foucault y estos me parece que como sociólogos están bien, otra cosa es la validez de la sociología, claro... Al final has de mantener la mente mínimamente cuerda para ver más allá de las relaciones de poder que te impedirán disfrutar de una vida normal. Jeje, normal. Me pasa hasta con mis amigos, tío. Cuando dicen algo normal, caen bajo una crítica postmoderna, y yo me lo callo porque sé que son inconscientes, pero ahí me quedo, afanado en mi rayada intraespeculativa, que si YO tengo un ojo abierto en la conciencia que ellos no, buaf. La verdad es que, más que rompedor o liberador o redifinidor, como pretende ser, resulta más bien triste. Y eso es, todo, triste.
[...]
- Mira, tenemos obras de arte que nos inspiran para seguir pensando. Tenemos herramientas de la lógica que nos permiten pensar correctamente. Como filósofos disponemos de todo eso, y sin embargo nuestro orgullo se interpone entre nuestra conciliación de objetivos y medios, de arte y de lógica, de ciencia y de poesía. ¿Cuántas veces los descubrimientos de la ciencia vinieron profetizados por el oráculo de Delfos? ¿Cuántas veces la experiencia subjetiva de la dualidad utilidad - exceso o productividad - derroche improductivo permitió a las mentes pensar con más claridad las ideas? A mi juicio ambas son igual de misteriosas y productivas, aunque algunas más indirectamente que otras.
- Pues llama a una filosofía y a otra arte, y no tendrás problema con ningún pensador. Los postmodernos estarían de acuerdo en llamar a su pensar "arte del discurso" o "arte de la ciencia", estoy seguro. Que contribuya a la filosofía no hace que sea filosofía.
- ¿No ayudan entonces las decisiones vitales, las experiencias subjetivas, irreductibles a conducta, a hacerte crecer como persona, o como filósofo? Por ejemplo, hacerte vegetariano es una decisión vital que retroalimenta tu sentido ético sobre el mundo, tu concepto de justicia/injusticia.
- Lo de irreductible a conducta lo dejaré pasar, y volvemos a lo mismo... También los pimientos te ayudan a hacer filosofía porque te alimentan, y necesitas comer para poder pensar tranquilo y cavalmente.
- Entonces ¿cuál era la crítica? Los postmodernos somos... eso, una especie de fracasados que no hemos entendido la filosofía como debe ser, y por tanto nos dedicamos a pensar de otras maneras, y queremos lograr estados de comprensión absoluta sin utilizar las - para nosotros - tediosas herramientas de la lógica, porque requieren disciplina y praxis en torno al término medio, algo que los postmodernos no poseemos. Por eso nos inventamos términos y les damos un sentido súper importante.
[...]
Y ¿por qué tenemos razones para pensar que tenemos razón? ¿por qué nos ponemos de acuerdo?
- Porque habláis de lo misterioso, y lo innombrable, para acto seguido nombrarlo, con lo cual es normal que tengáis cosas en común, y que parezca que habláis de lo mismo. Es que de hecho habláis de el límite, o lo que se halla más allá del límite de la razón, y una vez que pongas esa traba a la razón, todo lo que queda fuera es, lógicamente, todo lo que queda fuera del sentido común, del mirar hacia adelante.
- Pero ¿no se trata la lógica de criticar los presupuestos? Como diría Wittgenstein, pensáis en pequeño. La filosofía es sapere aude, es pensar, y pensar es algo que cada uno hace a su manera. Es como vivir, es un arte, y también, a veces, una ciencia, claro. Requiere de la herramienta científica para un montón de cosas, incluso para las decisiones vitales. Bueno, me voy del tema.
[...]
Entiendo que no todo el mundo está hecho para la filosofía. Entiendo que haya filosofías mejores que otras, porque todo el mundo puede pensar y opinar pero no todo el mundo puede hacerlo bien. Entiendo que, es posible, digo posible, que nos dediquemos a darle vueltas a un concepto innombrable que en último término es innacesible. Pero también hay una filosofía postmoderna que no critica lo científico. Eso es precisamente algo que se halla muy a menudo en los autores que leo ahora. Hay una crítica al ego. Es muy fácil leer a Derridà y de repente atacar a la ciencia como si fuera una ramera, y que por dos o tres defectos se quiera, se pretenda, hacer estragos en un acceso a la verdad que es investigación pura, empírica, directa al cerebro. Es muy fácil, digo, dejarse llevar por el ego, y creer haber descubierto la verdad reservada a unos pocos. Igual que en poesía se hace mucha referencia a los oprimidos, a los marginados, a los doloridos, los incomprendidos... Y parece que todos nos identificamos aunque a veces seamos opresores y otras oprimidos, aunque a veces no comprendamos a los demás y otras veces seamos nosotros los incomprendidos.
[...]
Lo que hay no son dos bandos, son dos formas de buscar la verdad que vienen de la misma intención. La ciencia puede buscar nuevos objetivos en base al poder predictivo o historiador de la intuición postmoderna. Por ejemplo, una ciencia neutral, sin el freno ideológico de las religiones. Veo bien el neoliberalismo por esto; los que quieran perseguir la verdad se pueden apoyar entre sí, financiarse, y aquellos a los que satisfaga su alma una religión que crean que el Sol gira alrededor de la Tierra, pueden apoyarse entre sí. Una vez que somos realistas y vemos el conflicto inevitable que surge de la convivencia, no nos queda otra que aceptar que, de vez en cuando, el peligro es posible, porque también tienen cabida en la sociedad neoliberal personas ligeramente peligrosas.
- ¿Y por qué no avanzamos todos juntos hacia un estadio de comprensión mutua, de solidaridad intercultural a través de la razón, del sentido común, de la empatía, en lugar de aceptar que siempre va a haber conflicto e intentar separarnos como humanidad?
- Tienes razón. Las ideas unen. Perseguirlas es un fin muy noble. Alcanzarlas ya es otra cosa, pero sí, podría servir. Entonces vas educando poco a poco, y, generación tras generación, la gente se va haciendo más racional y, por tanto, más comprensivas y cordiales cuando surja el conflicto. ¿Qué conflicto queda cuando todos buscamos entendernos? ¿Surgirá algo en torno a lo que haya que ponerse de acuerdo cuando todos estemos de acuerdo? Y entonces, ¿para qué nos relacionaremos? ¿para comprar alimentos, o sexo, o drogas, o para relaciones laborales? ¿Y ya está, la vida es eso? ¿Y quien quiera podrá buscar la verdad cómodamente, sabiendo que estará seguro, vacunado...?
- Es que tampoco en el sentido común se ponen todos de acuerdo; es complicado...
- ¿Somos los postmodernos unos inconformistas radicales, y punto?
- Sí.
- Pero, ¿y lo de "nada hay fuera del texto"? Es precioso descubrir que estamos atrapados por las redes del lenguaje, que sólo podemos pensar en él. Pero sí, somos unos inconformistas... Seguramente tengamos miedo a ser hipsters porque sería demasiado mainstream. Seguramente nos dé miedo ser, en una sociedad en la que ser es ser etiquetado. Seguramente no queramos caer en términos banales por miedo a lo que hago con mi "valioso espíritu", por miedo a utilitarizarnos. Seguramente no queramos hacer daño a una mosca, pero luego en el día a día caigamos en todas las etiquetas más banales. Tenemos miedo a ser banales, y preferimos no ser nada, que es ser todo. Preferimos la muerte de lo superficial antes que ser superficial nosotros mismos. Hablamos de lo más profundo porque no somos profundos, pero queremos experimentar ese acceso a la verdad. Con palabras complicadas, que den sensación de omnicomprensión.
Pero me parece duro, con todo, descartar a Nietzsche, Heidegger. ¡a Bataille, por dios! a Schopenhauer, y al último siglo de filosofía francesa... Así, todo de un plumazo, porque no refiere a nada aquello que dicen... Si, todos ascetas, o drogadictos, o solipsistas, o salidos... Son etiquetas, ¿no? Cayeron en las más banales, ahí lo llevamos.
Sí, es un buen punto. Sigo con Bataille porque creo que los términos con los que refiere a lo real son más los de un profeta que los de un filósofo. Pero la intuición es algo poderosísimo, y que abre tantos caminos a la ciencia como al arte. Si con la intuición no basta para la filosofía, entonces, tendré que llamar a lo mío arte. Y es mi arte, y nunca le aplicaré, quizás, la disciplina suficiente para que genere algo duradero, objetivo, un regalo para la ciencia. Pero la verdad no me interesa tanto como la vida, o como lo que se puede decir, o cuántas formas hay de pensar, que, como diferentes sustancias, te hacen percibir una realidad u otra. ¿O sí me interesa? En realidad, llevo bastantes años en este planeta y siempre sé que he dejado de hacer algo que estaba en mis manos hacer, siempre he pensado que las horas de pereza y de dejadez podrían ser horas de escribir, simplemente, como aquí, para darme cuenta de lo que pienso, que no son sólo palabras desordenadas y lo que pasa todo se guarda, y luego regurgito, y aquí lo suelto. Siempre he pensado que si escribiera todos los días una hora o así, me iría mejor en todo. Me daría cuenta de más cosas. Y ya va siendo hora de que lo haga.
- Bien, muy bien.
- Gracias por la agenda que me regalaste, Cavu. Es un regalo mayor del que podrías imaginar.
- :)
- Entonces, ¿sólo quiero tener una opinión rompedora y hipster, y no quiero la verdad sino la atención? Es que me parece muy ruin que tanta gente haya tirado de cháchara por tener un poco de fama... Pensar con la imaginación, y todas estas cosas... Es que sí que se puede ver un tránsito entre la filosofía canónica, la postmoderna y las ideologías o pseudofilosofías de la gente corriente... Quizás si que somos unos pretenciosos; unos hippies, o hipsters, o violentos... reprimidos y pretenciosos. Pero somos valientes, también. Creo que hace falta valor para hacer lo que hizo bataille. ¿Por qué no puede llamarse filosofía de las pasiones? Yo la voy a llamar así. Luego Foucault y estos me parece que como sociólogos están bien, otra cosa es la validez de la sociología, claro... Al final has de mantener la mente mínimamente cuerda para ver más allá de las relaciones de poder que te impedirán disfrutar de una vida normal. Jeje, normal. Me pasa hasta con mis amigos, tío. Cuando dicen algo normal, caen bajo una crítica postmoderna, y yo me lo callo porque sé que son inconscientes, pero ahí me quedo, afanado en mi rayada intraespeculativa, que si YO tengo un ojo abierto en la conciencia que ellos no, buaf. La verdad es que, más que rompedor o liberador o redifinidor, como pretende ser, resulta más bien triste. Y eso es, todo, triste.
lunes, 20 de abril de 2015
Ya está aquí otra vez.
El sabor y el saber de los veinticinco. Ya está aquí otra vez. Esa magia. Maldita y bendita sea. Se me pasan las horas volando. Exhausto, vuelvo otra vez a por ese líquido de oro que me extasía y me cura. Anonadado, me hallo con fuerzas, e inteligente. Medio muerto, casi vivo, y todo el día como drogado.
Y vuelve otra vez la cansada dialéctica. No seré yo quien llame. No seré yo quien lo eche a perder. No, otra vez no, nunca más. Desde aquél horrible día tengo el corazón más frío. Interpreto mi personaje, aunque tiene todas las papeletas de enterarse, pues esa es su especialidad.
Sé fuerte, me digo.
Valor, valiente! - me insta Ricardo.
Voluntad y valentía, me dijo bajo otras formas en el crepúsculo de las ideas.
Eres una de las personas más valientes que conozco - me dice mi amor.
Hombres bellos, hombres valientes - me dice ella con su voz perfecta.
Con su voz perfecta. Con su voz. Con su voz. Es tan bonito que casi no lo aguanto. Lo que no aguanto es, claro está, el semblante indiferente ante una persona decente. Ante alguien que me hace sentir así. Así de bien. Y quiero que sea así, sencillo. Condones que permiten la fuga en cualquier momento. Pero esos ojos. No, no quiero que se vayan. Prefiero mi fuga, continua y desconcertante. Miles y miles de veces prefiero eso, antes que tu ausencia, tu huida, tu miedo.
Ya está aquí otra vez la primavera. Y con ella, su superclítoris, su voz femenina. No existen las casualidades; menos aquí. Y yo, mi ego, es el que habla, el que acalla el erotismo de los corazones. El que pone estabilidad por encima de la creación y destrucción desmesurada de pasiones. El que identifica la obsesión y, en un alarde de progreso, la reprime, la inutiliza en base a una práctica con menos sufrimiento y más placer. Si en el fondo somos epicúreos por naturaleza.
Y tendré que guardar las palabras, y escribírtelas en una carta. Tendré que convivir con la eterna efimeridad, porque estaremos siempre juntos. En este universo, en el que el tiempo no es más que una ilusión, tú y yo estamos juntos siempre. Siempre un abril, siempre una primavera. Siempre este año random.
Te ataré a la cama, chispa de mi llama, para que no te aten mis sentimientos.
Y vuelve otra vez la cansada dialéctica. No seré yo quien llame. No seré yo quien lo eche a perder. No, otra vez no, nunca más. Desde aquél horrible día tengo el corazón más frío. Interpreto mi personaje, aunque tiene todas las papeletas de enterarse, pues esa es su especialidad.
Sé fuerte, me digo.
Valor, valiente! - me insta Ricardo.
Voluntad y valentía, me dijo bajo otras formas en el crepúsculo de las ideas.
Eres una de las personas más valientes que conozco - me dice mi amor.
Hombres bellos, hombres valientes - me dice ella con su voz perfecta.
Con su voz perfecta. Con su voz. Con su voz. Es tan bonito que casi no lo aguanto. Lo que no aguanto es, claro está, el semblante indiferente ante una persona decente. Ante alguien que me hace sentir así. Así de bien. Y quiero que sea así, sencillo. Condones que permiten la fuga en cualquier momento. Pero esos ojos. No, no quiero que se vayan. Prefiero mi fuga, continua y desconcertante. Miles y miles de veces prefiero eso, antes que tu ausencia, tu huida, tu miedo.
Ya está aquí otra vez la primavera. Y con ella, su superclítoris, su voz femenina. No existen las casualidades; menos aquí. Y yo, mi ego, es el que habla, el que acalla el erotismo de los corazones. El que pone estabilidad por encima de la creación y destrucción desmesurada de pasiones. El que identifica la obsesión y, en un alarde de progreso, la reprime, la inutiliza en base a una práctica con menos sufrimiento y más placer. Si en el fondo somos epicúreos por naturaleza.
Y tendré que guardar las palabras, y escribírtelas en una carta. Tendré que convivir con la eterna efimeridad, porque estaremos siempre juntos. En este universo, en el que el tiempo no es más que una ilusión, tú y yo estamos juntos siempre. Siempre un abril, siempre una primavera. Siempre este año random.
Te ataré a la cama, chispa de mi llama, para que no te aten mis sentimientos.
lunes, 6 de abril de 2015
The story of my life
Es siempre lo mismo, ¿verdad? Será siempre así, ¿verdad? ¿Qué hago con mi vida? ¿por qué estoy en una constante lucha por mi, yo, ego, mío? No quiero eso. Odio darme cuenta en sociedad de que soy egoísta. Pero ¿por qué no acepto que es un modo más de ser? Odio a los que imponen su postura, no me creo que sea tan gilipollas. Y luego yo mismo no soy capaz de hacerlo. Está bien, intentémoslo. No funciono como una máquina pero al menos la consciencia me deja pensarlo. Al menos durante un corto espacio de tiempo hasta volver a la eterna rutina y hábitos egoístas con los que debería romper, con los que algún día romperé, con los que se que no se perderán nunca...
Odio que los demás me impongan su postura y a la vez deseo fervientemente que a todo aquél que esté seguro de sus ideas, se le relativicen y se le quite esa puta sonrisa de la cara. No quiero ser así. Pero tampoco hago nada para remediarlo. No puedo cambiar mis deseos, sólo su fachada. No quiero tener una fachada falsa. Empiezo a ver cuáles son las contradicciones que llevo dentro de carácter psicológico que no me dejan bien-estar. Empiezo a batallar con mi ego, reprimiendo todas esas manías y pensando NO, un no impulsivo, un no aterrador, animal. Es mi conducta. Como mi conducta es mala, no. Como la mayoría de casos no encaja, No. Y así no funcionamos. ¿disfrazar? Ya estoy harto. Ya no quiero. Quiero ser taaaaaaaaaaaaan guay. ¿Para qué? ¿Qué importa? Y cuando creo que estoy avanzando, es un paso positivo sólo para darme cuenta de que tengo algo negativo que ocupa ese lugar.
Este es el lado malo de la filosofía. Todo lo que hago a los demás me lo estoy haciendo en realidad a mí. El puñetazo que quiero darle a Cavu cuando es demasiado seguro de mí mismo me reprime luego cuando empiezo a confiar en mí. Ahora empezaría a remontar cosas a la infancia. Ahora debería joderme la cabeza y sentir la contradicción que impera en mi vida entre el ego y el alter, y ponerme de acuerdo conmigo mismo con lo que quiero ser. Pero no quiero dejarme llevar por los demás, pero la intersubjetividad conforma lo bueno.
Conré Herráiz.
Las mil y una noches. O cómo el vegetarianismo cambió mi vida.
Ante todo decir, y mucho más importante que las restantes 77 páginas, que no soy vegetariano. Soy un egoísta, y a veces, hasta egocéntrico y megalómano. Por un momento llegué a sentirme la peor persona del planeta por ser carnívoro. Hay argumentos para pensar que es malo comer carne. No hay argumentos para no pensar que no es malo comer carne. El problema es que vivimos en una sociedad horrible donde se ha instaurado la democracia de las ideas. La única idea suprema es respetar las ajenas. Como si todas las ideas fueran iguales. Como si no hubiera mejor que peor. Y no es sólo la sociedad. Es esa intuición fuerte de que el hombre es biología, es un pedazo de carne en el mundo y lo que haga o deje de hacer resulta mucho más importante para sí mismo que para la sociedad, no digamos ya para el mundo ni para el universo. Si quieres comer carne, come. Si quieres pegarle un cabezazo al frigorífico, hazlo. Esto lo decía mi amigo el gaditano porque se había construido su propia identidad fuertísima en base a la cocaína. Pero ahí lo tienes, un tío despreciable.
No desesperes, Aprende a esperar. No porque todo llegará, no lo sabes. Pero desde luego que no llegará si lo quieres ya.
¿Sabes lo que pienso después de un quebradero de cabeza así? Conciencia. Intento de control porque el mismo control vale. El camino, aunque sea a medias, es camino. Merece la pena ser caminados. No porque algo sea incontrolable del todo significa que debamos dejar de caminar. Eres como eres. Cómo vivir no se aprende de nadie.
Odio que los demás me impongan su postura y a la vez deseo fervientemente que a todo aquél que esté seguro de sus ideas, se le relativicen y se le quite esa puta sonrisa de la cara. No quiero ser así. Pero tampoco hago nada para remediarlo. No puedo cambiar mis deseos, sólo su fachada. No quiero tener una fachada falsa. Empiezo a ver cuáles son las contradicciones que llevo dentro de carácter psicológico que no me dejan bien-estar. Empiezo a batallar con mi ego, reprimiendo todas esas manías y pensando NO, un no impulsivo, un no aterrador, animal. Es mi conducta. Como mi conducta es mala, no. Como la mayoría de casos no encaja, No. Y así no funcionamos. ¿disfrazar? Ya estoy harto. Ya no quiero. Quiero ser taaaaaaaaaaaaan guay. ¿Para qué? ¿Qué importa? Y cuando creo que estoy avanzando, es un paso positivo sólo para darme cuenta de que tengo algo negativo que ocupa ese lugar.
Este es el lado malo de la filosofía. Todo lo que hago a los demás me lo estoy haciendo en realidad a mí. El puñetazo que quiero darle a Cavu cuando es demasiado seguro de mí mismo me reprime luego cuando empiezo a confiar en mí. Ahora empezaría a remontar cosas a la infancia. Ahora debería joderme la cabeza y sentir la contradicción que impera en mi vida entre el ego y el alter, y ponerme de acuerdo conmigo mismo con lo que quiero ser. Pero no quiero dejarme llevar por los demás, pero la intersubjetividad conforma lo bueno.
Conré Herráiz.
Las mil y una noches. O cómo el vegetarianismo cambió mi vida.
Ante todo decir, y mucho más importante que las restantes 77 páginas, que no soy vegetariano. Soy un egoísta, y a veces, hasta egocéntrico y megalómano. Por un momento llegué a sentirme la peor persona del planeta por ser carnívoro. Hay argumentos para pensar que es malo comer carne. No hay argumentos para no pensar que no es malo comer carne. El problema es que vivimos en una sociedad horrible donde se ha instaurado la democracia de las ideas. La única idea suprema es respetar las ajenas. Como si todas las ideas fueran iguales. Como si no hubiera mejor que peor. Y no es sólo la sociedad. Es esa intuición fuerte de que el hombre es biología, es un pedazo de carne en el mundo y lo que haga o deje de hacer resulta mucho más importante para sí mismo que para la sociedad, no digamos ya para el mundo ni para el universo. Si quieres comer carne, come. Si quieres pegarle un cabezazo al frigorífico, hazlo. Esto lo decía mi amigo el gaditano porque se había construido su propia identidad fuertísima en base a la cocaína. Pero ahí lo tienes, un tío despreciable.
No desesperes, Aprende a esperar. No porque todo llegará, no lo sabes. Pero desde luego que no llegará si lo quieres ya.
¿Sabes lo que pienso después de un quebradero de cabeza así? Conciencia. Intento de control porque el mismo control vale. El camino, aunque sea a medias, es camino. Merece la pena ser caminados. No porque algo sea incontrolable del todo significa que debamos dejar de caminar. Eres como eres. Cómo vivir no se aprende de nadie.
SP. La felicidad ha muerto. Viva la felicidad.
Si tu es pressé,
...dépasse moi.
¿Y todo lo bello que nace de la frustración casual?
¿Y el disfraz, y el teatro? ¿Y los espacios creados por y para la imaginación?
¿Y el escape para encontrar - se?
Creemos unos propósitos nobles y firmes, masturbémonos con ideas vacías pero bonitas. Será perfecto. Porque justo prohibirá lo que somos, y nos lanzará al vacío y a la angustia. Y para superarla nos hallaremos ante nosotros mismos. Y ahí nos encontraremos.
La gente fotografía las montañas.
Empuja la Torre de Pisa.
Mira la Mona Lisa.
Por deber, más que por otra cosa.
La gente regala las rosas.
Usa las cosas. Caza las osas.
Vende las musas.
La gente pierde el tiempo.
No es malo enfadarse. No hay nada malo en ti. La suerte nos anima a ello, constantemente. Hay que escuchar al azar, que aparentemente no es nada. Las cosas sí que suceden por una razón. La frustración no es nada más que la oportunidad para crear algo mayor, algo que te trasciende. El arte nos trasciende. Cualquiera que se plante frente a una pieza nacida del dolor y sienta otra cosa que no sea ese dolor, está perdido. No, amigo, no te has perdido a ti. No te ha derrotado la noche, ni el trabajo, ni el sistema. Es que no sabes dirigir tus fuerzas hacia donde tienes que dirigirlas.
No le hagas más fotos a las montañas, y sé como ellas. Perseverantes, magníficas, pero fértiles.
Deja la moto de agua para más tarde, quizás nunca.
Y sé como el río. Adáptate, sin cesar de poner atención a cada surco, a cada orilla.
Y no tengas prisa por llegar al mar que, tarde o temprano, todo el mundo alcanzará.
...dépasse moi.
¿Y todo lo bello que nace de la frustración casual?
¿Y el disfraz, y el teatro? ¿Y los espacios creados por y para la imaginación?
¿Y el escape para encontrar - se?
Creemos unos propósitos nobles y firmes, masturbémonos con ideas vacías pero bonitas. Será perfecto. Porque justo prohibirá lo que somos, y nos lanzará al vacío y a la angustia. Y para superarla nos hallaremos ante nosotros mismos. Y ahí nos encontraremos.
La gente fotografía las montañas.
Empuja la Torre de Pisa.
Mira la Mona Lisa.
Por deber, más que por otra cosa.
La gente regala las rosas.
Usa las cosas. Caza las osas.
Vende las musas.
La gente pierde el tiempo.
No es malo enfadarse. No hay nada malo en ti. La suerte nos anima a ello, constantemente. Hay que escuchar al azar, que aparentemente no es nada. Las cosas sí que suceden por una razón. La frustración no es nada más que la oportunidad para crear algo mayor, algo que te trasciende. El arte nos trasciende. Cualquiera que se plante frente a una pieza nacida del dolor y sienta otra cosa que no sea ese dolor, está perdido. No, amigo, no te has perdido a ti. No te ha derrotado la noche, ni el trabajo, ni el sistema. Es que no sabes dirigir tus fuerzas hacia donde tienes que dirigirlas.
No le hagas más fotos a las montañas, y sé como ellas. Perseverantes, magníficas, pero fértiles.
Deja la moto de agua para más tarde, quizás nunca.
Y sé como el río. Adáptate, sin cesar de poner atención a cada surco, a cada orilla.
Y no tengas prisa por llegar al mar que, tarde o temprano, todo el mundo alcanzará.
lunes, 16 de marzo de 2015
Y yo qué pollas sé qué título ponerle a esta entrada.
Venga ansiedad. Venga el dolor. Venga el miedo, el pavor, la angustia y la opresión. Venga el dolor de ser yo mismo, venga la mierda que tenga que soportar mi biotraje. Mi biotraje andaluz, mediterráneo, hedonista, que cubre y oprime una mente epicúrea, o qué se yo. Nada. Vienen cosas, y acontecen sin orden. Fuera de mí parece todo lo que se halla dentro, y dentro de mi no queda nada.
Los sentimientos fuertes se quedaron en el pasado. Ya sentí por todos mis años, ahora tengo que vivir sin sentir para compensar. Qué se yo. Nada.
Venga la ansiedad. No sé qué hacer. Sí, sí que lo sé. Nada. ¿Qué otra cosa podría hacer? Corromperme, estirarme, arrutinarme, agarrotarme los sentidos y los sentimientos. Desaprender. Involucionar. Reciclarme. Tu puta madre. Nada. No quiero hacer nada. Quiero hacer nada. Pero la voluntad no se controla, de dónde vienen los deseos es desconocido. Entonces vengan los deseos, pero vamos a no - posponer. Vamos a responsabilizarnos de lo que somos. Consciencia, valentía. Cuando los deseos de uno son raros, es de valiente llevarlos a cabo. Pero tampoco debería resultarme extraño. La mirada del mundo me inquieta, pero sé que no soy tan raro. Todo es comprensible, si lo ordeno. Y siempre tengo explicaciones. Siempre tengo excusas. A veces me gusta no explicar, o aún peor, explicar al azar, con respuestas absurdas. Preguntas por qué hago lo que yo considero demasiado banal para ser explicado. Me pongo en tus ojos y te lo muestro para que lo comprendas. Pero a veces, ocurre a veces, respondo como si me hubieras ofendido con una pregunta estúpida. Ahí tienes tu respuesta estúpida. Si quieres entenderla, haz el pequeño esfuerzo de salir de tu puta burbuja.
Venga el dolor. Dolor es proceder mal. Orientar mal. Pensar mal. Si todo queda en el ego, en su aceptación y control... queda todo. No sólo lo malo. Eso es un problema. No sólo lo que duele. "Mírale, con sus zapatos", o qué se yo, "con su sonrisa de maniquí de escaparate y su peinado de Ken". Redirijo: "eso eres tú, ¿sabes? Duele porque dueles". Aún peor, puedes decirte: "además pensará que te equivocas. Que estás mal, porque no aparentas como él". Y sabes que tiene tanta razón como tú". Bueno, todo eso puede ser. Puedes seguir en ese círculo vicioso, y no te estarás equivocando: a ver si me entiendes o me entiendo; no te falta razón. Te falta dirección. La recuperas, en fin, cuando la tengas que recuperar. Todo es pasajero, la rueda de Boecio. Todo pasará. Lo malo y lo bueno. No "todo llegará". O sí. Todo lo que tenga que llegar, es obvio; ya ha llegado, de hecho. Pero eso es otra cosa. El punto es, que me pierdo, que ese razonamiento ha de pasar. Hay veces que me centro demasiado en lo malo, y no. Parece que cuando experimento algo bueno siempre es gracias a fuera. Y cuando es malo, es culpa mía. Pero eso es ahora que estoy negativo; realmente no ocurre así. Por tanto, no hay nada malo conmigo.
Deja de cargarte la espalda con tienes ques y debes y has des... Tienes que dejar de cargarte con tienes ques. Maldita sea. Relax and enjoy the show. Enjoy the now - show. Eres artista y espectador. Eres mago y poción, eres mártir y tirano.
No me siento mejor.
...
Bueno, un poco sí.
Los sentimientos fuertes se quedaron en el pasado. Ya sentí por todos mis años, ahora tengo que vivir sin sentir para compensar. Qué se yo. Nada.
Venga la ansiedad. No sé qué hacer. Sí, sí que lo sé. Nada. ¿Qué otra cosa podría hacer? Corromperme, estirarme, arrutinarme, agarrotarme los sentidos y los sentimientos. Desaprender. Involucionar. Reciclarme. Tu puta madre. Nada. No quiero hacer nada. Quiero hacer nada. Pero la voluntad no se controla, de dónde vienen los deseos es desconocido. Entonces vengan los deseos, pero vamos a no - posponer. Vamos a responsabilizarnos de lo que somos. Consciencia, valentía. Cuando los deseos de uno son raros, es de valiente llevarlos a cabo. Pero tampoco debería resultarme extraño. La mirada del mundo me inquieta, pero sé que no soy tan raro. Todo es comprensible, si lo ordeno. Y siempre tengo explicaciones. Siempre tengo excusas. A veces me gusta no explicar, o aún peor, explicar al azar, con respuestas absurdas. Preguntas por qué hago lo que yo considero demasiado banal para ser explicado. Me pongo en tus ojos y te lo muestro para que lo comprendas. Pero a veces, ocurre a veces, respondo como si me hubieras ofendido con una pregunta estúpida. Ahí tienes tu respuesta estúpida. Si quieres entenderla, haz el pequeño esfuerzo de salir de tu puta burbuja.
Venga el dolor. Dolor es proceder mal. Orientar mal. Pensar mal. Si todo queda en el ego, en su aceptación y control... queda todo. No sólo lo malo. Eso es un problema. No sólo lo que duele. "Mírale, con sus zapatos", o qué se yo, "con su sonrisa de maniquí de escaparate y su peinado de Ken". Redirijo: "eso eres tú, ¿sabes? Duele porque dueles". Aún peor, puedes decirte: "además pensará que te equivocas. Que estás mal, porque no aparentas como él". Y sabes que tiene tanta razón como tú". Bueno, todo eso puede ser. Puedes seguir en ese círculo vicioso, y no te estarás equivocando: a ver si me entiendes o me entiendo; no te falta razón. Te falta dirección. La recuperas, en fin, cuando la tengas que recuperar. Todo es pasajero, la rueda de Boecio. Todo pasará. Lo malo y lo bueno. No "todo llegará". O sí. Todo lo que tenga que llegar, es obvio; ya ha llegado, de hecho. Pero eso es otra cosa. El punto es, que me pierdo, que ese razonamiento ha de pasar. Hay veces que me centro demasiado en lo malo, y no. Parece que cuando experimento algo bueno siempre es gracias a fuera. Y cuando es malo, es culpa mía. Pero eso es ahora que estoy negativo; realmente no ocurre así. Por tanto, no hay nada malo conmigo.
Deja de cargarte la espalda con tienes ques y debes y has des... Tienes que dejar de cargarte con tienes ques. Maldita sea. Relax and enjoy the show. Enjoy the now - show. Eres artista y espectador. Eres mago y poción, eres mártir y tirano.
No me siento mejor.
...
Bueno, un poco sí.
domingo, 15 de marzo de 2015
Piensa. Ama. Crece.
Pues en eso estamos.
Un día tras otro, salvo precisos y preciosos momentos de mente en blanco, pienso y pienso. Ahora pienso, por ejemplo, que mi lado racional se desarrolla a un ritmo más rápido que mis emociones. Que racionalmente he llegado a una comprensión más compleja y acertada del mundo, pero que eso no me sirve porque como persona crezco si crezco como conjunto, y una parte mía sigue teniendo, qué sé yo, dieciséis años. Quizás dieciocho.
Esta mañana he pensado una cosa super tocha, pero qué más da. La olvidaré mañana, por otra cosa super tocha. Lo normal es que descubra cosas, y durante varias semanas la gente de mi alrededor saque un tema que la roce, o incluso saque la misma conclusión que yo. Normalmente, pasarán días y días. Es la manera del universo de recibir mi tesis, darle forma, consistencia. Luego se almacena en alguna parte de mi subconsciente, y luego desaparece. Es jodidamente mágico. Tras meses, sostengo una cosa que tiene como punto de partida aquélla tesis, pero ya no recuerdo la tesis en particular, aquélla que me ponía los pelos de punta. Ya no recuerdo nada. Ya no es necesario. Hay otras cosas ahora. ¿Por qué se van? ¿por qué me da pena que se vayan? Mejor, dejar ir, que se vayan.
Esta mañana he pensado una cosa super tocha. Estaba hablando con Ricky en la puerta de la moral. Le cabrea que uno de los cabezaalbercas, muerdesartenes, peinaovejas que escriben libros didácticos para la pedagogía social ortodoxa describa la paz como la responsabilización de los demás. A mí me gustó mucho Ética para Amador, y por supuesto tengo a Ricardo como una auténtica autoridad en lo que refiere a los asuntos de la cabeza y del corazón, cuando éstos colisionan.
"La responsabilidad, ¡no! Ahí empieza la guerra. Imagínate que yo me responsabilizo de ti. Te veo fumando, y te tiro el cigarro al suelo. Y te digo; ¡¿qué haces, Conrado?! ¿No ves que eso da cáncer? Ahí crearía un conflicto". Yo no tengo derecho a imponerte eso".
Comenzamos a debatir durante un tiempo la línea de aquello. Siguió explicándome hasta que todo tuvo bastante sentido, y pensé en aplicarlo a mi vida diaria. Ahora bien, ¿quedará como una tesis que tendré que defender? ¿llegará a formar parte de un pensamiento más complejo?
"Es como lo que hablamos el otro día de la ablación", me dijo. "¿Qué vas a hacer para prohibirlo?". "Claro, ¿qué vas a hacer? ¿poner policías en cada puerta de cada casa?", respondí. "Eso generaría violencia", me afirmó convencido. "La paz no está en responsabilizarse de los demás. Eso es lo que genera guerras".
Cuando uno encuentra el camino hacia Dios y se hace responsable de los demás para que no vayan al infierno, su infierno, eso genera las guerras religiosas. Antonio me diría argumentos para defender el bien frente al mal, porque tendría razones para pensar que algo es mejor que otra cosa. Si lo hace con el vegetarianismo, no digamos ya con la ablación. Pero estaría de acuerdo con los pasmasuegras, zurcefrenillos, cenutrios, y no; esta es la cosa: responsabilízate de ti. No mires hacia la utopía del mundo de ángeles. Crea el mundo ya, ahora, en ti. Acéptate.
Ahora, un poco de in - formación.
Según Epicuro, existen dos clases de deseos: los naturales necesarios, relacionados con la supervivencia; y los naturales no necesarios, que provienen de la cultura, política y vida social. La satisfacción de los deseos es lo que produciría placer, el cual a su vez, para los epicureístas es lo que conduce a la felicidad, sin embargo, existen placeres que son completamente vanos y que conducen a un dolor mayor que el placer inicial, estos placeres producen intranquilidad y deben ser evitados por la razón, ya que alejan de la "ataraxia". La filosofía es una vía hacia la ataraxia, ya que esta es considerada también: «la tranquilidad espiritual propia del sabio que distingue los deseos naturales de los que no lo son y es capaz de alejarse de aquello que es vano».
Pero el camino de la aceptación es duro. Porque se sigue de la conciencia de lo que uno es responsable y de lo que no, y esto es difícil de alcanzar. Hay que actuar lento pero con decisión. Una decisión templada, consciente.
Los autores escornacabras, lloramigas, peinabombillas, afirman que sólo una posición egocéntrica defendería hacerse responsable sólo de uno mismo. Ellos podrían entender que el yo no es sólo yo. El yo está interconectado con el que tienes enfrente, con lo que tienes enfrente. Con lo que tienes más allá, también. ¿Quizás a través del DMT?
Un día tras otro, salvo precisos y preciosos momentos de mente en blanco, pienso y pienso. Ahora pienso, por ejemplo, que mi lado racional se desarrolla a un ritmo más rápido que mis emociones. Que racionalmente he llegado a una comprensión más compleja y acertada del mundo, pero que eso no me sirve porque como persona crezco si crezco como conjunto, y una parte mía sigue teniendo, qué sé yo, dieciséis años. Quizás dieciocho.
Esta mañana he pensado una cosa super tocha, pero qué más da. La olvidaré mañana, por otra cosa super tocha. Lo normal es que descubra cosas, y durante varias semanas la gente de mi alrededor saque un tema que la roce, o incluso saque la misma conclusión que yo. Normalmente, pasarán días y días. Es la manera del universo de recibir mi tesis, darle forma, consistencia. Luego se almacena en alguna parte de mi subconsciente, y luego desaparece. Es jodidamente mágico. Tras meses, sostengo una cosa que tiene como punto de partida aquélla tesis, pero ya no recuerdo la tesis en particular, aquélla que me ponía los pelos de punta. Ya no recuerdo nada. Ya no es necesario. Hay otras cosas ahora. ¿Por qué se van? ¿por qué me da pena que se vayan? Mejor, dejar ir, que se vayan.
Esta mañana he pensado una cosa super tocha. Estaba hablando con Ricky en la puerta de la moral. Le cabrea que uno de los cabezaalbercas, muerdesartenes, peinaovejas que escriben libros didácticos para la pedagogía social ortodoxa describa la paz como la responsabilización de los demás. A mí me gustó mucho Ética para Amador, y por supuesto tengo a Ricardo como una auténtica autoridad en lo que refiere a los asuntos de la cabeza y del corazón, cuando éstos colisionan.
"La responsabilidad, ¡no! Ahí empieza la guerra. Imagínate que yo me responsabilizo de ti. Te veo fumando, y te tiro el cigarro al suelo. Y te digo; ¡¿qué haces, Conrado?! ¿No ves que eso da cáncer? Ahí crearía un conflicto". Yo no tengo derecho a imponerte eso".
Comenzamos a debatir durante un tiempo la línea de aquello. Siguió explicándome hasta que todo tuvo bastante sentido, y pensé en aplicarlo a mi vida diaria. Ahora bien, ¿quedará como una tesis que tendré que defender? ¿llegará a formar parte de un pensamiento más complejo?
"Es como lo que hablamos el otro día de la ablación", me dijo. "¿Qué vas a hacer para prohibirlo?". "Claro, ¿qué vas a hacer? ¿poner policías en cada puerta de cada casa?", respondí. "Eso generaría violencia", me afirmó convencido. "La paz no está en responsabilizarse de los demás. Eso es lo que genera guerras".
Cuando uno encuentra el camino hacia Dios y se hace responsable de los demás para que no vayan al infierno, su infierno, eso genera las guerras religiosas. Antonio me diría argumentos para defender el bien frente al mal, porque tendría razones para pensar que algo es mejor que otra cosa. Si lo hace con el vegetarianismo, no digamos ya con la ablación. Pero estaría de acuerdo con los pasmasuegras, zurcefrenillos, cenutrios, y no; esta es la cosa: responsabilízate de ti. No mires hacia la utopía del mundo de ángeles. Crea el mundo ya, ahora, en ti. Acéptate.
Ahora, un poco de in - formación.
Según Epicuro, existen dos clases de deseos: los naturales necesarios, relacionados con la supervivencia; y los naturales no necesarios, que provienen de la cultura, política y vida social. La satisfacción de los deseos es lo que produciría placer, el cual a su vez, para los epicureístas es lo que conduce a la felicidad, sin embargo, existen placeres que son completamente vanos y que conducen a un dolor mayor que el placer inicial, estos placeres producen intranquilidad y deben ser evitados por la razón, ya que alejan de la "ataraxia". La filosofía es una vía hacia la ataraxia, ya que esta es considerada también: «la tranquilidad espiritual propia del sabio que distingue los deseos naturales de los que no lo son y es capaz de alejarse de aquello que es vano».
Pero el camino de la aceptación es duro. Porque se sigue de la conciencia de lo que uno es responsable y de lo que no, y esto es difícil de alcanzar. Hay que actuar lento pero con decisión. Una decisión templada, consciente.
Los autores escornacabras, lloramigas, peinabombillas, afirman que sólo una posición egocéntrica defendería hacerse responsable sólo de uno mismo. Ellos podrían entender que el yo no es sólo yo. El yo está interconectado con el que tienes enfrente, con lo que tienes enfrente. Con lo que tienes más allá, también. ¿Quizás a través del DMT?
martes, 2 de diciembre de 2014
Verdad como repetición
- La verdad es la repetición natural de una sentencia.
- Pues sí.
- ¿Cómo que sí? Dime que no, o que no lo entiendes, sino esto se acaba demasiado pronto.
- Vale vale, no te pongas así, cuéntame, voy a hacer de tu otro yo.
- Ay, pero no lo llames así, ¡que parece que estoy loco!
- ¿Lo parece?
- ¡Calla, ideputa! Y no mientes más la locura, que es tema escuro y trillado...
- ¡Cómo se nota que lees el Quijote, ¿eh? *sonríe con picardía*
- Sí, bueno, jeje, es un acto de voluntad persistente, y quiero que todo el mundo lo sepa *se sonroja, da botecitos con la cabeza y ríe frenéticamente*
- Bueno, ¿qué coño me ibas a contar, o te ibas a contar, o...?
- ¡Coñó! ¡Es verdad! Mira, es una cosa que se me ocurrió en una situación muy muy graciosa..
- ¿Ibas fumao verdad?
- ¿Te quieres callar?
- Pero si ya lo sé, ¡si soy tú!
- ¡Tú no eres naide! ¿Y si lo sabes, pa qué preguntas? ¡Déjame contar mi maravilloso descubrimiento filosófico!
- Va, va...
- Bueno, pues sigue tal que así...
[...]
La verdad no es más que la repetición. Pero es una repetición diferente de la mentira.
En principio partimos de cómo se produce el conocimiento. Esto ya lo dijo Hegel, y fue años después de leerlo cuando llegué a la conclusión, por lo que deduzco que tardé bastante en entenderlo bien. En el mundo hay subjetividades. Cuando dos cosmovisiones o formas de ver el mundo se enfrentan, tienden a poner lo común. Poner ahí lo común es comunicar el conocimiento sobre el que estamos de acuerdo. Es un principio básico para comunicarnos fluidamente con otro ser humano, que nuestras cosmovisiones no sean muy diferentes, pero entre los dos seres humanos más remotos de la Tierra, entre un señorito sevillano y un indígena de Papúa Nueva Guinea, pueden ¡con todo! entenderse y hacer algo común. Pueden sonreír al mismo sol, pueden señalar objetos y entender que uno le llama piedra y el otro toc. Pueden cocinar algo juntos, compartiendo gustos por la buena comida, e incluso dejar a un tercero atónito con su vestimenta; digamos, a un malagueño.
Además, pueden tener diferencias. Mientras el segnoritus sevillannus común está buenamente acostumbrado a creer en un dios cristiano, personal y, sobre todo, bien vestido, el pappuanus de la tribu de los Vanuatu cree fervientemente en un dios tribal, guerrero y poderoso que se halla en todas las cosas que le rodean. A ambos les puede gustar el fútbol, aunque el sevillano defienda el maravilloso Betis Balompié y el papuano no tenga ni idea de qué alimento sea la Champions League (a veces la comunicación no dá para más).
De modo que cuando uno dice un enunciado sobre el mundo real, como "el sol es bonito", llegan a la conclusión de que eso es verdadero. Cuando dos subjetividades se juntan, construyen el conocimiento repitiendo lo que el otro ha dicho. Cuantas más subjetividades se junten, de mayor calidad será el conocimiento, porque abarca más puntos de vista, oséase, un contexto más amplio. Entre dos personas se pueden poner de acuerdo en que "el sol es bonito", pero cuanto más personas se pongan a pensar sobre el mismo tema, de mayor perduración a lo largo del espacio (en el mismo tiempo) y del tiempo (en el mismo espacio) será el producto. Por ejemplo, a medida que la cantidad de subjetividades aumentase, la sentencia evolucionaría de la siguiente manera.
A (Papuano): "El sol es un dios omnipotente muy bonito que transmite calor y fecundidad a la Tierra"
B (Sevillano): "El sol es un astro precioso que se halla en el centro de nuestro sistema solar"
Síntesis de A y B u Objetividad: "El sol es, y es bonito".
A cuantas más subjetividades metamos en el proceso, mágicamente, surgen, no más verdades, sino de mayor calidad, perduración y validez objetiva y universal. No sólo eso, sino que cada subjetividad se ha empobrecido necesariamente para dar a luz lo objetivo. Es innegable que el conocimiento que poseían antes sobre el mundo ha disminuido en cantidad, porque ahora conocen que lo esencial que une a las subjetividades, aquello que podrían defender hasta la muerte, no es que el sol sea ese dios ni esa preciosidad luminosa, sino que es, al menos, y es bonito. Cada uno deja de lado una creencia porque aquello que repiten entre sí es más acertado que lo que no.
La síntesis de A y B será algo que tanto el papuano como el sevillano estarán dispuestos a defender como verdad. Por tanto constituye otra tesis, como decía Hegel, o mejor, lo común de esas cosmovisiones particulares, aunque para ellos constituye algo intachable. Pero eso tan común, verdadero, objetivo y eterno puede ser tumbado.
Al entrometerse otra subjetividad puede poner en duda el concepto de sol que tenían. Por ejemplo, un teórico del arte podría decir que no está de acuerdo con que el sol sea bonito porque la belleza es relativa a la cultura, y no puede hablarse de la objetividad de la belleza. Por tanto la frase quedaría reducida a "El sol es". Con el tiempo, los grandes observadores de la realidad, los científicos, amparados en los años de acumulación de conocimiento, de cruce de subjetividades y de empobrecimiento de subjetividades, descubrirían que el sol es algo que hemos decidido llamar "estrella", que es un astro de ciertas características, que se halla en el centro de nuestro sistema solar, que se halla a una temperatura altísima porque sino, dada la distancia a la que se halla de la Tierra, sería imposible que nos llegara su calor, etc. Todo esto ha sido el resultado de un proceso de empobrecimiento de subjetividades (culturas en torno al sol como dios, como demonio, como la madre de todo, como una trama publicitaria de McDonald's -sí, la subjetividad de un paranoico también es verdad, aunque sea sólo para él-) en favor de una construcción de objetividades, porque queremos ponernos de acuerdo. Esto es importante: queremos ponernos de acuerdo en qué sea verdad.
El problema es que conforme queremos definir qué sea verdad para unas mentes blanditas como las nuestras, el sentido de verdad hay que despegarlo de lapas como lo verosímil, lo infalible, lo efímeramente verdadero e incluso lo falso. Y aquí entra mi otro punto. La mentira. La mentira es estructuralmente lo mismo que la verdad: la repetición de una cosa. Al papuano le parecía verdad que el sol era un dios omnipotente hasta que se cruzó con el señorito sevillano. Porque en la tribu donde nació le repitieron una y otra y otra vez que eso era así. Pero esto ocurre porque el contexto científico de occidente está más desarrollado que el de Papúa, ya que la cantidad de subjetividades puestas en común para formar conocimiento ha sido mayor a lo largo de su historia que en el caso de los papuanos. El proceso se ve mucho más claro si ponemos en común dos subjetividades del mismo continente; que ya de por sí es difícil poner de acuerdo en sus ideas sobre la realidad, a un europeo mediterráneo con un noreuropeo. Un italiano puede haberse repetido mil y mil veces que lo esencial para conocer el mundo son los sentimientos y los sentidos, y un finlandés puede estar convencido de que lo crucial es la infalibilidad del conocimiento racional. Tras poner en común sus subjetividades, pueden llegar a la conclusión de que la sensibilidad es importante porque sólo a través de ella conocemos la experiencia de la cual sacamos conclusiones racionales, y de que a la inversa, la racionalidad es importante porque con ella podemos abstraernos y predecir qué va a ocurrir en la realidad y por ende, en nuestra sensibilidad. Esto es una negación de sus anteriores cosmovisiones y un enriquecimiento de la durabilidad de su conocimiento.
Ahora bien, ésto no les supone ningún esfuerzo. No es más que pensar, y pensar es "lo menos que se puede hacer con una cosa", "una cosa que casi no parece tal" (O. y G.). Nos es natural sacar estas conclusiones. Sin embargo es un esfuerzo de voluntad tremendo mentirnos a nosotros mismos. Por eso convencernos de cosas que resultan en principio ajenas a la razón es algo que sólo se puede hacer repitiéndonos constantemente que algo es así. Creer en dios es un acto de voluntad porque la razón por sí sóla llega a la conclusión de que hay algo misterioso en el universo, muchas cosas misteriosas de hecho, pero no de que ese algo misterioso es el principio creador y que responde a todas las preguntas. La posibilidad de que dios exista es algo verdadero, pero el creer que sí es un acto volitivo, por eso es creer y no saber que existe. Por eso lo natural es la tendencia a la verdad. Por eso hay algo que llamamos bagaje científico y que aceptamos como nuestro cuando otras generaciones humanas lo han hecho por nosotros, y para nosotros y los que vengan. Porque es más fácil y liviano repetirse una verdad que una mentira. Por eso conforme pasan los años la mente te pesa menos. Sobre todo si no te has empeñado en definir entre los 15-25 qué has sido y qué vas a ser el resto de tu vida. No lo sabes, pero la incertidumbre te mata. Tienes que saberlo. Y como no lo sabes, te esfuerzas en mentirte, en contarte historias de realización personal. Simplemente no lo sabes, entre otras cosas porque no sabes el futuro, y saber esto es natural. Yo no sé qué voy a ser, y eso me deja inquieto, con ganas de moverme todos los días, de hacer cosas, de crear espontáneamente todo tipo de arte y pensamiento. Eso me deja la mente ligera para que pueda concebir cualquier experiencia nueva como tal, y no como una mera repetición de lo mismo, y de lo mismo, y de lo mismo.
- Pues sí.
- ¿Cómo que sí? Dime que no, o que no lo entiendes, sino esto se acaba demasiado pronto.
- Vale vale, no te pongas así, cuéntame, voy a hacer de tu otro yo.
- Ay, pero no lo llames así, ¡que parece que estoy loco!
- ¿Lo parece?
- ¡Calla, ideputa! Y no mientes más la locura, que es tema escuro y trillado...
- ¡Cómo se nota que lees el Quijote, ¿eh? *sonríe con picardía*
- Sí, bueno, jeje, es un acto de voluntad persistente, y quiero que todo el mundo lo sepa *se sonroja, da botecitos con la cabeza y ríe frenéticamente*
- Bueno, ¿qué coño me ibas a contar, o te ibas a contar, o...?
- ¡Coñó! ¡Es verdad! Mira, es una cosa que se me ocurrió en una situación muy muy graciosa..
- ¿Ibas fumao verdad?
- ¿Te quieres callar?
- Pero si ya lo sé, ¡si soy tú!
- ¡Tú no eres naide! ¿Y si lo sabes, pa qué preguntas? ¡Déjame contar mi maravilloso descubrimiento filosófico!
- Va, va...
- Bueno, pues sigue tal que así...
[...]
La verdad no es más que la repetición. Pero es una repetición diferente de la mentira.
En principio partimos de cómo se produce el conocimiento. Esto ya lo dijo Hegel, y fue años después de leerlo cuando llegué a la conclusión, por lo que deduzco que tardé bastante en entenderlo bien. En el mundo hay subjetividades. Cuando dos cosmovisiones o formas de ver el mundo se enfrentan, tienden a poner lo común. Poner ahí lo común es comunicar el conocimiento sobre el que estamos de acuerdo. Es un principio básico para comunicarnos fluidamente con otro ser humano, que nuestras cosmovisiones no sean muy diferentes, pero entre los dos seres humanos más remotos de la Tierra, entre un señorito sevillano y un indígena de Papúa Nueva Guinea, pueden ¡con todo! entenderse y hacer algo común. Pueden sonreír al mismo sol, pueden señalar objetos y entender que uno le llama piedra y el otro toc. Pueden cocinar algo juntos, compartiendo gustos por la buena comida, e incluso dejar a un tercero atónito con su vestimenta; digamos, a un malagueño.
Además, pueden tener diferencias. Mientras el segnoritus sevillannus común está buenamente acostumbrado a creer en un dios cristiano, personal y, sobre todo, bien vestido, el pappuanus de la tribu de los Vanuatu cree fervientemente en un dios tribal, guerrero y poderoso que se halla en todas las cosas que le rodean. A ambos les puede gustar el fútbol, aunque el sevillano defienda el maravilloso Betis Balompié y el papuano no tenga ni idea de qué alimento sea la Champions League (a veces la comunicación no dá para más).
De modo que cuando uno dice un enunciado sobre el mundo real, como "el sol es bonito", llegan a la conclusión de que eso es verdadero. Cuando dos subjetividades se juntan, construyen el conocimiento repitiendo lo que el otro ha dicho. Cuantas más subjetividades se junten, de mayor calidad será el conocimiento, porque abarca más puntos de vista, oséase, un contexto más amplio. Entre dos personas se pueden poner de acuerdo en que "el sol es bonito", pero cuanto más personas se pongan a pensar sobre el mismo tema, de mayor perduración a lo largo del espacio (en el mismo tiempo) y del tiempo (en el mismo espacio) será el producto. Por ejemplo, a medida que la cantidad de subjetividades aumentase, la sentencia evolucionaría de la siguiente manera.
A (Papuano): "El sol es un dios omnipotente muy bonito que transmite calor y fecundidad a la Tierra"
B (Sevillano): "El sol es un astro precioso que se halla en el centro de nuestro sistema solar"
Síntesis de A y B u Objetividad: "El sol es, y es bonito".
A cuantas más subjetividades metamos en el proceso, mágicamente, surgen, no más verdades, sino de mayor calidad, perduración y validez objetiva y universal. No sólo eso, sino que cada subjetividad se ha empobrecido necesariamente para dar a luz lo objetivo. Es innegable que el conocimiento que poseían antes sobre el mundo ha disminuido en cantidad, porque ahora conocen que lo esencial que une a las subjetividades, aquello que podrían defender hasta la muerte, no es que el sol sea ese dios ni esa preciosidad luminosa, sino que es, al menos, y es bonito. Cada uno deja de lado una creencia porque aquello que repiten entre sí es más acertado que lo que no.
La síntesis de A y B será algo que tanto el papuano como el sevillano estarán dispuestos a defender como verdad. Por tanto constituye otra tesis, como decía Hegel, o mejor, lo común de esas cosmovisiones particulares, aunque para ellos constituye algo intachable. Pero eso tan común, verdadero, objetivo y eterno puede ser tumbado.
Al entrometerse otra subjetividad puede poner en duda el concepto de sol que tenían. Por ejemplo, un teórico del arte podría decir que no está de acuerdo con que el sol sea bonito porque la belleza es relativa a la cultura, y no puede hablarse de la objetividad de la belleza. Por tanto la frase quedaría reducida a "El sol es". Con el tiempo, los grandes observadores de la realidad, los científicos, amparados en los años de acumulación de conocimiento, de cruce de subjetividades y de empobrecimiento de subjetividades, descubrirían que el sol es algo que hemos decidido llamar "estrella", que es un astro de ciertas características, que se halla en el centro de nuestro sistema solar, que se halla a una temperatura altísima porque sino, dada la distancia a la que se halla de la Tierra, sería imposible que nos llegara su calor, etc. Todo esto ha sido el resultado de un proceso de empobrecimiento de subjetividades (culturas en torno al sol como dios, como demonio, como la madre de todo, como una trama publicitaria de McDonald's -sí, la subjetividad de un paranoico también es verdad, aunque sea sólo para él-) en favor de una construcción de objetividades, porque queremos ponernos de acuerdo. Esto es importante: queremos ponernos de acuerdo en qué sea verdad.
El problema es que conforme queremos definir qué sea verdad para unas mentes blanditas como las nuestras, el sentido de verdad hay que despegarlo de lapas como lo verosímil, lo infalible, lo efímeramente verdadero e incluso lo falso. Y aquí entra mi otro punto. La mentira. La mentira es estructuralmente lo mismo que la verdad: la repetición de una cosa. Al papuano le parecía verdad que el sol era un dios omnipotente hasta que se cruzó con el señorito sevillano. Porque en la tribu donde nació le repitieron una y otra y otra vez que eso era así. Pero esto ocurre porque el contexto científico de occidente está más desarrollado que el de Papúa, ya que la cantidad de subjetividades puestas en común para formar conocimiento ha sido mayor a lo largo de su historia que en el caso de los papuanos. El proceso se ve mucho más claro si ponemos en común dos subjetividades del mismo continente; que ya de por sí es difícil poner de acuerdo en sus ideas sobre la realidad, a un europeo mediterráneo con un noreuropeo. Un italiano puede haberse repetido mil y mil veces que lo esencial para conocer el mundo son los sentimientos y los sentidos, y un finlandés puede estar convencido de que lo crucial es la infalibilidad del conocimiento racional. Tras poner en común sus subjetividades, pueden llegar a la conclusión de que la sensibilidad es importante porque sólo a través de ella conocemos la experiencia de la cual sacamos conclusiones racionales, y de que a la inversa, la racionalidad es importante porque con ella podemos abstraernos y predecir qué va a ocurrir en la realidad y por ende, en nuestra sensibilidad. Esto es una negación de sus anteriores cosmovisiones y un enriquecimiento de la durabilidad de su conocimiento.
Ahora bien, ésto no les supone ningún esfuerzo. No es más que pensar, y pensar es "lo menos que se puede hacer con una cosa", "una cosa que casi no parece tal" (O. y G.). Nos es natural sacar estas conclusiones. Sin embargo es un esfuerzo de voluntad tremendo mentirnos a nosotros mismos. Por eso convencernos de cosas que resultan en principio ajenas a la razón es algo que sólo se puede hacer repitiéndonos constantemente que algo es así. Creer en dios es un acto de voluntad porque la razón por sí sóla llega a la conclusión de que hay algo misterioso en el universo, muchas cosas misteriosas de hecho, pero no de que ese algo misterioso es el principio creador y que responde a todas las preguntas. La posibilidad de que dios exista es algo verdadero, pero el creer que sí es un acto volitivo, por eso es creer y no saber que existe. Por eso lo natural es la tendencia a la verdad. Por eso hay algo que llamamos bagaje científico y que aceptamos como nuestro cuando otras generaciones humanas lo han hecho por nosotros, y para nosotros y los que vengan. Porque es más fácil y liviano repetirse una verdad que una mentira. Por eso conforme pasan los años la mente te pesa menos. Sobre todo si no te has empeñado en definir entre los 15-25 qué has sido y qué vas a ser el resto de tu vida. No lo sabes, pero la incertidumbre te mata. Tienes que saberlo. Y como no lo sabes, te esfuerzas en mentirte, en contarte historias de realización personal. Simplemente no lo sabes, entre otras cosas porque no sabes el futuro, y saber esto es natural. Yo no sé qué voy a ser, y eso me deja inquieto, con ganas de moverme todos los días, de hacer cosas, de crear espontáneamente todo tipo de arte y pensamiento. Eso me deja la mente ligera para que pueda concebir cualquier experiencia nueva como tal, y no como una mera repetición de lo mismo, y de lo mismo, y de lo mismo.
domingo, 1 de junio de 2014
Creo que nunca he publicado poesía. No voy a empezar ahora.
Te quiero. Y no se porqué, pero te
quiero. Tengo esa sensación de alivio de cuando has terminado de
llorar, pero no he soltado una lágrima en meses, ¿por qué será?
He vivido, olvidado y bebido más allá de lo contado, de lo
acontecido pero jamás he sido arisco, pocas veces he mentido. He
sangrado, ya cansado, tu amor muchas veces. He visto tantas fotos que
me hacen enloquecer, que poco a poco pierdo el hilo de eso que
llamaba yo mi vida y ahora me encuentro, sólo, ante un silencio
vacío que me estremece. / Lo que daba por sentado era que había
nubarrones, pero pensé que se irían cuando le echara cojones.
Cojones, que no se van, que no se quedan, acechan siempre al miedo
cuando menos te lo esperas. Creo que la gente de verdad está en los
bares, en las calles, las paradas de bus, las raves, y cuando yo
estoy ahí metido fusilando al enemigo, cuando estoy perdido entre
mis charcas y mis hilos, tejiendo una vida que ya no pudo ser en
alguna parte, entonces, sueño contigo. Entonces, pierdo el alcance,
de aquel romance que ganó mi cumbre, y perdió su servidumbre, ganó
en alumbre, perdió en tangible realidad, ganó una medallita que no
sirve pa fundir en plata. / Más tarde todo pareció distinto, unas
veces blanco, otras tinto, de bar en bar barría los restos de mis
copas, y buscando alguna loca perdía la sintonía. No hay borracho
sin olvido ni fumeta sin dolor, no pienso que le gente haya perdido
su color, no creo que el amor se haya olvidado, creo que aquello en
que la gente cree, es por lo que ha luchado. Si lo perdiera, si lo
dejara, si lo forzara a ahogarse, a rebelarse en silencio, en mis
entrañas, jodería pues la madre que me parió un día en el mundo y
al verme dijo sí, este va a ser todo lo que yo no pude. / Así me
convertí en la persona que soy, con un pie en cada mundo voy, no
pierdo la fe en que algún día, entre la pereza y la melancolía
encuentre la felicidad, vaga iluminación desde el fondo de mis vidas
anteriores, seguro que las hubo peores, inquisición, guerra santa,
maldición, fogones, ahora voy, a vivir a la ciudad de las artes,
mírame, antes decías que no sería capaz de superarte. / Así me
convertí en la persona que soy, las comparaciones son odiosas, por
eso con mis propios deseos me bato, si acaso acato, de vez en cuando
la voz de la razón para no perderla, pero al rato, me odio a mi
mismo si no paro de obedecerla. / Así me convertí en la persona que
soy, voy, con un hemisferio en cada convoy, uno es el tren a
Feeladelphia, el otro son cowboys, de la lógica, la muerte
cerebral, el día de hoy.
viernes, 11 de abril de 2014
Realmente ilusionado.
Ocurre pocas veces en una corta existencia. Se da como los arcoiris, como esos momentos en que la felicidad invade cada poro de tu piel. Se prepara el terreno para algo mágico, increíble, astronómico. Una alineación de planetas, un cisne negro. Una mirada cruzada desde una punta a otra de la discoteca, abriendo un camino entre la gente como Moisés, una mirada sostenida durante largos minutos, silenciando la música, subiendo la luz, sonriendo con todos los dientes de la boca, respirando tan hondo y tan fuerte que crujía.
Son los pequeños detalles los que te hacen saber que estás en el camino correcto. Son instantes que despiertan la mente dormida, que recuerdas como relámpagos iluminando el momento; pero tan fácil como se imagina uno que puede ocurrir, se lo des - imagina. Pequeñas señales, me refiero, es decir, no las puedo, no las quiero explicar, desmembrar, deconstruir, racionalizar más. Si la nombro, si digo aunque sea sólo una palabra, tendré que decir otra más al instante, y otras muchas, y todas ellas a la par, porque si no, no lograría transmitir el sello con el que la idea se afianza en el espíritu. Esa intuición fortísima que te dice que va a ocurrir, que no está lejos, que la vida es un milagro y está llena de ellos. Que cada instante es dulce, intenso y bravísimo en algún sentido.
Tengo que dar, ahora sí, el 110% y ser todo lo original y bella persona que pueda. Me lo debo y poco a poco lo iba consiguiendo, sé ahora que el camino que sigo es correcto, aunque siempre tiré por varios senderos a la vez para no equivocarme. Ahora tengo que marchar rápido y confiado hacia la cima, porque sólo sacando lo mejor de mí estaré a su altura. Shh, es un secreto, si digo un nombre, puedo gafarlo!
Son los pequeños detalles los que te hacen saber que estás en el camino correcto. Son instantes que despiertan la mente dormida, que recuerdas como relámpagos iluminando el momento; pero tan fácil como se imagina uno que puede ocurrir, se lo des - imagina. Pequeñas señales, me refiero, es decir, no las puedo, no las quiero explicar, desmembrar, deconstruir, racionalizar más. Si la nombro, si digo aunque sea sólo una palabra, tendré que decir otra más al instante, y otras muchas, y todas ellas a la par, porque si no, no lograría transmitir el sello con el que la idea se afianza en el espíritu. Esa intuición fortísima que te dice que va a ocurrir, que no está lejos, que la vida es un milagro y está llena de ellos. Que cada instante es dulce, intenso y bravísimo en algún sentido.
Tengo que dar, ahora sí, el 110% y ser todo lo original y bella persona que pueda. Me lo debo y poco a poco lo iba consiguiendo, sé ahora que el camino que sigo es correcto, aunque siempre tiré por varios senderos a la vez para no equivocarme. Ahora tengo que marchar rápido y confiado hacia la cima, porque sólo sacando lo mejor de mí estaré a su altura. Shh, es un secreto, si digo un nombre, puedo gafarlo!
jueves, 10 de abril de 2014
La inspiración.
Estoy agotado. La rutina, diaria, me vacía. Los desórdenes, apalabradas, se mezclan. Y es por una causa muy sencilla todo esto en realidad.
Maldita sea la estupidez, infinita en el ser humano, que nos ha dejado en este destierro, en este andén abandonado, en este arcén que es la sabiduría práctica. En cuanto buscas algo que se desvíe de lo básica y auténticamente humano, descarrilas. Dejas de apuntar a lo importante y te centras en lo real, en lo causal, material, formal, da igual, final, fatal: madurar hacia lo conformista es cosa de tontos. El mundo que merece la pena es entendido con los sentimientos, intuiciones fuertes y una pizca de razón, pero hay que domar a esta última. Nunca me prometí a mí mismo ser fiel a nada, o ser auténticamente yo, simplemente me perjuré adaptarme para encontrar mi hueco allá donde fuera en esta vida, y eso caduca en cuanto uno se queda en un lugar, cuando uno deja de apuntar alto, cuando ya no importa si un párrafo es más largo que otro, y se cede con el nerviosismo ante todos los pasos que da la inspiración. Es una escritura más amarga porque no estás escribiendo plenamente con todos los sentidos activos. Antes escribir era un orgasmo mezclado con un brote psicótico, ahora es todo un ceda-el-paso a la inspiración. Si viene en verso, versemos, si viene en prosa, paseemos. Recuerdo un momento en que era el amo de mis sentimientos, pero ahora flotan a mi alrededor como moscas esquivas que zumban, burlonas, y la inspiración llega intermitentemente y casi siempre maltrecha. Agotada por el viaje. Agotada porque no me abro. Cada experiencia debe ser máxima, esta norma no sirve. Este es el error. Cada experiencia debe ser, no más: hasta ahí debes saber.
Siempre apuntando lejos, igual que mi hermano. Siempre quise ir a Londres, Berlín, Nueva York... luego a las islas bonitas, a las costas de arenas blancas y las montañas de altos picos nevados... más tarde a países exóticos, capitales que hacen explotar tu cerebro, Hanói, Tokyo, quiero ver hombres, mujeres perdidos, quiero ver el fin de la espiral del vicio en un casino indio, quiero dormir en las calles de Chile durante una semana y despertarme, despegarme la colilla de los labios, dirigirme hacia el mar y, desnudo, renacer en sus aguas. Quiero fumar cosas raras con los chinos, hacer rituales purificadores y violar a la mujer del gran jefe indio. Quiero beberme los licores ancestrales de las tribus perdidas en las páginas del tiempo. Quiero, en definitiva, viajar por el mundo como si viajara por la historia. Pero la vida es puta, e irónica, sobre todo irónica. Y cuando me propuse encontrar todas esas experiencias en Málaga, bueno, ahora encuentro más matices aquí, pero no es lo mismo. Empiezo a pensar que le debo cosas a esta ciudad, que me he criado aquí, que siempre será mi hogar... empiezo a normalizarme, a conformarme, a imaginarme una vida aquí.
Dios, qué asco. Es una putada tener un vínculo emocional con algo que no te conviene, pero al final supongo que eso es el amor. No obstante, ¿acaso no estamos aquí para romper los tópicos, para hacerlo a nuestra manera? Redefinamos el amor, cuyo concepto rococó está pasado de moda. Que le den a la estructura victoriana y a la monogamia. Podemos intentarlo, siempre podemos intentarlo.
Siempre quise apuntar lejos, y ahora que intento contentarme con el hoy, mi cerebro está mucho más silencioso. Ahora que intento pensar en el ahora, en cómo rentabilizar mi tiempo, en ser productivo hoy pensando en un trabajo del mañana... ahora no pasan por mi cerebro mil explosiones confusas. No sé qué hacer porque me dedico a buscar cosas que me inspiren, cuando la inspiración de verdad siempre me había encontrado, siempre supe que respondía a mi llamada espontánea. Esto es mucho más sencillo de lo que parece.
No se trata de buscar para, no se trata de vivir para, olvida que "si me centro en lo que me gusta entonces lo demás irá sólo", y no pruebes a cambiar de estrategia cuando sabes que cualquier estrategia vale si es con confianza. Vale todo con confianza, vale el 100% de tí. Vale que le sueltes a alguien que acabas de conocer, no veas, qué mal me caes, y eso que te acabo de conocer. Debimos ser hermanos en otra vida. ¿Ves? Lo arreglas, pasa con todo. Vales al 100%. Olvida todos los peros, temores... ¿Te gusta esa chica? No tienes que pasar de ella para que venga, no tienes que buscar tu pasión en la vida para que venga por otro lado. Tienes que buscar tu pasión en la vida. Y punto. Si no es lo suficientemente psicópata como para entender que estas cosas trascienden las putas normas sociales, debiste darte cuenta antes de que no era para ti. El miedo a equivocarte y a perderla te hará conformarte con algo mediocre. La conoces, la tienes, está ahí.
El (auto) mensaje, y el completo caos que implica que me haga esto a mí mismo, porque realmente no se ni porqué escribo esto aquí, es muy sencillo. No busques un algo en la vida para otra cosa. Busca las dos cosas. No subyugues, no subordines. En la vida lo que se quiere se persigue, y lo que no, no. Las estrategias de la vida no se plantean como si ella fuera una amante caprichosa, celosa y arbitraria. Tiene sus normas, y no normas en el sentido rígido racionalista, sino que comprenden toda una serie de principios básicos que cada cual descubre a su manera, y que para mí consisten en amar y confiar para adaptarme a todo. Mi única constante es el cambio, pero necesito cambio. Necesito someterme a la adrenalina y la locura que supone realizar todos mis deseos, mis ambiciones, mis impulsos y si desembocan, entonces, en un terrible final, habrá sido algo que, por lo menos, merezca la pena contar.
Maldita sea la estupidez, infinita en el ser humano, que nos ha dejado en este destierro, en este andén abandonado, en este arcén que es la sabiduría práctica. En cuanto buscas algo que se desvíe de lo básica y auténticamente humano, descarrilas. Dejas de apuntar a lo importante y te centras en lo real, en lo causal, material, formal, da igual, final, fatal: madurar hacia lo conformista es cosa de tontos. El mundo que merece la pena es entendido con los sentimientos, intuiciones fuertes y una pizca de razón, pero hay que domar a esta última. Nunca me prometí a mí mismo ser fiel a nada, o ser auténticamente yo, simplemente me perjuré adaptarme para encontrar mi hueco allá donde fuera en esta vida, y eso caduca en cuanto uno se queda en un lugar, cuando uno deja de apuntar alto, cuando ya no importa si un párrafo es más largo que otro, y se cede con el nerviosismo ante todos los pasos que da la inspiración. Es una escritura más amarga porque no estás escribiendo plenamente con todos los sentidos activos. Antes escribir era un orgasmo mezclado con un brote psicótico, ahora es todo un ceda-el-paso a la inspiración. Si viene en verso, versemos, si viene en prosa, paseemos. Recuerdo un momento en que era el amo de mis sentimientos, pero ahora flotan a mi alrededor como moscas esquivas que zumban, burlonas, y la inspiración llega intermitentemente y casi siempre maltrecha. Agotada por el viaje. Agotada porque no me abro. Cada experiencia debe ser máxima, esta norma no sirve. Este es el error. Cada experiencia debe ser, no más: hasta ahí debes saber.
Siempre apuntando lejos, igual que mi hermano. Siempre quise ir a Londres, Berlín, Nueva York... luego a las islas bonitas, a las costas de arenas blancas y las montañas de altos picos nevados... más tarde a países exóticos, capitales que hacen explotar tu cerebro, Hanói, Tokyo, quiero ver hombres, mujeres perdidos, quiero ver el fin de la espiral del vicio en un casino indio, quiero dormir en las calles de Chile durante una semana y despertarme, despegarme la colilla de los labios, dirigirme hacia el mar y, desnudo, renacer en sus aguas. Quiero fumar cosas raras con los chinos, hacer rituales purificadores y violar a la mujer del gran jefe indio. Quiero beberme los licores ancestrales de las tribus perdidas en las páginas del tiempo. Quiero, en definitiva, viajar por el mundo como si viajara por la historia. Pero la vida es puta, e irónica, sobre todo irónica. Y cuando me propuse encontrar todas esas experiencias en Málaga, bueno, ahora encuentro más matices aquí, pero no es lo mismo. Empiezo a pensar que le debo cosas a esta ciudad, que me he criado aquí, que siempre será mi hogar... empiezo a normalizarme, a conformarme, a imaginarme una vida aquí.
Dios, qué asco. Es una putada tener un vínculo emocional con algo que no te conviene, pero al final supongo que eso es el amor. No obstante, ¿acaso no estamos aquí para romper los tópicos, para hacerlo a nuestra manera? Redefinamos el amor, cuyo concepto rococó está pasado de moda. Que le den a la estructura victoriana y a la monogamia. Podemos intentarlo, siempre podemos intentarlo.
Siempre quise apuntar lejos, y ahora que intento contentarme con el hoy, mi cerebro está mucho más silencioso. Ahora que intento pensar en el ahora, en cómo rentabilizar mi tiempo, en ser productivo hoy pensando en un trabajo del mañana... ahora no pasan por mi cerebro mil explosiones confusas. No sé qué hacer porque me dedico a buscar cosas que me inspiren, cuando la inspiración de verdad siempre me había encontrado, siempre supe que respondía a mi llamada espontánea. Esto es mucho más sencillo de lo que parece.
No se trata de buscar para, no se trata de vivir para, olvida que "si me centro en lo que me gusta entonces lo demás irá sólo", y no pruebes a cambiar de estrategia cuando sabes que cualquier estrategia vale si es con confianza. Vale todo con confianza, vale el 100% de tí. Vale que le sueltes a alguien que acabas de conocer, no veas, qué mal me caes, y eso que te acabo de conocer. Debimos ser hermanos en otra vida. ¿Ves? Lo arreglas, pasa con todo. Vales al 100%. Olvida todos los peros, temores... ¿Te gusta esa chica? No tienes que pasar de ella para que venga, no tienes que buscar tu pasión en la vida para que venga por otro lado. Tienes que buscar tu pasión en la vida. Y punto. Si no es lo suficientemente psicópata como para entender que estas cosas trascienden las putas normas sociales, debiste darte cuenta antes de que no era para ti. El miedo a equivocarte y a perderla te hará conformarte con algo mediocre. La conoces, la tienes, está ahí.
El (auto) mensaje, y el completo caos que implica que me haga esto a mí mismo, porque realmente no se ni porqué escribo esto aquí, es muy sencillo. No busques un algo en la vida para otra cosa. Busca las dos cosas. No subyugues, no subordines. En la vida lo que se quiere se persigue, y lo que no, no. Las estrategias de la vida no se plantean como si ella fuera una amante caprichosa, celosa y arbitraria. Tiene sus normas, y no normas en el sentido rígido racionalista, sino que comprenden toda una serie de principios básicos que cada cual descubre a su manera, y que para mí consisten en amar y confiar para adaptarme a todo. Mi única constante es el cambio, pero necesito cambio. Necesito someterme a la adrenalina y la locura que supone realizar todos mis deseos, mis ambiciones, mis impulsos y si desembocan, entonces, en un terrible final, habrá sido algo que, por lo menos, merezca la pena contar.
lunes, 13 de enero de 2014
Magia.
Él sabía que podía con todo. Podía aparecer solo en cualquier rincón del mundo y por duro que fuera salir adelante, podía, como decía Kipling, "ver cómo se destruye todo aquello por lo que has dado la vida, y remangarse para reconstruirlo con herramientas inservibles". Porque creía en la magia.
Durante años y años creció y vivió feliz sin que nadie lo estorbara, pero un día aprendió la palabra magia, y empezó a nombrarla y a teorizarla, a reducirla a teorías de lenguaje no verbal, intuición motriz, empezó a ponerle nombres a todas las cosas y, lo que es peor, a sí mismo. Empezó a hablar de la suerte. Creyó que todo lo que tenía era suerte, y pensó que era un desgraciado porque dependía de la suerte para sobrevivir. Sus amigos se lo recordaban, entre ellos, el que más, su amigo Academicismo, quien le repetía constantemente que si algo le salía bien a la primera era pura suerte. Que la magia, el horóscopo, son cosas de niños, y que existen tipos de conducta que equivalen a tipos de persona, y que si algo no encajaba en el paradigma científico epocal equivalía a una mentira. Pero él sabía que no, que se concentraba mucho y con su intuición lograba meter la primera canasta desde cualquier distancia, porque no tenía que pararse a pensar. Pensar, nombrar, lo estropeaba todo, pensó. Fue la primera vez de muchas que pensó que la estupidez y la felicidad tenían una correlación muy estrecha y preciosa.
Pasaron los meses de lluvia y de sol, de frío y de calor, de soledad y de euforia. Pasaron Hesse y Exupéry, Neuman y Shakespeare, Dostoievsky y Twain. Y lo único que recordaba es que una vez fue feliz, y ya nunca más. Aquel instante de felicidad fue tan intenso que su sólo recuerdo le producía un placer incomparable con la vivencia presente. Es por eso que su mirada siempre estaba en otra parte, sobre todo los domingos y los días de lluvia.
Siguió y siguió y nunca paró, nunca se derrumbó, pero tarde o temprano todo el mundo se derrumba. Nadó en su mierda hasta que se dio cuenta de que era tan inútil como creerse mago. Llegó a pensar que ni el bien ni el mal de esta vida merecen ser hechos, pues ambos son rutinarios, tediosos, monógamos. Hacer los dos es una locura, y hacer ninguno también; es la misma diferencia que hay entre explotar e implosionar. Y ahora más que nunca pensaba en aquel instante de felicidad, recordaba amargamente los años de juventud, éxtasis, euforia, cuando no se movía por el mundo sino que flotaba, cuando no hablaba con personas que juzgan y que materializan o academizan, sino con almas que están en todos los momentos de la historia del universo a la vez. Cuando el único problema era el aburrimiento.
El mundo adquirió un tono grisáceo, su psique se ajustó al esquema de depresión de su época: los políticos son unos corruptos, la sociedad está llena de borregos, no se puede escapar al sistema capitalista, el ser humano es lo peor que le ha pasado al planeta Tierra...
Hasta que recordó esa primera palabra, la magia. No fue su primera palabra, pero fue lo primero acerca de lo que recordó haber reflexionado. Fue la primera vez en su vida en la que se paró, pensó ¿qué es esto? Y se respondió: sólo tiene un nombre; "Magia". La vida tiene duende, se dijo, y ese duende está en el presente. Aprendió a hacer del presente su religión, a vivir cada día como si fuera el último, a combinar las partes más geniales de su persona para hacer de cada momento algo único y extraordinario. Aprendió la filosofía del Tao, del eterno sí nietzscheano, pero no del todo bien. Por desgracia le quedaba por aprender que la depresión no es algo de lo que te puedas zafar sino algo con lo que debes convivir. Como el perro de la depresión, que siempre te acompañará por mucho que lo ignores, y no debes sino aprender a jugar con él, a sonreírle, y que así aprenda él a sonreír contigo.
Durante años y años creció y vivió feliz sin que nadie lo estorbara, pero un día aprendió la palabra magia, y empezó a nombrarla y a teorizarla, a reducirla a teorías de lenguaje no verbal, intuición motriz, empezó a ponerle nombres a todas las cosas y, lo que es peor, a sí mismo. Empezó a hablar de la suerte. Creyó que todo lo que tenía era suerte, y pensó que era un desgraciado porque dependía de la suerte para sobrevivir. Sus amigos se lo recordaban, entre ellos, el que más, su amigo Academicismo, quien le repetía constantemente que si algo le salía bien a la primera era pura suerte. Que la magia, el horóscopo, son cosas de niños, y que existen tipos de conducta que equivalen a tipos de persona, y que si algo no encajaba en el paradigma científico epocal equivalía a una mentira. Pero él sabía que no, que se concentraba mucho y con su intuición lograba meter la primera canasta desde cualquier distancia, porque no tenía que pararse a pensar. Pensar, nombrar, lo estropeaba todo, pensó. Fue la primera vez de muchas que pensó que la estupidez y la felicidad tenían una correlación muy estrecha y preciosa.
Pasaron los meses de lluvia y de sol, de frío y de calor, de soledad y de euforia. Pasaron Hesse y Exupéry, Neuman y Shakespeare, Dostoievsky y Twain. Y lo único que recordaba es que una vez fue feliz, y ya nunca más. Aquel instante de felicidad fue tan intenso que su sólo recuerdo le producía un placer incomparable con la vivencia presente. Es por eso que su mirada siempre estaba en otra parte, sobre todo los domingos y los días de lluvia.
Siguió y siguió y nunca paró, nunca se derrumbó, pero tarde o temprano todo el mundo se derrumba. Nadó en su mierda hasta que se dio cuenta de que era tan inútil como creerse mago. Llegó a pensar que ni el bien ni el mal de esta vida merecen ser hechos, pues ambos son rutinarios, tediosos, monógamos. Hacer los dos es una locura, y hacer ninguno también; es la misma diferencia que hay entre explotar e implosionar. Y ahora más que nunca pensaba en aquel instante de felicidad, recordaba amargamente los años de juventud, éxtasis, euforia, cuando no se movía por el mundo sino que flotaba, cuando no hablaba con personas que juzgan y que materializan o academizan, sino con almas que están en todos los momentos de la historia del universo a la vez. Cuando el único problema era el aburrimiento.
El mundo adquirió un tono grisáceo, su psique se ajustó al esquema de depresión de su época: los políticos son unos corruptos, la sociedad está llena de borregos, no se puede escapar al sistema capitalista, el ser humano es lo peor que le ha pasado al planeta Tierra...
Hasta que recordó esa primera palabra, la magia. No fue su primera palabra, pero fue lo primero acerca de lo que recordó haber reflexionado. Fue la primera vez en su vida en la que se paró, pensó ¿qué es esto? Y se respondió: sólo tiene un nombre; "Magia". La vida tiene duende, se dijo, y ese duende está en el presente. Aprendió a hacer del presente su religión, a vivir cada día como si fuera el último, a combinar las partes más geniales de su persona para hacer de cada momento algo único y extraordinario. Aprendió la filosofía del Tao, del eterno sí nietzscheano, pero no del todo bien. Por desgracia le quedaba por aprender que la depresión no es algo de lo que te puedas zafar sino algo con lo que debes convivir. Como el perro de la depresión, que siempre te acompañará por mucho que lo ignores, y no debes sino aprender a jugar con él, a sonreírle, y que así aprenda él a sonreír contigo.
lunes, 6 de enero de 2014
Kipling - Si... En toda lucha se halla el sentido.
Si puedes mantener la cabeza en su sitio cuando los que te rodean
la han perdido y te culpan a ti.
Si puedes seguir creyendo en ti mismo cuando todos dudan de ti,
pero también aceptar que tengan dudas.
Si puedes esperar y no cansarte de la espera;
o si, siendo engañado, no respondes con engaños,
o si, siendo odiado, no dejas lugar al odio
Y aun así no te las das de bueno ni de sabio.
Si puedes soñar sin que los sueños te dominen;
Si puedes pensar y no hacer de tus pensamientos tu único objetivo;
Si puedes experimentar el triunfo y la derrota,
y tratar a esos dos impostores exactamente igual.
Si puedes soportar oír la verdad que has dicho,
tergiversada por villanos para engañar a los necios.
O ver cómo se destruye todo aquello por lo que has dado la vida,
y remangarte para reconstruirlo con herramientas inservibles.
Si puedes hacer un montón con todas tus ganancias
y arriesgarlas a una sola tirada ;
y perderlas, y empezar de nuevo desde el principio
y no decir ni una palabra sobre tu pérdida.
Si puedes forzar tu corazón, y tus nervios y tendones,
a cumplir con tu deber mucho después de haberlos agotado,
y resistir cuando ya no te queda nada
más que la voluntad de decirles: "¡Resistid!".
Si puedes hablar a las masas y conservar tu virtud.
o caminar junto a reyes, y no perder el buen sentido.
Si ni amigos ni enemigos pueden herirte.
Si todos cuentan contigo, pero ninguno demasiado.
Si puedes llenar el inexorable minuto,
con una trayectoria de sesenta valiosos segundos
Tuya es la Tierra y todo lo que hay en ella,
y lo que es más: ¡serás un Hombre, hijo mío!
la han perdido y te culpan a ti.
Si puedes seguir creyendo en ti mismo cuando todos dudan de ti,
pero también aceptar que tengan dudas.
Si puedes esperar y no cansarte de la espera;
o si, siendo engañado, no respondes con engaños,
o si, siendo odiado, no dejas lugar al odio
Y aun así no te las das de bueno ni de sabio.
Si puedes soñar sin que los sueños te dominen;
Si puedes pensar y no hacer de tus pensamientos tu único objetivo;
Si puedes experimentar el triunfo y la derrota,
y tratar a esos dos impostores exactamente igual.
Si puedes soportar oír la verdad que has dicho,
tergiversada por villanos para engañar a los necios.
O ver cómo se destruye todo aquello por lo que has dado la vida,
y remangarte para reconstruirlo con herramientas inservibles.
Si puedes hacer un montón con todas tus ganancias
y arriesgarlas a una sola tirada ;
y perderlas, y empezar de nuevo desde el principio
y no decir ni una palabra sobre tu pérdida.
Si puedes forzar tu corazón, y tus nervios y tendones,
a cumplir con tu deber mucho después de haberlos agotado,
y resistir cuando ya no te queda nada
más que la voluntad de decirles: "¡Resistid!".
Si puedes hablar a las masas y conservar tu virtud.
o caminar junto a reyes, y no perder el buen sentido.
Si ni amigos ni enemigos pueden herirte.
Si todos cuentan contigo, pero ninguno demasiado.
Si puedes llenar el inexorable minuto,
con una trayectoria de sesenta valiosos segundos
Tuya es la Tierra y todo lo que hay en ella,
y lo que es más: ¡serás un Hombre, hijo mío!
martes, 31 de diciembre de 2013
Por las conversaciones genuinamente filosóficas. El arte como expresión del inconsciente colectivo.
- Creo que la poesía, igual que la música, dice lo que todos pensamos. La filosofía, por el contrario, dice lo que uno piensa, racionalmente. Aunque trate de abarcar algo colectivo, es una expresión en última instancia egoísta. En cambio, otras artes sirven para expresar algo sin necesidad de comprensión. Y por eso son artes libres. Libres de la imposición del ego. ¿Qué piensas tú?
- ¿Quieres decir entonces que las otras artes se expresan de un modo no - racional? ¿Opuesto a la filosofía? Creo que todas las artes son una representación del mundo de quien las crea, y que no se busca con ello que los otros comprendan. La filosofía, en cambio, busca solucionar algo, crear un sistema, digamos Hegel.
- Osea, que piensas justamente al revés que yo! :)
- Jajaja
- Pero Schelling o Heidegger (en realidad Gadamer, que es como el cuarto Heidegger) ven en el arte la nueva filosofía. En la poesía por ejemplo. Y lo ven como expresión subjetiva de algo objetivo. "Hay que interpretar el arte, dice Heidegger.
- Claro, ¿y no es lo mismo expresiones subjetivas de algo objetivo que representación del mundo?
- Pues sí.
- Y ¿estás de acuerdo con Heidegger?
- Él reclama una nueva forma de racionalidad que no deje de lado las artes. Reivindica nuevos modelos de verdad, la verdad del arte, de la historia. Verdades doquiera que haya movimientos dialécticos, en definitiva. Porque la dialéctica es subjetiva - objetiva, es alcanzar la objetividad desde la interacción subjetiva o intersubjetividad. Varias representaciones del mundo, por tanto, harían una cosmovisión compartida, lo que no es otra cosa que una definición de ciencia.
¿Recuerdas la frase de Hegel "comprender es comprenderse"? Creo que hay ámbitos del conocimiento objetivo - científico - académico que nos enseñan lo objetivo y en ellos nos vemos reflejados, e igual pasa con las obras supuestamente subjetivas, como el arte o la poesía. En esa medida hay que buscar la verdad en los dos caminos, no sólo la ciencia te va a enseñar. Así que aunque el arte genuinamente sea expresión de lo subjetivo o interior, luego cada cual lo puede aprehender con su noesis, y muchos experimentarán lo mismo. De ahí su objetividad, porque es una ciencia interpretable por todos. Habla sobre lo humano, igual que la ciencia, en la que todo remite al ser humano al final. Ambas nos enseñan cómo somos, ya sea por dentro, o por fuera, o en relación al universo o a dios. Todo lo que dice la ciencia, podría decirlo antes el arte. Esto lo expresa el adelantado a su tiempo, que exterioriza la esencia humana al poner su esencia en un producto artístico.
- ¿Quieres decir entonces que las otras artes se expresan de un modo no - racional? ¿Opuesto a la filosofía? Creo que todas las artes son una representación del mundo de quien las crea, y que no se busca con ello que los otros comprendan. La filosofía, en cambio, busca solucionar algo, crear un sistema, digamos Hegel.
- Osea, que piensas justamente al revés que yo! :)
- Jajaja
- Pero Schelling o Heidegger (en realidad Gadamer, que es como el cuarto Heidegger) ven en el arte la nueva filosofía. En la poesía por ejemplo. Y lo ven como expresión subjetiva de algo objetivo. "Hay que interpretar el arte, dice Heidegger.
- Claro, ¿y no es lo mismo expresiones subjetivas de algo objetivo que representación del mundo?
- Pues sí.
- Y ¿estás de acuerdo con Heidegger?
- Él reclama una nueva forma de racionalidad que no deje de lado las artes. Reivindica nuevos modelos de verdad, la verdad del arte, de la historia. Verdades doquiera que haya movimientos dialécticos, en definitiva. Porque la dialéctica es subjetiva - objetiva, es alcanzar la objetividad desde la interacción subjetiva o intersubjetividad. Varias representaciones del mundo, por tanto, harían una cosmovisión compartida, lo que no es otra cosa que una definición de ciencia.
¿Recuerdas la frase de Hegel "comprender es comprenderse"? Creo que hay ámbitos del conocimiento objetivo - científico - académico que nos enseñan lo objetivo y en ellos nos vemos reflejados, e igual pasa con las obras supuestamente subjetivas, como el arte o la poesía. En esa medida hay que buscar la verdad en los dos caminos, no sólo la ciencia te va a enseñar. Así que aunque el arte genuinamente sea expresión de lo subjetivo o interior, luego cada cual lo puede aprehender con su noesis, y muchos experimentarán lo mismo. De ahí su objetividad, porque es una ciencia interpretable por todos. Habla sobre lo humano, igual que la ciencia, en la que todo remite al ser humano al final. Ambas nos enseñan cómo somos, ya sea por dentro, o por fuera, o en relación al universo o a dios. Todo lo que dice la ciencia, podría decirlo antes el arte. Esto lo expresa el adelantado a su tiempo, que exterioriza la esencia humana al poner su esencia en un producto artístico.
Feliz año.
Este año he sido feliz, al menos, la mitad del tiempo, y, así a ojo, triste la otra. Triste por mis nervios, mi sospechada bipolaridad, mi hundimiento emocional ante el mundo que me asusta, ante las miradas y cuchicheos ajenos (¡Ese es filósofo! ¡Debe tener un muy bajo concepto de sí mismo!), mi odio hacia mis defectos, mis años sin soltar una lágrima pero dolido interiormente. Vamos, como todos los años: cuando estoy jodido, pues estoy jodido. Pero el título es feliz año porque el balance es positivo, a pesar de mi -cada vez más ligero- equipaje dañado, extraviado, tacitúrnico.
Y si digo feliz año es porque este que se acaba ha sido así. Las razones de ello las he clasificado en tangibles y abstractas: las del primer tipo las enumeraré por respeto a lo que enuncian, pues si se explica o razona demasiado uno tiende a perder la razón, a simplificar demasiado y perder la auténtica perspectiva humana, con toda su riqueza, sobre las cosas. Éstas son Claudia, Álvaro, Gary, Pablo y toda la pandilla de Montpellier, la música que me pasó mi hermano al móvil, y el año de erasmus que ha hecho de mí un ser confiado. En último lugar pondría a Heidegger, que ha estado guay. Pero ahora vamos a lo que importa, a los cuentos, a las historias. Los hechos no hablan, meramente describen. Las historias, en cambio, no documentan, sino que te enriquecen como persona. El lenguaje es la casa del ser. Y mi lenguaje es, o al menos eso pienso, suficientemente completo para mi edad.
Mi 2013 se ha caracterizado por tres cosas. Una es el amor. La capacidad de amar, que desborda la de odiar y la de temer. El amor bien dirigido hacia todo hace la vida más agradable. Y cuanto más das, más puedes dar. Otra es la música. Este año la he mejorado mucho, y ha sido todo gracias a Álvaro, un gran amigo de la erasmus. La última es el deporte. El amor aúna así dos grandes pilares de mi vida, la guitarra y el taekwondo. Y el amor suele materializarse en cada acto diario, y encarnar mis palabras como reflexión anímica cuando escribo, ya sea doliente, sintiente, o viviente.
El amor. "And the more that I give, the more I like to give", cantaba un clochard de Francia. Bueno, tratándose de Francia, uno nunca sabe si se trata de un hippie o simplemente es pobre. Es curioso, a veces me expongo, saco afuera lo que me pasa por el fondo de la cabeza, digo algo más que lo que se suele decir, y la gente suele reaccionar violentamente. En el sentido de no dar una respuesta normal, sino que parece como si hubiera trastocado el ritmo de la conversación, porque ahora la respuesta no es inmediata sino que la gente ha de reflexionar. Han de pensar, bien para vetarme o tacharme de algo, bien para matizar, complementar o acompañar lo que yo digo. Tengo la sensación de que tengo un gran corazón, y cada día doy el 100% por extrovertirlo para cuidarlo y que crezca sano y fuerte. Este año he descubierto eso, y -¿casualidad que sea el 70 aniversario de El Principito?- que on ne voit qu'avec le coeur; l'essentiel est invisible aux yeux. Por lo tanto, hum, no hace falta explicar más, porque no con ello voy a decir más. También esto da que pensar, que mis amigas las palabras son un arma de doble filo, y son también enemigas del corazón en ocasiones puntuales. Pero, aunque a todo se le ponga nombre, hay nombres y nombres, y hay palabras que nombran lo innombrable, aunque sean impronunciables.
La música. Dicen que la voz es una de esas cosas que, bien usada como un instrumento, saliendo del alma y no de la cabeza, nunca decae, y es posible conservar y mejorar exponencialmente hasta ya muy entrado en años. Algo así decía Patrick Rothfuss en Crónica del asesino de reyes, que también ha de ser mencionado en el balance de mi año porque inclina mucho la balanza hacia el lado bueno. Una muy interesante reflexión sobre la música se lleva a cabo en los dos volúmenes publicados hasta ahora. Cómo tras la pérdida de un ser querido, o cualquier experiencia dolorosa -o tras el simple hastío de una media vida localizada, reprimida, con ansias de viajar y volar- la música te cura el alma. Y cómo llevar una canción en el corazón es un how - to - live; son dos cosas que plantea estupendamente el autor.
El deporte. ¿Por qué los españoles tenemos tanta afición futbolística? ¿Acaso es debido a que es usado como disuasión o evasión de la cruda realidad? ¿Acaso gusta sólo porque es una descarga de la ira de la conciencia colectiva? ¿Puede que sea usado como antaño lo fueran las carreras o luchas de gladiadores en el Imperio romano? En cualquier caso, teorías conspiranoicas -o al menos abstractas- aparte, el deporte mueve masas porque la gente ve en los deportistas esa fijeza en su mirada, ese porvenir decidido, esa realización de su destino que todos deseamos. Quiero ser como Beckham, pero sólo hay uno... Es por eso que en él me va la vida, es por eso que si Schumacher entra en coma, nos emocionamos. Y es normal: ellos son capaces de hacer aquello que los mediocres no han sido capaces. Un deportista es como un artista, es alguien que sacrifica su vida por hacer algo que le gusta. Y con el riesgo de practicar tanto que llegue a aborrecer la práctica en cuestión, se lanza sin más equipaje que su valor y su talento, a la aventura de salir del sistema capitalista y conseguir dinero por algo más que obedecer al mercado laboral. Es un osado porque, según lo que nos han contado, no busca una estabilidad económica hecha con el cálculo racional a que estamos acostumbrados. Es como el emprendedor que huele el negocio, y bien puede equivocarse y arruinarse.
Por ello, este fin del año 2013, levantaré mi copa a los músicos, a los deportistas, y a los que hacen de este mundo, con su vivir - amando - hacia - fuera, un lugar mejor.
Y si digo feliz año es porque este que se acaba ha sido así. Las razones de ello las he clasificado en tangibles y abstractas: las del primer tipo las enumeraré por respeto a lo que enuncian, pues si se explica o razona demasiado uno tiende a perder la razón, a simplificar demasiado y perder la auténtica perspectiva humana, con toda su riqueza, sobre las cosas. Éstas son Claudia, Álvaro, Gary, Pablo y toda la pandilla de Montpellier, la música que me pasó mi hermano al móvil, y el año de erasmus que ha hecho de mí un ser confiado. En último lugar pondría a Heidegger, que ha estado guay. Pero ahora vamos a lo que importa, a los cuentos, a las historias. Los hechos no hablan, meramente describen. Las historias, en cambio, no documentan, sino que te enriquecen como persona. El lenguaje es la casa del ser. Y mi lenguaje es, o al menos eso pienso, suficientemente completo para mi edad.
Mi 2013 se ha caracterizado por tres cosas. Una es el amor. La capacidad de amar, que desborda la de odiar y la de temer. El amor bien dirigido hacia todo hace la vida más agradable. Y cuanto más das, más puedes dar. Otra es la música. Este año la he mejorado mucho, y ha sido todo gracias a Álvaro, un gran amigo de la erasmus. La última es el deporte. El amor aúna así dos grandes pilares de mi vida, la guitarra y el taekwondo. Y el amor suele materializarse en cada acto diario, y encarnar mis palabras como reflexión anímica cuando escribo, ya sea doliente, sintiente, o viviente.
El amor. "And the more that I give, the more I like to give", cantaba un clochard de Francia. Bueno, tratándose de Francia, uno nunca sabe si se trata de un hippie o simplemente es pobre. Es curioso, a veces me expongo, saco afuera lo que me pasa por el fondo de la cabeza, digo algo más que lo que se suele decir, y la gente suele reaccionar violentamente. En el sentido de no dar una respuesta normal, sino que parece como si hubiera trastocado el ritmo de la conversación, porque ahora la respuesta no es inmediata sino que la gente ha de reflexionar. Han de pensar, bien para vetarme o tacharme de algo, bien para matizar, complementar o acompañar lo que yo digo. Tengo la sensación de que tengo un gran corazón, y cada día doy el 100% por extrovertirlo para cuidarlo y que crezca sano y fuerte. Este año he descubierto eso, y -¿casualidad que sea el 70 aniversario de El Principito?- que on ne voit qu'avec le coeur; l'essentiel est invisible aux yeux. Por lo tanto, hum, no hace falta explicar más, porque no con ello voy a decir más. También esto da que pensar, que mis amigas las palabras son un arma de doble filo, y son también enemigas del corazón en ocasiones puntuales. Pero, aunque a todo se le ponga nombre, hay nombres y nombres, y hay palabras que nombran lo innombrable, aunque sean impronunciables.
La música. Dicen que la voz es una de esas cosas que, bien usada como un instrumento, saliendo del alma y no de la cabeza, nunca decae, y es posible conservar y mejorar exponencialmente hasta ya muy entrado en años. Algo así decía Patrick Rothfuss en Crónica del asesino de reyes, que también ha de ser mencionado en el balance de mi año porque inclina mucho la balanza hacia el lado bueno. Una muy interesante reflexión sobre la música se lleva a cabo en los dos volúmenes publicados hasta ahora. Cómo tras la pérdida de un ser querido, o cualquier experiencia dolorosa -o tras el simple hastío de una media vida localizada, reprimida, con ansias de viajar y volar- la música te cura el alma. Y cómo llevar una canción en el corazón es un how - to - live; son dos cosas que plantea estupendamente el autor.
El deporte. ¿Por qué los españoles tenemos tanta afición futbolística? ¿Acaso es debido a que es usado como disuasión o evasión de la cruda realidad? ¿Acaso gusta sólo porque es una descarga de la ira de la conciencia colectiva? ¿Puede que sea usado como antaño lo fueran las carreras o luchas de gladiadores en el Imperio romano? En cualquier caso, teorías conspiranoicas -o al menos abstractas- aparte, el deporte mueve masas porque la gente ve en los deportistas esa fijeza en su mirada, ese porvenir decidido, esa realización de su destino que todos deseamos. Quiero ser como Beckham, pero sólo hay uno... Es por eso que en él me va la vida, es por eso que si Schumacher entra en coma, nos emocionamos. Y es normal: ellos son capaces de hacer aquello que los mediocres no han sido capaces. Un deportista es como un artista, es alguien que sacrifica su vida por hacer algo que le gusta. Y con el riesgo de practicar tanto que llegue a aborrecer la práctica en cuestión, se lanza sin más equipaje que su valor y su talento, a la aventura de salir del sistema capitalista y conseguir dinero por algo más que obedecer al mercado laboral. Es un osado porque, según lo que nos han contado, no busca una estabilidad económica hecha con el cálculo racional a que estamos acostumbrados. Es como el emprendedor que huele el negocio, y bien puede equivocarse y arruinarse.
Por ello, este fin del año 2013, levantaré mi copa a los músicos, a los deportistas, y a los que hacen de este mundo, con su vivir - amando - hacia - fuera, un lugar mejor.
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